El fotógrafo Alvaro Hoppe logró captar el momento: arriba de un escenario se encontraba la militante comunista Gladys Marín, y abrazándola, como una vedette o un ave llena de plumas rojas empinada en tacoaltos, estaba Pedro Lemebel, quien con la boca estirada como trompa la besa en los labios. Esa es la portada de “Mi amiga Gladys”, el libro póstumo del autor, que rescata pasajes de la estrecha amistad que los unió.

Las 11 crónicas que integran este volumen, publicadas en distintos medios entre 1999 y 2007, son el resultado de una selección de material que el autor comenzó el 2012, tras terminar su libro “Háblame de amores”, que aborda su relación con distintas mujeres que admiraba. Ahí, la figura de su amiga aparecía con tanta fuerza, que se le hizo necesario dedicar un libro completo a su memoria, luego de que el cáncer terminara con su vida el año 2005, sin poder anticipar que no lograría terminar del todo la recopilación, pues la misma enfermedad terminó con su vida diez años después de que Marín dejara el mundo.

A propósito de este volumen de relatos, El Desconcierto ahondó en la historia de amor y complicidad que desarrollaron dos personajes que, tomadas del brazo y con la carcajada lista, se encargaron de desordenar el Chile de la transición, el Chile que trataba de que todo pasara desapercibido en medio del consenso gris.

La alegre rebeldía y la rabia marica

Mujer y comunista, dos palabras que, en pleno 2016, siguen sacando ronchas. Así era Gladys Marín, y así se encarga de retratarla Pedro Lemebel, quien a su vez generaba una incomodidad parecida al declararse pobre, maricón y comunista en un país dominado por hombres estirados.

En “Mi amiga Gladys”, el escritor Juan Pablo Sutherland aparece en algunas imágenes tomando el brazo de Marín, mientras que por el lado izquierdo la sostiene con fuerza Pedro Lemebel. Sutherland cuenta que Pedro y Gladys se habían topado en más de una ocasión, pero que en los años ’90 descubrieron su complicidad. Mientras ella emergía de la clandestinidad que la había tenido por años moviéndose con sigilo, Pedro comenzaba a llenar sus crónicas de un discurso inconfundiblemente político. “Con ‘La esquina de mi corazón’ y ‘De perlas y cicatrices’ arma un vínculo más directo, y le hace un gesto muy potente a la izquierda”, explica, al contar cómo cree que esos caminos se juntaron.

“Ellos potencian el imaginario homosexual con el imaginario político de la izquierda. Eso es muy importante, porque era inédito que el PC y su cultura política tuvieran un vínculo con el mundo homosexual, eran muy duros con sus propios militantes. Gladys y Pedro mostraron que era necesario que esas ideas estuvieran juntas”, reflexiona Sutherland.

Marín adoraba a Lemebel. Eso se nota en cada una de las crónicas, especialmente cuando el autor demuestra cuánto le hace falta, lo que se incrementó tras la muerte de su madre Violeta. Pero más allá de ese amor particular, la que en algún momento fue candidata a la presidencia llevó a todos los espacios de su militancia la idea de que la diversidad sexual no tenía que ser un tema solo de respeto o aceptación: era una parte fundamental de los lineamientos políticos, por eso el año 1999 incluyó la diversidad en su programa presidencial, expulsando de su vida militante la homofobia que por años había estado instalada en las filas de su partido.

Uno de sus encuentros públicos más entrañables es el que cierra el libro y precisamente, el momento en donde nace su amistad. En plena campaña presidencial, fue invitada a “Cancionero”, el programa radial que conducía Pedro en Radio Tierra, extinta emisora feminista, donde “la diva de la Jota” -como el escritor se refería a la militante comunista-, entre muchas cosas, se refirió al tema: “Yo no persigo a ningún ser humano en la tierra y los homosexuales, lesbianas y transgénero, todos son solo seres humanos y como tales se tienen que asumir (…) Que en una época en el partido, como tú dices, estaban ahí ocultos, sin poder darse a conocer, y se salieron algunos, yo lo lamento mucho, mucho”.

Por esa misma cercanía, el año 2000 Marín fue la única persona del mundo político que aceptó la invitación de los grupos de diversidad sexual y asistió a una marcha por el orgullo gay. “Convocamos a muchos personajes políticos, muchos de la antigua Concertación, pero todos nos ignoraron, menos Gladys, que como fue la única que llegó, encabezó conmigo y Pedro la marcha”, recuerda Sutherland. Aunque recuerda que fueron criticados por marchar frente a una figura tan política en un movimiento en donde algunos sectores hasta el día de hoy tratan de desmarcarse de esas luchas, Juan Pablo habla de ese momento con mucho orgullo.

foto: Armando Gajardo

Foto: Armando Gajardo

“Eran cómplices, se notaba eso”, explica el fotógrafo Álvaro Hoppe al referirse a lo que él pudo ver en ambos cuando tomó la foto que adorna la portada del libro. Amigo de Pedro y compañero en medios como Página Abierta y La Nación Domingo, recuerda que a Gladys solo la vio así, en entrevistas, actos y conferencias. Pero pudo captar ese beso, una muestra que grafica el cariño enorme que se guardaban, y que llevó a Pedro a pensar en que tenía que dedicar un libro completo a su historia junto a Gladys Marín. “Es un libro de amor, Pedro siempre decía que tenía amores y ella fue uno de los más grandes”, cuenta.

Al referirse a los orígenes del libro, Sutherland cuenta que cuando Pedro comenzó a pensar la idea, pensó en incluir líneas escritas por amigos de ambos. No sabe qué pasó con esa idea finalmente.

Dentro de la conversación, el escritor recuerda varias de las anécdotas que “Mi amiga Gladys” saca a la luz, como el momento en que Pedro fue invitado al programa “De Pe a Pá” y al finalizar la conversación con Pedro Carcuro, Lemebel dijo: “quiero recordar a todas las mujeres torturadas y detenidas en dictadura, en el nombre de tu hermana Carmen Carcuro”. Los pormenores de esa historia, que incluye la presencia de Gladys en el público para darle ánimos al momento del homenaje y el robo de unos zapatos, son la esencia del texto que edita Seix Barral.

Para Juan Pablo, esta amistad no solo dejó cariño en este mundo,sino que también rindió frutos políticos. “Es importante porque encarnó la capacidad y la ética necesaria para pensar la política desde otro lugar, desde una vitalidad y esa mirada rabiosa y crítica que tenía Pedro, dándole una mirada rabiosa, marica y popular”, cuenta. Esa misma mirada que contrastaría en su opinión con la forma en que se sitúan hoy algunos sectores del movimiento homosexual actual, mucho más funcional, buscando más que transformar la sociedad, adaptar las leyes. Lo grafica explicando que él junto a Pedro y otras personas marchaban el año 2011, mientras otros grupos, como la Fundación Iguales, se encontraban en La Moneda con Piñera firmando el AVP, el Acuerdo de Vida en Pareja.

Cuando Álvaro Hoppe habla de las fotografías, se refiere también al contexto. A todo lo que no logró entrar en el cuadro, y también a todos los factores que hicieron posible esa imagen. Por eso, explica que esa historia no podría haber transcurrido en los ’70, bajo la sombra de la dictadura.

Por eso “Mi amiga Gladys” son crónicas de una amistad y de una historia profundamente vinculada a su contexto. “Es un libro que le hace bien a la memoria del país y al universo crítico y político homosexual”, concluye Sutherland.

Mi amiga Gladys
Pedro Lemebel
Editorial Seix Barral
99 páginas
2016