El joven abogado sale con una amplia sonrisa del tribunal luego de ganar el caso. Camina a paso firme con su traje Dior y sus zapatos Hugo Boss. Su jefe, un anciano vestido tan elegante como él, le hace señas con la mano para que se acercase. Lo recibe con una felicidad indiscutible y tras darle un fuerte apretón de manos lo presenta frente a un comité de viejos abogados como su futuro sucesor en la empresa. Aquellas palabras sorprenden al joven abogado y expresa su alegría con una tímida risita entre dientes, los ancianos de cuello y corbata lo felicitan por el caso ganado, y es que era un caso realmente complicado, tanto así, que muchos expertos prefirieron no tomarlo por miedo a poner en riesgo sus reputaciones.

El joven abogado consiguió que su cliente, Antonio Santillana, quedase en libertad y con firma mensual tras haber sido acusado de asesinato y violación a una joven de quince años. Existían tres pruebas que involucraban de manera directa a Antonio como el culpable, pero el joven abogado con sus artimañas de abogado logró demostrar que no existían realmente pruebas concretas que pudiesen provocar que su cliente fuese encarcelado. Lo que en realidad convertía este caso en un total lío es que Antonio Santillana sí fue quien violó y asesinó a la pequeña de quince años Josefina Teillier, y esto el joven abogado lo sabía, al igual que su jefe, el comité de ancianos abogados y todos los que en algún momento rechazaron el caso. Es común que a algunos abogados se les haga complicado defender a mal nacidos como Santillana, pero “así es el rubro” solía decir el joven abogado.

Luego de charlar un rato con el comité de ancianos, petulantes y demacrados abogados, el joven decide retirarse a descansar a su hogar. Se despide de su jefe y el resto de los presentes con un simple gesto de mano y una gran sonrisa. Apenas se voltea para caminar hacia su auto el rostro del joven abogado cambia drásticamente su expresión, ya no refleja alegría y emoción sino rabia y asco. Todo el recorrido hacia su casa mantiene aquella expresión, decide colocar la radio un momento y mientras suena de fondo la voz de una chica que anuncia el clima para el día siguiente, el joven abogado piensa en lo hipócrita que es su vida, recuerda aquella sonrisa falsa al salir del tribunal junto con las risitas piadosas frente al grupo de bastardos inmorales y ladrones que lo felicitaban por conseguir la libertad de alguien que mató y violó a una pequeña que podría ser hija de alguno de ellos, pero claro, como no lo es significa un buen trabajo. Al llegar a su casa el joven abogado deja su costoso maletín de cuero (lleno de mentiras) en la entrada, luego mientras camina por el pasillo en dirección a su habitación, sin expresión alguna en el rostro, se va desprendiendo de su traje Dior y sus zapatos Hugo Boss, cuando se encuentra totalmente desnudo toma asiento frente a un pequeño escritorio que tiene un cuadernillo abierto junto a un lápiz. El joven abogado cierra los ojos y repite diez veces “mi nombre es Carlos Gonzales y soy escritor, mi nombre es Carlos Gonzales y soy escritor, mi nombre es Carlos Gonzales y soy escritor…” luego de la décima repetición toma el lápiz y comienza a escribir, y así se pasa toda la noche, desnudo, escribiendo, y recordándose a sí mismo quien es realmente.

Al dar las ocho de la mañana, entra a la ducha, se limpia de toda culpa y cargo de conciencia, se ajusta el traje Dior y los zapatos Hugo Boss, toma su costoso maletín de cuero firmemente y al cerrar la puerta de su casa deja atrás a Carlos Gonzales el escritor y el joven abogado sale decidido a defender a un traficante de drogas.

Portada del libro

Sobre el autor: Eduardo Venegas Prado, 19 años, vive en El Paico, El Monte. Santiago, Región Metropolitana. Es estudiante de primer año de Derecho en la Universidad Alberto Hurtado y es aficionado a la lectura y escritura. Este es su primer libro publicado, pero antes escribió un par de columnas de opinión para El Desconcierto y también colaboró en una antología poética realizada por una editorial de Valparaiso en honor a Exequiel Borbarán y Diego Guzmán. Fue uno de los ganadores de un concurso de poesía realizado por la editorial independiente Carbonada Ediciones en memoria de Jorge Teillier: Ha obtenido menciones honrosas en concursos literarios, el último fue en uno realizado en la Universidad Alberto Hurtado, donde el cuento con el que participé ahora se encuentra incluido en mi libro.