Hay que decir adiós a los eufemismos para referirse a Fidel, hay que escribir con la historia de los marginados del mundo.

Se debería escribir con caña de azúcar, con la materialidad de las circunstancias, con los surcos geográficos de la isla y con su ilimitada reputación. Con la espiritualidad genealógica de la Sierra Maestra.

Fue un constructor de trascendencias que sitúo a la isla como un símbolo del socialismo. Tanto fue así que sobrevivió a la sorprendente fragilidad de los estados de la Unión Soviética y Europa del Este.

Ejemplificadoramente una nación latinoamericana demostró la simbiosis  entre revolución y pueblo, logro una identidad social y política no basada en la ignorancia sino basada en la convicción. Realzo un sentido nacional con profunda identidad en la base social.

Desde la histórica Campaña de Alfabetización, en 1961, hasta posicionar a Cuba como un país con una educación de alta calidad. Desarrollo las potencialidades posibles en el bienestar social de los cubanos, como ha dicho Silvio Rodríguez “fuimos lo que nos dejaron ser”. Las dificultades fueron un cálculo permanente, las agresiones se transformaron en política del Estado norteamericano, y por definición el Estado cubano vivió en un “estado de guerra”, esto tiene diversas implicancias respecto a las libertades públicas, es un tema de racionalidad estratégica, y esto puede tener una polémica discusión, pero es la noción que se somatiza proestatalmente con un “estado de excepción permanente”.

Fue un líder político, pero a la vez fue un estratega, un estadista, su profundidad posee claves epocales para la historia de la humanidad.

Fidel supo encarnar e interpretar a Martí, inaugurando algo que se volvió una cierta tradición en América Latina. Entendió como nadie el sentido nacional y regional de las luchas sociales. Fidel se fundió en Martí y a ratos intencionalmente hablo su habla, sitúo su historia, y elogió su carácter, encarno conscientemente una continuidad histórica. Dejo un espacio simbólico imborrable en la historia de Cuba, se fundió en su historia social como el arquitecto de un proyecto revolucionario de sociedad.

Entendió a cabalidad el carácter histórico de los símbolos nacionales y a través de su retórica elocuente instaló un discurso latinoamericano, instaló nuestra habla y nuestros problemas a nivel planetario. Recordemos sus discursos a propósito de la deuda externa de los países latinoamericanos, nadie interpreto mejor el sentido de la calle y el ciudadano común, para Fidel había una continuidad humana, donde otros no veían las conexiones.

No había establishment en su forma de enfrentar la comunicacionalidad de la política, este es un eje muy vertebral, porque él siguió siendo guerrillero en el foco de su historia, jamás dejo ese atuendo, jamás dejo esa subjetividad comprensiva, y esto le aseguro una autenticidad más clara que todas las marcas de los mercados del mundo.

Actúo y pensó dialécticamente la política, sus mapas cognitivos entendieron a cabalidad el eje de las contradicciones mundiales. Su claridad abismante tiene una comparación ineludible con Lenin, uno de sus padres ideológicos. Desentraño la clave política de las apariencias engañosas del populismo y el poder, eso le dio un margen de adelantamiento en la escena mundial.

Su “chaleco moral” fue más fuerte y prestigioso que el imperio, el reconocimiento internacional se instaló como un “reconocimiento de estado”, y trascendió a un reconocimiento como “identidad cultural”. La isla se conoció en todo las latitudes.

De allí la estatura de estratega, si tuviéramos que hacer una comparación histórica en la proeza simbólica de enfrentar a un imperio, quizás su talla está con Aníbal Barca, el general cartaginés que derroto a los romanos en los años doscientos antes de Cristo.

Si bien Fidel no intento derrotar a USA en una invasión al imperio,  si lo derroto en la invasión de Bahía Cochinos y Angola, y más profundo aún lo derroto políticamente porque rompió el aislamiento a pesar del bloqueo y posiciono a Cuba en el concierto mundial, incluso a pesar de la caída de los llamados socialismos reales. Y esto lo hizo en las barbas del imperio, y sus elefantes fueron la moralidad del internacionalismo cubano.

Cuba como ninguna otra nación elevo el altruismo a la categoría de política internacional, no sólo en Angola sino en las misiones medicas por todo el mundo. Se involucró en los diversos procesos revolucionarios en América Latina, en la última revolución triunfante del siglo XX, la nicaragüense, apoyo a los sandinistas antes y después del triunfo del 79. La tierra de Martí se comprometía con la tierra de Sandino.

Con Chile, no sólo recibió a una cantidad importante de refugiados, formo oficiales que después cumplieron misiones internacionalistas. Se jugó en la internación de armas en Carrizal Bajo, para enfrentar a la dictadura genocida del General Pinochet.

A pesar de todos los intentos de asesinato (de más de 600 se habla) logró infiltrar la CIA, su escasez de medios siempre lo hizo pensar antes, mucho antes, desde la primera oleada de cubanos que abandonaron Cuba infiltró los movimientos anticastristas en Miami, y fue rastreando al enemigo en su propia casa, lo aprendió a conocer con el halito del tiempo, lo descifro cada día.

Se desarrollaron doctorados sobre EEUU de alta especialización en la Universidad de la Habana, y se desarrolló una de las diplomacias más expertas del mundo. Un licenciado en derecho diplomático, un abogado que se doctoro en derecho civil, un personaje altamente capaz.

El articulaba en su mirada, inteligencia, investigación, seriedad y sacrificio. Tenía una visión completa de los aspectos de Cuba, siempre fue un minucioso desde la guerrilla, integraba la preocupación por los detalles con los objetivos estratégicos. Eso le permitió diseñar siempre los caminos de la resistencia del tercer mundo, desde ahí desarrollo su liderazgo mundial.

Frei Betto en una entrevista muy honesta reparaba en la particular importancia que Fidel le daba a las cosas, a los detalles. Y eso lo mezclaba con la capacidad de una sencillez en el análisis, sabía entender a los seres humanos, entendía su esencia, era capaz de motivar hasta la emoción, conocía la hebra de la composición humana.

Y posiciono a Cuba con méritos sociales en la educación y en la medicina, los deportes, la cultura y  el medioambiente. Se preocupó doctamente de cada aspecto, la agricultura y sus cultivos, los adelantos en biotecnología y el tratamiento de enfermedades, siempre busco crear ventajas comparativas a pesar del bloqueo que vivió la isla hasta el día de hoy.

Si evaluáramos los daños que ha causado el bloqueo a la isla entenderíamos que se constituye en una política exterior de agresión directa, parece una costumbre decirlo, pero es una política de violación de los derechos humanos de miles de cubanos. Y en términos de los reconocimientos históricos del derecho internacional  es una trasgresión del legítimo derecho a la autodeterminación de los pueblos.

Con gran certeza se mantuvo un partido único, y no se hicieron elecciones democrático burguesas. Esto fue relevante,  el no aceptar injerencias, era de una necesidad fundamental e ineludible, ninguna visión geopolítica seria puede aceptar lo contrario, se trata de un asunto de Estado, de una definición estratégica ante la agresión.

Las circunstancias materiales de las contradicciones definen las posiciones, y no el idealismo político liberal y/o neoliberal donde la democracia no existe, o es altamente imperfecta.

Fidel creo sus oportunidades en política, su persistencia e inteligencia lograron transformarlo en una figura del ethos mundial. Su correcta interpretación de la lucha de clases le permitió entender en su visita a Chile, bajo el gobierno de la Unidad Popular, que el golpe venía galopando como un fantasma que se haría evidente, eso lo compartió con el presidente Allende.

Fidel fue en vida un comunista que reflejo el otro sensible de los “incontados” de los “excluidos” en el mundo, fue el diseñador de un estado cubano y de su comunidad cultural como nación, es un icono de la Revolución en el siglo XX, y de las profundas preguntas sobre su posibilidades en el siglo XXI, no sólo en Cuba sino en el mundo.

Fidel vivirá mucho tiempo más, seguramente con las nuevas generaciones se volverá un mito ineludible sobre las luchas revolucionarias, animará tendencias, y programas, será material de inspiraciones para las luchas sociales que se están librando y de las que están por venir.


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