Hace unos meses cesó el Taller de Cine para Niños que desde 1985 la maestra Alicia Vega (1931), investigadora experta en apreciación cinematográfica, realizó en múltiples poblaciones obreras del país, el cual permitió a seis mil niñas y niños marginados conocer la esencia del lenguaje del cine y descubrir su libertad en una experiencia humana colectiva. Una extraordinaria labor pedagógica y social reconocida tanto en Chile como en otros países del mundo.

Para contar su experiencia, el próximo 12 de enero la investigadora se encontrará con toda la comunidad penquista en un diálogo abierto en el Auditorio de la Universidad de Concepción, , a las 17:30 horas, como Invitada de Honor al primer ciclo testimonial de apreciación artística y memoria colectiva “Activa tu presente con memoria”. La siguiente entrevista recoge su opinión crítica y reflexiones sobre diversos temas que caracterizan la situación del país hoy, en una democracia que ha mantenido el nivel de pobreza de la dictadura cívico militar, pero al mismo tiempo, ve crecer fuerzas sociales nuevas.

-Luego de tres décadas de trabajo en tantas poblaciones a lo largo de Chile ¿Cuál es la mirada que usted tiene del país actualmente?
-Yo creo que el país sigue francamente dividido entre ricos y pobres; y que los pobres han mantenido su condición con niveles de mucha dificultad. La experiencia que voy teniendo cada año en distintas poblaciones marginales es ver que la gente sufre mucho en el silencio, son muchas las privaciones que tienen. Los trabajos en realidad no son trabajos, son subempleos, cuando la gente habla de estar trabajando en realidad está usando una palabra que internacionalmente suena muy bien, pero en realidad esas personas están realizando tareas mínimas por un salario mínimo y hay muchos que ni siquiera tiene un salario estable, sino que van trabajando según lo que hacen al día. Eso le sucede a una gran cantidad de gente, la mayoría de Chile, lo cual a mí me provoca una tristeza enorme porque van siendo golpeados sin ninguna defensa los niños. Ellos no comprenden por qué sus padres no les pueden dar una alimentación mejor, no pueden darles un tiempo para recrearse con ellos y sus madres no los pueden llevar en el momento en que están enfermos al hospital, sino que tienen que esperar hasta que el sistema público les dé fecha para poder atenderlos. Son cosas incomprensibles para un niño, pero ellos las están viviendo y las están sufriendo.

-¿Algún recuerdo decidor que refleje esa realidad?
-Cuando hice los primeros talleres de cine en los años ochenta, dirigía ciclos en el Goethe Institute, donde mucha gente asistía, más de trescientas personas a la semana, y en una oportunidad invité a cinco muchachos monitores que me ayudaron entonces en el primer taller del año ’85, en una población marginal de Renca, al norte de Santiago. Entonces ellos fueron al Goethe, vieron la película que yo presentaba, pero luego, antes de que terminara, me llamó la atención que los cinco desde el fondo de la sala me hicieron señas despidiéndose, se levantaron y se fueron. Luego en la semana, cuando volví a la población a hacer el taller, les pregunté por qué se habían retirado antes de tiempo tan rápido, me explicaron que ellos no tenía plata y para pagar el pasaje del bus, que se tenían que ir a pie hasta la población. En los años ochenta era un nivel de pobreza tal, de no tener el dinero para movilizarse. Hoy día, ese nivel de pobreza se ve en que la gente, hoy más desinhibida que antes, simplemente se sube al Transantiago y nadie paga, pero la razón es la misma, no tienen el dinero. Eso es lo que yo encuentro que se ha mantenido en Chile. Hoy la gente sigue manteniendo esos niveles de pobreza que no se comentan, que no se ven.

-Bajo el actual sistema económico que padece el país, ¿cuál cree usted que es la mayor afección de la sociedad chilena?
-Hoy existe algo mucho más perverso, y es que todos tienen televisión. Entonces los niños pueden darse cuenta exactamente de todo lo que hay para vivir feliz, las vacaciones donde se puede ir, lo que pueden comer, lo que se puede vestir, los muebles que puede haber en una casa, cosas que nunca podrá tocar ni tener. Y con las tarjetas de crédito las familias se van endeudando por cosas inútiles, sin tener consciencia que eso es una nueva esclavitud aún más fuerte que la anterior. Es una sociedad que va estrujando hasta lo último de la persona humana, que está destruyendo la identidad a las personas. Por eso es que a mí me interesa tanto trabajar con los niños, durante el tiempo en el que se realizó el taller fueron seis mil niños a quienes se les ha abierto un mundo, se les desarrolló su identidad, niños a los que se les ha contado que no tiene por qué ser rico para ser feliz, que teniendo lo mínimo puede vivir, puede desarrollarse y puede ser una persona limpia, aceptada en un grupo de interés que él tenga. Eso lo hemos desarrollado firmemente en los niños, elevar su autoestima en el mismo medio en el que ellos viven, mejorando sus propias herramientas para que pueda tener una vida digna con lo que cada uno de ellos es.

-Y en ese escenario difícil que en vez de ir disminuyendo, aún recuperada la democracia, ha aumentado, ¿cuál es el rol del arte como transformador social?
-Yo creo que es una vía de reflexión que permite una libertad interior, a través de la cual los niños pueden desarrollarse a su propia costa, sin que nadie intervenga allí. La condición del país no les puede quitar la cultura que ellos van adquiriendo personalmente, no les puede quitar la sensibilidad que tienen. El arte tiene el poder de agrandarles el mundo, potenciar la fuerza interior que ellos tienen para poder resistir la crudeza de la vida. Creo que alguien que tiene desarrollada la capacidad de apreciación artística está mucho más preparada para sentirse persona, para sentirse que vale la pena, que es libre y respetado.

-Sobre todo en espacios sociales históricamente maltratados
-Sí. Muchas veces los niños de las poblaciones se encuentran en un núcleo familiar que está muy dañado porque el padre es alcohólico o se droga o está preso o enfermo, entonces el niño no tiene un lugar donde se sienta acogido y protegido, sino todo lo contrario. En ese sentido lo que se exige para que esto sea un trabajo verdadero es ser constante con lo que uno promete a los niños y va a cumplir. No sólo tener una onda de ir a las poblaciones a acompañar de vez en cuando con una guitarra y bebidas a los niños, decir nos vemos el sábado y después no volver más. Lo que nosotros hicimos en el taller fue decirles niños durante veinte sábados nos reuniremos en la capilla de la población y desde hoy y hasta el final aprenderemos cine juntos, decirles ‘niños, estamos felices porque entre todos hicimos un taller que está terminando ahora y nunca fallamos, llovió, hubo temblor, fueron las vacaciones de invierno, pero ustedes igual vinieron y aquí estamos ahora’. Eso significa para un niño que yo lo estoy respetando a él y a su grupo familiar, porque la mamá podía ir a la feria a comprar mientras el niño estaba en el taller, entonces tenía tres horas de disposición libre para ella porque el niño el día sábado no va a la escuela.

-El taller también tuvo alcances en las familias entonces. ¿Cómo recuerda esa experiencia?
-Fue un aporte del taller al grupo familiar e importante en un lugar donde las reglas y los límites al interior de la familia no existen debido a la pobreza. La familia al interior de la población no tiene proyectos, no tiene planes. Nadie puede decir vamos a hacer esto el fin de semana, porque el fin de semana nadie sabe si tendrá trabajo o no, la mayoría son coleros que venden cosas en la calle, sin siquiera tener un sitio para ello. En ese contexto el niño siempre está a lo que venga, vive al día, sin límites porque cada uno hace lo que puede. En cambio, en el taller hay un tiempo para cada cosa, para llegar, para inscribirse, para hacer el trabajo, para el recreo, un tiempo para ver la película. Y todo eso les causa una fascinación enorme porque les da seguridad y crea un vínculo que en la población no tienen.

Mujeres, fuerza social y memoria colectiva

-Como gestora y desde un enfoque de género, ¿cómo ve la situación de la mujer y su participación en la vida hoy?
-Es mucho más preponderante y lo encuentro fantástico, es algo que se ha despertado desde la igualdad hombre y mujer en el tiempo, con la lucha por los salarios, la diferencia de la mujer casada con la soltera, el voto femenino, el acceso a la universidad, todo eso ha ido significando la lucha de muchas mujeres de no hace mucho tiempo atrás, recién un siglo y medio, que con trabajo material y lágrimas de personas gracias a ello hoy logramos más avances. Es muy bueno que la gente nueva vaya tomando esas postas y haga el trabajo que le corresponde en el tiempo en el que está viviendo. Y en eso la memoria significa que uno no está solo haciendo las cosas por primera vez, sino que va tomando lo que había antes de uno, lo aumenta, y sabe que cuando ya no esté, otro tomará su trabajo y seguirá perfeccionándolo. Eso tiene mayor sentido cuando se le dice a un niño, cuando le decimos usted ahora es niño, pero va a crecer y cuando usted crezca tendrá todo este abanico de cosas por hacer. Eso vale lo mismo para el hombre que para la mujer, creo que uno no tiene que insistir en la competencia, que es muy útil que los niños vayan entendiendo que los dos sexos se complementan y que son distintos justamente porque cada uno perfecciona al otro y que eso es muy importante. En la medida en que una sea bien mujer y él sea bien hombre, la categoría pierde importancia. Incluso hay sociólogos que han hablado que el ser humano es la familia, que ya no es un hombre ni una mujer, sino que somos el núcleo que se une y constituye familia.

-Y sobre las fuerzas sociales jóvenes, ¿qué opina, por ejemplo, de la reciente elección de Jorge Sharp en Valparaíso?
-Yo lo encuentro maravilloso, lo que ha pasado en Valparaíso es absolutamente delirante de alegría, estamos felices con eso. Yo creo que a la gente de todas las edades le ha causado esto la expectación máxima de la salvación que le puede llegar a Chile. Yo creo en los jóvenes y creo que si ellos mantienen las cosas en que creen hoy, el país se va ir para arriba. El problema está en cuando se educan muy bien, van a la universidad y se van a dar vueltas a la población, pero después entran a trabajar, se especializan, ganan dinero, se compran una segunda vivienda, viajan y chao los pobres. Los come el poder, los come el dinero y las comodidades. Cuando una persona tiene poder quiere más y para eso no hay límites, siempre habrá más. Entonces eso obstruye el desarrollo normal de una persona en el sentido de asumirse como una parte de la sociedad, porque uno no es solo en el mundo, uno es una parte de un grupo, uno responde por uno y por lo que hace por los otros, porque a la vez se está recibiendo de los otros también y gracias a eso se puede crecer. Por eso desde luego es muy bueno oír este mensaje de la boca de una persona como Sharp que tiene treinta años, que es profesional y que tiene claro un mensaje que cuando está bien planteado, contagia.

-¿Qué ha significado para usted el lenguaje del cine, especialmente del documental, para la historia del país?
-Para mí tiene dos aspectos. El deleite que causa la belleza y la profundidad de lo que expresa. Eso puede ser distinto en cada realizador y por eso es tan variado. Actualmente existe la posibilidad de que uno pueda seguir y elegir dentro de un amplio abanico de propuestas. Eso es bien importante porque van despertando una necesidad de hacer y ver cine chileno en una época además en que la tecnología ha permitido que un realizador no haga una película cada cinco años como antes, sino que hoy pueda hacer tres películas al año, produciéndose con ello un mayor acceso a la realización formal. En Chile debemos agradecerle al documental que nos haya dejado testimonio de situaciones que han sido clave en el desarrollo del país. Hay imágenes del crecimiento desde mil novecientos que son imágenes patrimoniales de cómo lo pasaba la clase alta con sus trajes en el Club Hípico, en las carreras de Viña donde había un esplendor totalmente europeo y contrastar esa imágenes con otras de la misma época que muestra la situación totalmente distinta del pueblo en los conventillos que son terroríficas, situación que luego se supera y podemos ver eso en los documentales maravillosos al interior de las escuelas femeninas en las que las mujeres aparecen aprendiendo oficios para ser independientes o los jóvenes aprendiendo técnicas, podemos ver cómo todo era ordenado y cómo el gobierno les estaba dando una posibilidad mayor a sus vidas a través de la educación, o ver a los movimientos obreros o gremios también, todo un desarrollo social que podemos por nosotros mismo, con nuestros propios ojos cómo el pueblo fue adquiriendo un desarrollo mayor y formándose las sociedad. Luego, todas las imágenes que tenemos de la dictadura que son realmente inimaginables si uno no las viera.

-En esa línea de espíritu colectivo, ¿cuál cree usted que es la importancia de cultivar la memoria colectiva?
-Parto diciendo que se conserva a través de la oralidad. Pero cuando llega la fotografía en el siglo diecinueve pudo ser captada tanto por la gente que leían como por quienes no leían, ya que la imagen permite a ambos darse cuenta exactamente de lo mismo, anulando así la diferencia entre un letrado y un iletrado. Eso fue maravilloso para la comprensión de hechos fundamentales y definitivos de la historia de la sociedad humana. Entonces todas las matanzas enormes que han ocurrido, de miles de personas en Chile que han sido maltratadas por el gobierno o por desastres naturales, son recordadas por estas imágenes. Eso es muy potente. Existe, entonces, con la memoria la posibilidad de que todos contemos con una buena información con la que podemos y debemos reconstruir nuestra historia, no sólo por lo que ocurrió, sino porque lo que eso nos puede servir para vivir nosotros el momento actual. Es decir, si uno ve las imágenes de gente que murió por protestar en una huelga en Santa María en el norte, sepamos entonces que es un Derecho el exigir un horario normal para un obrero. En ese momento quienes sobrevivieron estaban dos días después trabajando. Hoy, algo así sería inaceptable pero porque se ha producido entre todos una educación para la memoria cívica a la cual contribuimos transmitiendo estas memorias sanamente a los niños, en colectivo. Eso es seguir creciendo y exactamente, esa transmisión de memoria colectiva debe darse en todas partes, caminando en la calle, al interior de una casa, conversando como lo hacemos las dos ahora, en todas partes. Entonces es muy importante que las personas seamos claras en nuestros testimonios.

Educación artística

Foto: Captura de Cien Niños Esperando un Tren

Foto: Captura de Cien Niños Esperando un Tren

-Desde su experiencia de taller artístico en sectores marginados, ¿cuál cree usted que es la importancia de incorporar al arte en la educación?
-Permitir a un niño el descubrir que existe otro mundo donde sí hay un lugar que lo acoge tal y como es, aun siendo pobre y desprotegido. Eso transformó al Taller de Cine en un nido muy significativo para él, aunque uno no le pueda dar billetes o una libreta de ahorros, porque educar a un niño significa darle otras cosas para su vida espiritual. También ha sido muy importante en los talleres recuperarle al niño su capacidad de ver la imagen del cine en un grupo, junto a otros, porque habitualmente la única imagen que conoce es la de la televisión, pequeña e interrumpida por la gente que pasa frente a ella o porque viene los avisos, entonces nunca ha visto una obra tal como la hizo el director, que tiene un principio y un fin dentro de un tiempo determinado, con un ritmo y las posibilidades de crecimiento de una acción dentro de la historia y tener una emoción sobre ello.

-Y vivir con ello la experiencia colectiva en una sociedad profundamente individualista.
-Claro, entonces pueden manifestarse también en algo que es bien importante, porque justamente el grupo entero en determinado momento se ríe o con una escena están todos llorando, se produce una impresión nueva el vivir en conjunto momentos que a ellos les interesan y eso es como un ejercicio de darse cuenta que hay otros a su lado, unidos por algo externo a ellos, pero que los mantiene hermanados, todos conmovidos por lo mismo. En vez de decirles ‘niños sean buenos entre ustedes preocúpense el uno del otro’ se les hace experimentar una situación en la que no hay nada que decirles, ellos saben lo que es un grupo, haber estados todos conmovidos por lo mismo. Entonces esa experiencia comunitaria y colectiva, pero vivida personalmente, es más válida e inolvidable que todos los sermones que se le puedan dar.

-La educación artística se torna imprescindible en lo que vive y plantea usted. ¿Cuáles son los aportes de ésta en el desarrollo de una persona?
-Claro, porque es una manera también de no ser discriminado. La escuela separa a los niños entre los inteligentes y los tontos, hay un mayor interés entre los más inteligentes que son los que van entendiendo todo mientras los más tontos van quedando rezagados porque no siguen la materia que se les va imponiendo. Un niño falsamente se autoclasifica de tonto si no le va bien en matemáticas y castellano, entonces el arte lo que hace es decirle que hay otras posibilidades y a lo mejor el más inteligente del curso no tiene la sensibilidad que tú sí tienes, o tu capacidad para inventarte un caballo o poner un árbol, el niño va descubriendo de repente que no es tan tonto, que puede ir subiendo en esa escala y eso le causa una alegría enorme. Eso también va civilizando a los que son más mateos del curso en darse cuenta que ellos no tiene habilidades como los otros, los va dulcificando, haciendo entender que el ser humano tiene varias aristas que desarrollar y eso va limando cosas. En los talleres artísticos se ve la capacidad de los niños de ser puros, de ser capaces de admirar a otro por algo que hizo. Y eso es inolvidable, pero hay que descubrirlo a lo largo de un proceso en el que los profesores y el arte son fundamentales.