–“Al frente los que gritaban y se apegaban a las ventanas para respirar entre las celosías de metal, se desmayaban de a poco por la inhalación de los gases y caían con sus cuerpos sobre los de sus compañeros. Ahí estaban el Henry, el Ampolleta, el Ale, el Jorgito, el Churreja. Los últimos dos habían tenido hace unas horas una pequeña discusión porque el Churreja, sin pedir permiso, había prestado un equipo de música, propiedad del Jorgito, al Ricky de la pieza sur. 

Dentro del baño sur los internos se pisaban unos a otros y de cuerpo a cuerpo luchaban por conseguir acercarse a alguna llave desde donde saliera un hilo de agua. Hubo quienes entraron gateando y otros que ya en el lugar se estiraban acostados entre la pileta y las duchas. Se revolcaban, se quemaban con el agua, ahora caliente, que se había juntado como una piscina en el suelo de cerámica. Los que estaban en las piezas, al ver llegar a los gendarmes, se asustaron sin pensar que era una ayuda.” Extracto página 15, del libro Incendio en la Torre 5.

Ningún responsable para 81 muertos. Eso reza la contraportada del libro Incendio en la Torre 5, escrito por la periodista Tania Tamayo, quien ahonda en la precariedad de las cárceles chilenas, los errores administrativos, las historias de vida y una cronología de sucesos fatales que marcaron la madrugada del 8 de diciembre de 2010.

El siniestro, dejó una herida al descubierto: la paupérrima situación del sistema penitenciario en Chile, que albergando a más de 45 mil reclusos, ha sido cuestionado en numerosas ocasiones por la falta de oportunidades de reinserción, resguardo de derechos humanos elementales y mejoras en los sistemas de seguridad, donde el hacinamiento, los castigos y las rencillas internas son parte del día a día.

En el libro de Tamayo, observamos la dimensión más cercana de los reos y gendarmes que compartieron aquella noche, donde en minutos parece que pudiésemos escuchar los gritos y sentir el calor abrasador del fuego derritiendo colchonetas, ropa y apagando para siempre la vida de 81 personas. Muchas sin siquiera la posibilidad de salvarse, cayendo primero víctimas del ahogo y el humo, para luego ser reducidos a cenizas.

La emoción y resignación de los gendarmes que se encontraban en ese lugar no es menor, los encargados de seguridad en las cárceles chilenas viven también una crisis importante, según sus propias estadísticas, que también son presentadas en el libro, desde el año 2000 a la fecha han podido constatar 162 muertes de funcionarios activos de la institución, a razón de uno por mes, y donde al año sus propios funcionarios presentan alrededor de mil licencias médicas, una gran parte de ellas por temas psicológicos.

El libro, con más de 30 entrevistas y dos años de investigación revela el negocio de las cárceles concesionadas en Chile, las promesas políticas que solo quedaron en el papel, y las debilidades de un sistema que, por ejemplo, al igual que el Sename, cae trizado por la negligencia y el mal manejo de la información. ¿Culpables en ambas instituciones? Aún nadie.

  • Libro: Incendio en la Torre 5, las 81 muertes que Gendarmería quiere olvidar
  • Editorial: Ediciones B
  • Páginas: 186