El informe británico se reveló este jueves, en lo que se considera el mayor escándalo de corrupción policial del que se tenga memoria en Reino Unido.

De acuerdo con la Inspección de Policía británica, organismo a cargo de esta investigación, “el abuso de autoridad con fines sexuales es la forma más grave de corrupción que afrontan las fuerzas del orden en Inglaterra y Gales”.

Como señala El Mundo, el informe saca a luz un total de 436 casos contra 326 policías en Inglaterra y Gales. Apenas el 10% de los casos detectados acabaron en denuncia y acusación formal contra los agentes y la mayoría fueron silenciados con intimidaciones a las víctimas.

El 39% de las víctimas de abusos policiales fueron mujeres que habían sufrido anteriormente abusos domésticos, consideradas como el grupo más vulnerable y expuesto a este tipo de sucesos. En el 16% de casos denunciados por abuso doméstico, la Inspección de Policía ha encontrado indicios de comportamiento inapropiado por parte de los agentes.

El caso más notorio en los últimos años ha sido el del inspector de Policía de Northumbria Stephen Mitchell, encarcelado en el 2011 por haber violado y abusado sexualmente de decenas de víctimas: adictos a la heroína, prostitutas, ladrones y hasta una adolescente minusválida a quien prometió ayudar en su caso de custodia a cambio de favores sexuales.

El año pasado, en Luton, causó conmoción el caso de Simon Salway, otro policía que abusó sexualmente de una decena de víctimas y que tuvo incluso un hijo con una de las mujeres que llegó a tener “bajo custodia”.

“Los casos de policías que abusan de mujeres vulnerable son terribles, pero desgraciadamente habituales“, declaró a The Guardian, Sandra Horley, al frente del grupo Refuge. “Se supone que la policía está ahí para proteger a la gente. ¿Cómo pueden las mujeres denunciar casos de violencia doméstica si temen que el agente en cuestión puede también abusar de ella en cuanto acuda a una comisaría?”.

Las cifras corresponden a un estudio realizado estos últimos dos años, y fue solicitado en su momento por la primera ministra británica, Theresa May, cuando lideraba la cartera de Interior.

Entre los casos catastrados se encuentra la agresión a una mujer que viajaba en un furgón de la policía, la explotación sexual de personas en situación de calle con problemas de alcohol y drogas, e incluso el que un policía haya sostenido relaciones sexuales con una adolescente de 15 años, víctima de violación.