Alfonso Mora tiene 28 años, es abogado de la Pontificia Universidad Católica y se desempeña en el exitoso estudio jurídico Baker & McKenzie. Admiraba a su tío, el senador Pablo Longueira, y tenía una formación exitosa, ligada al gremialismo que proviene de los colegios de la élite chilena. Sin embargo, todo cambió cuando a fines de abril de este año la Fiscalía lo formalizó por la entrega de boletas ideológicamente falsas a SQM.

En el transcurso de dos años, Mora, primero como estudiante de la PUC y luego como abogado, emitió dos boletas por 13 millones de pesos y reunió a un equipo de amigos de la misma universidad para boletear junto con él. Las peticiones eran realizadas por Titi Valdivieso, asesora y mano derecha de Longueira, nueve boletas que en conjunto suman 62 millones de pesos, de trabajos que jamás llevaron a cabo y que terminaron financiando las campañas políticas de Pablo Zalaquett y Pablo Longueira.

Como consigna un reportaje de The Clinic, en octubre de 2011, cuando Mora cursaba quinto año de derecho, emitió su primera boleta ideológicamente falsa a SQM. A fines de septiembre de ese año, Valdivieso lo llamó por teléfono para proponerle algo tentador: le dijo que necesitaba que emitiera en el Servicio de Impuestos Internos una boleta por 5 millones 555 mil pesos y él, a cambio podría quedarse con la devolución de impuestos del año siguiente. La oferta lo tentó.

Dos semanas después, Mora cobró el dinero y se lo hizo llegar a la asesora, recibiendo 500 mil pesos por la retención de impuestos de esa boleta. Tenía 23 años y nunca había pisado una oficina de SQM. El estudiante de Derecho había emitido su primera boleta ideológicamente falsa.

Transcurrido un año de aquel hecho, Titi Valdivieso volvió a contactar al sobrino de Longueira. En esa ocasión le solicitó dos boletas, una suya por 7 millones 777 mil pesos, y una de otro profesional. Mora le pidió a su hermana María Loreto, que trabajaba como profesora en el Colegio Apoquindo, que boleteara por 4 millones 444 mil pesos a SQM. En octubre de ese año volvió a hacer lo mismo, esta vez por 7 millones 777 mil pesos. Todos, trabajos que nunca realizaron.

Durante el segundo semestre de 2012, Alfonso Mora conoció además a Carmen Luz de Castro, a quien sus amigos le decían Coca, hija del economista Sergio de Castro, Chicago Boy, y se la presentó su primo Alejandro Longueira, hijo de su tío Pablo, durante una comida con jóvenes en la casa de Pablo Zalaquett. La idea era crear un grupo de trabajo de cara a las municipales y además una forma nueva de seguir consiguiendo boleteros. En septiembre de ese año, cuando Mora ya había aprobado su examen de grado, trabajó durante tres semanas en la campaña y en noviembre ingresó al estudio Backer & McKenzie. En su sitio web era presentado como miembro del Grupo de Prácticas Fiscales, con experiencia en proyectos de minería y en organizaciones sin fines de lucro, entre otras materias, señalándose que su práctica profesional se había desempeñado en proyectos de planificación tributaria, asuntos de reestructuración corporativa, y asesora sobre temas tributarios locales e internacionales.

Ahí trabajaba cuando Coca de Castro lo llamó en diciembre de 2012 para pedirle una boleta de un ingeniero comercial o uno que estudiara civil. Así entró Diego Coopman, compañero de Mora en el Colegio Padre Hurtado e ingeniero comercial en la PUC. Poco antes de Navidad, repitieron la acción, esta vez, Coca necesitaba un abogado y un documento por once millones de pesos. Mora agregó a la red a Cristóbal Larraín Baraona, amigo íntimo, colega suyo en Backer & McKenzie, y también ex alumno de la UC, y al año siguiente Mora contactó a Benjamín Henríquez, ex compañero de carrera y a otro amigo a los cuales les pidió boletas por 7 millones 777 mil pesos.

Las posibilidades que Mora y sus amigos fueran descubiertos era muy escasa, esto hasta una pista aparecida en el caso Penta que desvió las miradas sobre SQM. Algunas boletas de la contabilidad de la campaña de Pablo Zalaquett aparecieron vinculadas a la minera, y para entonces, el grupo reclutado por Alfonso había boleteado un total de 62 millones de pesos. 

Alguien de la red de boleteros señala además, que Mora les cobraba la mitad de la devolución. Un par de veces le transfirieron 350 mil pesos. Según él, Mora habría querido mantener en secreto aquellos cobros. Algunos omitieron la información y otros, como su hermana y Benjamín Henríquez, fueron enfáticos en señalar que no compartieron la devolución de impuestos con nadie. Sin embargo, los seis imputados se negaron a abrir sus cuentas bancarias para comprobar que no habían transacciones entre el grupo. En el relato que Alfonso dio en la fiscalía, tampoco hay información sobre las motivaciones que tuvo para reclutar profesionales. Cuando le preguntaron a su tío por él, el exministro prefirió guardar silencio.

En los últimos meses, la fiscalía ha pedido la suspensión condicional del procedimiento de casi todos los imputados vinculados a Alfonso Mora. La condena ha sido la misma: una multa del 5% del total de las boletas que emitieron y firmar cada dos meses en una comisaría. Con Mora fueron más duros. Hace algunos meses fue multado con el 5% de todas sus boletas y también de las que solicitó: 2 millones 888 mil pesos que tuvo que pagar al fisco.