“‘Hombres’ embarazados, matrimonios que parten heterosexuales y terminan homosexuales, hombres de nacimiento compitiendo deportivamente contra mujeres, fin del nombre ‘padre y madre’ y el inicio de ‘progenitor A y progenitor B’. Estas son algunas de las consecuencias de la ley de “identidad de género” que propone el gobierno de la Nueva Mayoría.”. Así comienza el artículo titulado “Las consecuencias en Chile de la ley de identidad de género”, publicado en El Demócrata el jueves 24 de noviembre.

El texto, escrito por la periodista Carolina Prieto, asegura que el gobierno de Michelle Bachelet tiene un compromiso con la “ideología de género” y que la ley de identidad de género permitirá que ser hombre o mujer pase a ser “un sentimiento y no una realidad objetiva”. Dado su carácter polémico, la columna fue altamente comentada y debatida en redes sociales.

Algunas precisiones para el debate

El Demócrata cae en una serie de inexactitudes fatales en su artículo, haciendo un llamado a la ciudadanía a que se opongan al proyecto, manifestándose directamente en contra del respeto de derechos humanos esenciales aprobados y divulgados en todo el mundo. Que un niño o niña tenga derecho a manifestar su propia identidad, no tiene nada que ver con lo planteado en el articulo, haciendo un llamado a psicopatologizar el hecho, condenando abiertamente el proyecto y quienes necesitan urgentemente de su legislación. Niños, niñas y adolescentes vulnerados en sus establecimientos educativos, siendo objeto de burlas por sus compañeros, debido a la nula educación en torno al tema, que se sigue consignando como un tabú.

El artículo es un llamado directo al odio, apelando a la noción de familia tradicional para intentar sembrar el pánico. Con frases como “ya no será necesario hablar de padre y madre, sino de ‘progenitor A’ y ‘progenitor B’. Esto, ya que un ‘padre’ biológico —que nació hombre— puede ser registralmente ‘madre’, nos recuerdan la famosa y desafortunada frase de Gustavo Hasbún, cuando calificó el proyecto de aborto por inviabilidad fetal, violación o riesgo de vida de la madre como que con esto “se acabaría la Teletón”. Es una muestra de ignorancia burda, de quien cree que sus lectores son ignorantes.

Sólo para recordar, cabe destacar que transgénero y transexual no son la misma palabra, ya que la primera alude a personas que no se sienten representadas con el género que les fue asignado al nacer, y la segunda se trata de quien se somete a una operación de reasignación genital, porque así lo decidió.

El proyecto de ley apela a terminar con la exclusión sistemática que enfrentan las personas impedidas de poder expresar y vivir abiertamente su identidad de género, garantizando que nuestro país garantice y fortalezca áreas en las cuales aún está al debe, tal como es en materia de igualdad, no discriminación y protección de la dignidad humana, facilitando a las personas trans a cambiar de nombre y sexo legal, sin la necesidad de cuestionarlas ni exigirles pruebas de ninguna especie, y garantizando el respeto a la dignidad y privacidad de quienes sostienen que su identidad de género no coincide con su sexo.

La ley contempla tres ejes: las personas mayores de 18 años que no estén casadas podrán obtener la rectificación de su sexo y nombre registrales a través de un trámite administrativo ante el Registro Civil, permitiéndoles modificar sus documentos de identidad sin mayores dilaciones y con respeto a su privacidad.

De la misma manera, las personas menores de edad pero mayores de 14 años, que cuenten con el consentimiento de sus padres, representante o cuidador legal también podrán realizar el trámite ante el Registro Civil. Si alguno de los padres o tutores legales se opone, la persona deberá deberán recurrir a un Tribunal de Familia quien solicitará informes médicos.

Por último, en lo que respecta a los niños y adolescentes menores de 14 años, el procedimiento se realizará ante un tribunal de familia, donde se deberán presentar informes médicos. Asimismo, se permitirá únicamente el cambio de sexo registral (es decir, solo en lo relativo a modificar el sexo asignado en los documentos de identidad del registro civil).

Por otro lado, el sitio web dice sin ningún esbozo de autocrítica que el proyecto de ley estará por sobre la libertad de expresión, de educación, de conciencia y de religión. Parece absurdo que un medio como El Demócrata se alarme por esta situación, cuando son ellos mismos quienes han pasado por alto a decenas de mujeres que al no tener religión católica han debatido en sus redes sociales por el tema de la despenalización del aborto en tres causales, siendo vetadas y bloqueadas de las redes del sitio, estableciendo una cacería de brujas contra todo aquel que piense diferente a ellos. Aún más, con textos que contribuyen a un clima de odio e incitación a la violencia (solo falta observar la forma en que sus simpatizantes o lectores responden frente a algún cuestionamiento).

Solo para reforzar lo básico: niños, niñas y adolescentes tienen que tener pleno derecho de poder ejercer su identidad por sobre cualquier tipo de ideología religiosa, que los coarte y les produzca daño. El correcto desarrollo emocional y psicológico de los adolescentes en Chile lleva años siendo cuestionado, esto debido a la alta tasa de suicidios juveniles en nuestro país. ¿La principal causa? La intolerancia e ignorancia de sus familias, que muchas veces los presionan para encajar dentro de una identidad que no se condice con lo que ellos son realmente. Esta intolerancia e ignorancia proviene de la nula educación que existe acerca de la sexualidad. Educación que también compete a los medios de comunicación, sobre todo en temas delicados como éste.