Desde el conocido “telefonazo” de Piñera hemos sido objeto de embate de los poderes políticos y económicos. Luego de ese telefonazo, los precarios caminos de tierra dejaron de ser mantenidos y el abandono a la comuna de La Higuera se hizo cada vez más evidente. Quedamos en un estado de vulnerabilidad que sólo es beneficioso para el poder económico que, en su interés por contar con la aprobación para la creación de sus proyectos extractivos, puede comprar a un menor precio la licencia social de nuestras comunidades.

En ese contexto aparece el proyecto minero portuario Dominga, de Andes Iron SpA, cuyo principal propietario es Carlos Alberto Délano, amigo íntimo de Sebastián Piñera. Desde su inicio, hemos denunciado sistemáticamente el Proceso de Evaluación de Impacto Ambiental de este proyecto, por sus numerosas irregularidades como la acusación de soborno por 42 millones de pesos al ex subsecretario de minería Pablo Wagner; la insistencia y presión del gobierno, a través del Servicio de Evaluación Ambiental, para avanzar en la evaluación de un proyecto que los mismos servicios públicos como Conaf desaprueban; y el ilegítimo uso que la empresa hace de su poder económico, para comprar a la comunidad a través de fondos concursables al mismo tiempo que se desarrollaban los procesos de participación ciudadana.

En este momento, el proyecto se encuentra en un nuevo proceso de Participación Ciudadana, con los mismos vicios que han caracterizado a Dominga; sin encuentros que aseguren la participación activa de los stakeholders, como los pescadores artesanales y agricultores; sin una plataforma activa para hacer observaciones al proyecto a través de la página del Servicio de Evaluación de Impacto Ambiental; con una activa campaña de la empresa para comprar la licencia social, en la que promete compartir las ganancias con la comunidad; y con un gobierno que sigue criminalizando a las organizaciones sociales

Sin embargo, a pesar de los embates de quienes ostentan el poder, la comunidad organizada sigue en pie y alza la voz para proteger su calidad de vida y sus tradiciones. La vulnerabilidad no ha corroído nuestros espíritus y seguimos férreos en la defensa de un proyecto de desarrollo sostenible. Hoy decimos fuerte y claro, que no queremos grandes proyectos de extracción que sólo benefician a los mismos de siempre, a costa de la explotación de nuestros recursos naturales y nuestras formas de vida. Hoy, nos alzamos nuevamente para proteger nuestra calidad de vida y exigir al Estado una verdadera política de protección y desarrollo sostenible para la comuna, que tenga por objetivo el beneficio real de la comunidad y que no reproduzca la desigualdad y la concentración de las riquezas. Porque hoy todos juntos, salvamos La Higuera.