¿Desde cuándo la artesanía, la danza y los libros son tanto o más importantes para nuestra economía como la industria pesquera o la del sector silvoagropecuario? ¿Qué implicancias tiene que las tabacaleras ingresen muchos millones menos a nuestro erario nacional que el sector que agrupa a las artes visuales, escénicas y la música, entre otras?

En tiempos de trazabilidad universal, las cifras que están en la huella digital de los diferentes sectores de la economía no son solo datos. Y eso lo ha entendido muy bien el Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes que ha publicado la “Actualización del impacto económico del sector creativo en Chile”. Se trata de un estudio que busca entregar una radiografía del aporte que hacen al Producto Interno Bruto (PIB) el llamado sector creativo de nuestra economía. Una mirada que enfoca a un sector en particular pero que lo pone en relación con los otros, de modo que establece una panorámica que permite saber qué significa, a la hora de traducirlo en dólares, todo el esfuerzo de hombres y mujeres que trabajan día a día en un área de la economía que siempre ha sido vista como la hermana pobre y que, sin embargo, en esta vuelta termina siendo una bastante más aventajada que otras que hacen mucho ruido, pero dejan, finalmente, pocas nueces.

El ejercicio se puede explicar como el mismo que realiza una persona a la hora de ordenarse y entender cuánto percibe por los diferentes trabajos o servicios que realiza para ganarse el pan. Un ejercicio no solo monetario, sino que de inteligencia doméstica que le permite luego asignar, según sus propios criterios, cuánto tiempo y esfuerzo le dará a cada una de esas tareas en adelante, según sus intereses o necesidades.

Y a la hora de hablar del sueldo de Chile, no hay novedad: la minería sigue siendo esa viga maestra que nos sostiene con un aporte superior a los 28 mil millones de dólares al PIB, si es que lo miramos desde un punto de vista sectorial. Ya sabemos que acá lo que prima es el modelo extractivista y exportador, en el que nuestros minerales salen en forma bruta y luego son los mismos que importamos o traemos de regreso convertidos en productos manufacturados, pagando varias veces su valor inicial. Este paso es lo que nos convertiría en ese país desarrollado con el que tanto soñamos, y que no acabamos nunca por hacer realidad, a pesar de que la ecuación la venimos repitiendo de memoria desde hace tiempo. Tantas lecciones que parecieran sabidas pero que no terminan por hacernos caer en la cuenta de cómo debemos invertir nuestras energías y tiempos a la hora de buscar un crecimiento equitativo. Por esto el ejercicio que ha desarrollado el CNCA permite pensarnos de otra manera y entendernos con más profundidad y proyección. De modo que el sector creativo de nuestra economía, ese mundo que integran desde la artesanía, las artes escénicas y visuales, como el editorial, la danza, el circo y la publicidad y que corresponden a algunas de 65 actividades económicas que concentra este estudio, aportan una nada despreciable suma de más de 4 mil millones de dólares a nuestro PIB.

Una cifra que desplaza a otros sectores más tradicionales y con mayor ascendencia histórica y social, como la pesca, por ejemplo, si consideramos que vivimos en un país que posee cuatro mil kilómetros de costa. Entonces, esto del arte no resulta ser “una carga para el Estado”, como usualmente se ve, con una serie de personas que parecieran estar con la mano extendida para recibir dineros públicos, sino que son esas mismas personas las que están integrando a los bolsillos fiscales ingentes cantidades de dinero, muy superiores a ciertos sectores extractivos que tienen además una enorme deuda con el medio ambiente y la sustentabilidad.

Que la publicidad sea parte de este sector creativo puede deformar algo la cifra, porque se trata de un ítem que pocos pueden darse el lujo de invertir, porque es oneroso. Es decir, las disciplinas artísticas como la música o la artesanía, escasamente publicitan sus productos culturales, no así, los productores de bebidas, por ejemplo, cuyo aporte al PIB es muy discreto a pesar de la gran presencia en los medios masivos. Por cierto que es una comparación que puede parecer burda, sin embargo, lo verdaderamente grotesco es la exposición a marcas y pegajosos jingles a las que nos vemos sometidos día a día y siempre de las mismas marcas.

El ejercicio que ha hecho en CNCA, insistimos, es muy interesante y se aprecia, cuando entrega una perspectiva diferente a la hora de valorar a la cultura y de hacer que esos duros economistas que todo lo ven con el signo peso, entiendan que en este sector trabaja casi medio millón de personas que manufacturan en suelo nacional un producto creativo de rango mundial que aporta sin tanto ruido varias nueces.


Periodista y conductora radial, directora del programa "Vuelan las Plumas".