Emma Villazón, la poetisa e intelectual boliviana nacida en Santa Cruz, nos dejó en 15 meses atónitos  a quienes la conocimos en la andinidad sudamericana, el país invisible intercultural que valora la otredad sin fronteras. Emma viajó en agosto del 2015 a la Feria del Libro de La Paz y luego la invitan a re-volver letras a El Alto, muriendo de súbito a los 33 años, como un relámpago, como un aguacero insospechado de esos que citaba César Vallejos y gustaban a Emma en sus fuentes peruanas. Se fue y quedamos mudos, como sus padres abogados en Santa Cruz; Rubén que guarda las decenas de páginas inéditas con su letra pequeña en cuadernos de adolescente y estudiante estrella de leyes y filología; y Emma Raquel, salteña, que erigió un altar con sus fotos y premios que siguen llenando el estante por los homenajes póstumos.

A los pocos meses de la partida, editorial Das Capital publicó su libro de nombre original Temporeras, con el título Temporaria: un manifiesto “a las otras” que deambulan en el trabajo precario temporal ya sea en los campos o en las fábricas de conceptos, palabras…el neo taylorismo del trabajo intelectual parcial que no esclaviza en una línea de producción, pero lo hace en su ontología dominadora, en su inseguridad, agravada cuando se es extranjera avecindada. Así lo describe ella misma en el proyecto al Fondo del Libro que nunca fue y que ella anuncia como texto en el delirio y la denuncia, sin abandonar el humor y el eros: “Temporeras es una apuesta por escribir sobre la condición de los trabajadores que resisten la lógica de la fábrica moderna desde una perspectiva de género femenina, y a la vez por escribir la experiencia migrante”.

La conocimos como la compañera de Andrés Ajens, el periodista de la UC que se indolatinoamericanizó más allá del tuétano, aportó a reavivar las lenguas quechuas y aymaras en el ex Pedagógico, co-inspiró para la fraternidad sin miedo en la revista “Mar con Soroche”, y tertuliamos bajo árboles en un rincón campesino de Pirque asomándose hacia el sur.

En la tierra dura al fin del mundo realizó y aportó en el Magíster de Literatura Latinoamericana de la USACH con tesis sobre la vanguardia de  Hilda Mundy. En la partida cursaba el Doctorado en Estética en la U. de Chile, donde especulamos se topó con Luis Oyarzún, el filósofo que escribe sobre su texto Temporaria: Lo he leído con asombro constante…Gabriela Mistral llamó a la poesía materia alucinada. Materia: Palabras. Las de Emma son palabras alucinadas…en su vecindad y su roce y en su chispa se encandilan unas a otras, se llaman unas a otras, se despiden unas de otras, se reencuentran”.

El viudo amante y coeditor, Andrés Ajens aporta a un libro cuidado que cuestiona si debía estar o no en Temporeras/Temporaria el notable poema “Sonatina del otro costado” que le publicó el 2014 la Universidad de Texas-El Paso. Allí habla la temporalidad precaria: “De la mano del viento/ rodeada por luces y flores engreídas/

va con una sonatina boliviana/en la mitad de la costilla y en la otra/déjase nutrir por acribillados y aludes…

No hay retorno, Dios, ni costilla mágica:

érase una campesina maquillada

que se hizo astronauta al pasar la frontera.

Emma va y vuelve en sus tres países mentales; Bolivia, Santiago y Pirque que aparece en la cotidianeidad de la transplantada que dialoga con Queltehues y escucha el hablar de los temporeros(as) en la ruralidad al sur del Maipo.  Siempre está la “otra”:

Y destella el destierro que cruzamos, viajes al Gran Santiago para vender las pupilas, viajes de regreso con el hígado ardido (de postal de huecos).

Dice otra: quiero ese buitre de ahí,

Dice otra; quiero esa fiebre letal

Dice otra; quiero que llegue la cogida

de lo incontrolable y su despliegue

quiero que el viento me empuje y me bese

(de ventanas voces sueños).

Crepúsculo inabarcable se abraza bajo el agua; no hay tejido humano que no esté entre negocios, datos o números…y no escriba para el otro lado: me niego a ser vaca de empresa griega (de retrato de otra).

La temporera es citadina o del campo o de cualquier lugar, todas laceradas por el oprobio del deambular en el país de nuevos ricos que en su stress busca el “mal” desarrollo enfermo. Por momentos, la voz es una heroína contra la monotonía que busca aplastar:

Caras de anchoas zanahorias y zapallos

son los personajes trabajados por jornadas

nutridos por el zumo de vidrieras en fila;

entre ellos, una murmura inquieta sin nombre

aplastada: y bien, seré la cazadora de latidos,

una mosca que ronde por sudores como estrellas opacas

(de cuadrícula y estrellas)

Días en que se lleva el sol sobre la oreja

son sólo días en que se come cardos, bosta

diferentes a aquellos en que se hace la siega

(de retrato de días).

Como colofón a estos extractos interpeladores de Emma Villazón, retomó un verso que resuena:

Ella es más que el movimiento mecánico/aprende a cumplir la jornada/como sube enérgica las escaleras del metro (de retrato de otra).

Ella no se doblegó en Santiago de Chile; caminó enérgica a su modo e ironizó:

Ahora la sra.  X va montada en una máquina que la pervierte pero lo disfruta enormemente”

(de cuadrícula y estrellas).

Temporarias fue un poemario inconcluso, nos reiteran los editores, pero logró compartirnos la promesa que todo poema es, como lo dice con belleza Pablo Oyarzún: “Es el habla del secreto. Emma Villazón: deposito aquí mi asombro como ofrenda. No se va quien nunca se aleja”.

Con el tiempo, la lectura de Temporarias será un testimonio de la esquizofrenia del modelo y la agresividad cotidiana en el país duro al sur del mundo. Emma profetizó y clamó por reinventar el trabajo y buscar la emancipación en el siglo XXI.

 

Rancagua-Iquique-Santa Cruz de la Sierra. Dic. 2016.


Escritor y Doctor en Historia, académico de la U. A. Hurtado.