La pobreza multidimensional en Chile alcanza a un 21%, es decir, a alrededor de 3,6 millones de chilen@s. El sueldo promedio en el país es más menos $ 450 mil, lo que implica que una familia normal con ambos progenitores y dos hijos, donde laboran 1,5 personas, tiene un ingreso mensual de $ 675 mil. Las pensiones promedio no llegan a $ 200 mil. En peor situación están las mujeres jefas de hogar, que no son pocas, los indígenas, los jóvenes, y ni que decir tiene l@s niñ@s de los sectores más vulnerables.

La desigualdad permanece rampante, tod@s hablan de ella pero nadie hace nada. Más bien la elite del duopolio neoliberal, y nuestras autoridades “morales”, hacen gárgaras sobre el tema, pero nadie hace nada en realidad. El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad, se haya con sus punteros del reloj detenidos desde el tiempo de las calendas.

El pueblo está cabreado, qué duda cabe, 2/3 ni siquiera se acercan a las urnas. De los potenciales 14 millones de votantes, menos de 5 fueron a votar en las últimas municipales del 23 de octubre. Hay más de 9 millones que se abstienen entre los interesados por el devenir del país pero que rechazan a l@s politic@s en boga, y los que no están ni ahí con participar en el “contrato social”.

Urge una respuesta, pero no se oye padre. La Nueva Mayoría (NM) y Chile Vamos (ChV), en una actitud entre autista y farandulera, están dedicados a las figuras presidenciales, a mirar las encuestas, a la “cocina chica”, ¡qué voy!, ¡qué no voy!, a tirarse pullas, a conspirar frente al candidato que muestra más posibilidades de ganar. Una picantería de marca mayor. Nada, pero nada, de política seria, de presentar una visión de país, de elaborar un programa integral que ofrecer al pueblo. El centro (la NM) y la derecha y extrema derecha (ChV) no tienen nada nuevo que ofrecer. Puro gatopardismo, es decir, que todo siga igual. Son como un pez que boquea en la arena. Puro pasado y el desastre que generaron.

En la vereda izquierda encontramos un conjunto de grupos y partidos pequeños (¿6?, ¿12?, ¿20?, ya me pierdo), diciendo que van conformar un Frente Amplio (FA). Pero todavía no, ¿todavía no qué?, me pregunto yo. Unidad sí, pero que hay que respetar las identidades, dicen. Que el humanismo, que el ecologismo, que el autonomismo, que la convergencia, que los poderosos, que el liberalismo igualitario, que la revolución aunque democrática, que la igualdad, que el país, que la nueva democracia, que la transparencia, et. al.

Lo digo con todo respeto: puro pajeo mental, pura egolatría, puro mirarse el ombligo. Somos much@s l@s que estamos esperando que corten el hueveo, concreten el FA para integrarnos a trabajar en la lucha contra el duopolio neoliberal en torno a una ideología (ideas-fuerza), un programa de gobierno, una lista parlamentaria y un candidato presidencial común. Si no, intuyo, la historia no nos absolverá. Pues a fin de cuentas la política seria se trata de la teoría y la práctica destinada a derrotar al enemigo común.

Y a partir de ahí iniciar el proceso destinado a resolver los problemas que afectan a la mayoría del país.

Como decía Lenin: “Salvo el poder, todo es ilusión”.


Escritor y economista