Chile no es un país desconocido para Esperanza Gómez (33), actriz porno colombiana y una de las más populares del mundo. Comenzó su carrera en este negocio a los 23 años, cuando ganó Miss Playboy TV Colombia. A los 25 comenzó a hacer películas para adultos en Estados Unidos, desde ahí ha formado parte de algunas de las productoras más importantes del rubro, como Brazzers, BangBros o Naughty America. Por estos días, Gómez está entrando de lleno al mercado de sexo en línea, lo cual se suma a los espectáculos eróticos en vivo que hace un tiempo realiza por distintos países de América Latina.

Desde hace un tiempo, Santiago entró en la agenda de sus shows. En septiembre de este año, se presentó en tres fechas en el club nocturno Platinum en Santiago, agotando las entradas en las tres noches. “Parece que me quieren mucho en Chile”, dice Gómez sonriendo.

La actriz, oriunda de Belálcazar, es un icono sexual que ha trascendido por su cercanía con el público más allá de su trabajo en el porno. Y es porque mucho ha cambiado desde empezara su carrera en la industria del porno. En 2006, cuando tuvo su primer acercamiento con el rubro, la lucha feminista no había adquirido tanta visibilidad como ahora, donde miles de mujeres marchan reivindicando sus derechos, cuestionando la sociedad patriarcal, la delimitación de los roles por género y la cosificación hacia ellas..

Para muchos, todos estos conceptos se multiplican en la industria del porno. Esperanza, sin embargo, asegura que la realidad es un poco distinta.

-¿Crees en el feminismo?
-Me he interiorizado sobre el movimiento feminista. Pero me he dado cuenta que existen muchas versiones o posiciones, diferentes corrientes, algunas que son más radicales y otras que no son tanto. Está súper bueno que defendamos nuestros derechos, pero no de manera extremistas. En estas posiciones que te digo, hay algunas que les gustaría sacar de su vida al hombre, y eso me parece absurdo. Yo me siento bien con los hombres, los respeto y me encanta tener en mi vida un hombre. Entonces, no creo que sea seguidora del movimiento más extremo y radical.

-Entonces, ¿dónde te posicionas?
-Lo que más me interesa de este movimiento es la igualdad en cuanto a los salarios. Me parece que las mujeres tenemos la misma capacidad y desempeño laboral que cualquier hombre. De hecho, hay oficios en que nos desempeñamos mejor. Entonces, debe ser igualmente valorado. El menosprecio, de cualquiera de las dos partes, está equivocado. Somos seres iguales, capaces. Y ambos géneros merecemos ser respetados.

-Pero ha sido muy difícil erradicar al machismo. Está muy arraigado.
-El machismo seguirá estando muy marcado en la sociedad hasta que cambiemos el concepto que “lo que hacen los hombres es mejor’”. Por ejemplo, una mujer frente a la sociedad tiene menos derechos y oportunidades, pero se nos exige más como madres y empleadas.

-¿Y cómo se pelea contra eso?
-De partida, el hombre tiene que aprender a aportar en la parte del hogar. A prestar más atención a sus hijos. La mujer no está diseñada para cuidar, criar y limpiar. La sociedad le entregó ese peso, pero el hombre debe ser parte de esos trabajos hogareños también.

-Pero en el porno, donde usted trabaja, las cosas son bien distintas.
-La industria del porno es uno de los pocos oficios en los cuales la mujer está sobrevalorada al lado del hombre.

-Pero eso también es respuesta a otro síntoma machista: el que socialmente consume sin resquemores el porno es el hombre heterosexual.
-Sí. Está claro que la industria de porno heterosexual es la que más renta. En esas producciones, al actor (hombre) lo muestran poco. Le muestran su parte íntima, mientras que el detalle va hacia la mujer. La sensualidad en sí radica en el cuerpo, la figura, los movimientos y gestos de la mujer. Y pues, a la larga, el mayor consumidor del porno es el hombre heterosexual, entonces no le interesa ver a otro hombre.

-¿Pero tú no ves que a través de la pornografía se trata a la mujer como un objeto?
-Pues es que uno no puede generalizar el porno. Existen distintos géneros. Hay producciones donde básicamente menosprecian a la mujer y el que tiene el poder es el hombre. Yo opto por no participar en esas escenas. A pesar de eso, no creo que nos vendan como un objeto, porque las mujeres que estamos en la industria lo hacemos por decisión propia. No porque alguien nos obligue o nos diga qué hacer. Además, cada quien es dueño de sus actos.

-¿Y por qué crees que existe una crítica tan fuerte contra quienes trabajan como estrella porno?
-Lo que pasa es que las personas que tanto critican que siempre han cogido a la mujer como un objeto, hacen lo mismo. Juzgan frente a una publicidad que promociona lencería, frente a una revista que sale una mujer semidesnuda promocionando unos zapatos o que está promocionando una crema para el cuerpo.

-¿Existe un doble estándar?
-Claro. Existe una victimización de nosotras, las mujeres, respecto el tema sexual. A mí me parece que más que hacer respetar nuestros derechos, constantemente somos nosotras quienes nos estamos victimizando y comparando con el hombre. Por ejemplo, cuando vemos a un hombre promocionando una marca famosa de calzoncillos, donde él sale semidesnudo, solamente con su tanguita puesta, no decimos que estamos vendiendo al hombre. No lo victimizamos. Pero a las mujeres sí. Es una manera de pensar demasiado retrógrada.

-¿Y esa victimización afecta al progreso que han logrado estos movimientos feministas?
-En parte. La mujer hoy en día ha avanzado demasiado. Nos hemos liberado de tanto estigma. Pero si nosotras tratamos de cambiarle la mentalidad a la gente de cómo nos ve, pero, al mismo tiempo, nos estamos victimizando siempre, ¿cómo pretendemos lograr algún cambio?

-¿Cuánto más gana usted versus a su par hombre?
-Normalmente ganamos el doble o el triple que ustedes (riéndose).

-¿Dónde quedó la igualdad en esta industria?
-Siempre he dicho que nos pagan más a las mujeres y es injusto, porque el actor hombre es el que más duro le toca. Para nosotras es fácil, porque no se nos tiene que parar nada (ríe). Segundo, hay posiciones en las que el hombre tiene que soportar su físico, más el cuerpo de la mujer. Trabaja el doble y soporta toda la escena. Básicamente, en el porno, el hombre sufre lo que la mujer sufre en el resto de los rubros.

-¿Entonces, karma?
-Algo así.

-Pero no todo puede ser tan fácil para las actrices porno.
-Lo que pasa es que a nosotras nos toca más duro (ríe). Sobre todo cuando nos toca con dos y tres. Y los hombres, a la hora de penetrar, pues no son suaves ni delicados. Y si la tiene muy grande y es muy rígida, tiende a ser doloroso.

/ Luis Felipe Roa

El acoso callejero

Hace unas semanas, en medio del cambio de gabinete, el diputado Cristián Monckeberg (RN) comentó que la nueva vocera de Gobierno, Paula Narváez, “es muy buena moza”. Lo hizo en vivo en el dial de Bio Bio y la respuesta fue instantánea desde los grupos sociales han promovido el respeto entre géneros de manera pública.

Casos como estos, donde se mencionan primero los atributos físicos a los laborales, es parte de lo que se quiere eliminar. En Chile se está regulando estas conductas de carácter sexual sin contacto físico y penas para aquellas que tengan dicho contacto.

El proyecto de ley que busca modificar el Código Penal para tipificar el acoso sexual callejero como delito se encuentra congelado desde abril de este año, cuando fue aprobado por la Cámara de Diputados. En concreto, la moción busca establecer multas para aquellas conductas de carácter sexual sin contacto físico y penas carcelarias para aquellas conductas que tengan dicho contacto.

-Quizás sea inadecuado, pero asumo que en tu vida has recibido muchos piropos.
-(Ríe) Claro que sí.

-¿Cuál es tu posición respecto a este tipo de conducta? Incluso en Chile se legisló al respecto.
-Si me regalan uno bonito, ¿por qué me voy a enojar? Mientras a una no lo ataquen físicamente, no están invadiendo tu espacio. El piropo, sea grotesco o sea bonito, si no le prestas atención, no pasa de ahí. Pero cuando ya te tocan físicamente eso sí es un acoso que a ninguna mujer se le debería hacer. Siempre hay que esperar por la autorización de la mujer. De caso contrario, ninguna sociedad lo puede tolerar.

-¿Y usted qué hizo cuando le pasó?
-En Colombia me pasaba, cuando pequeña. Ahora no tanto. Pero me acuerdo que tuve un cambio de vestimenta cuando iba en el colegio –en mi época de “teenager”, que ya pasó hace rato–, porque pensaba que era yo la que provocaba el acoso. Pensaba que la manera que yo me vestía era la que instaba los piropos groseros. Entonces, decidí vestirme con ropa cuello tortuga, manga larga y jeans. No mostraba ningún centímetro de piel. Lo único que mostraba eran las muñecas de las manos y la cara.

-¿Y solucionó el acoso?
-Pues no. Pasaba por los mismos sitios y escuchaba todos los días el mismo tipo de piropos. A esa edad tan pequeña me di cuenta que hay hombres que son vulgares, así usted muestre la teta o muestre la pierna o se cubra entera. Igual te van a echar el piropo vulgar, porque fueron criados de esa manera. No importa la manera que una se vista, sino la mentalidad de la persona que te grita el halago.

-¿Y ahora cómo enfrenta esas situaciones?
-Dejé de prestarle atención. Volví a mi manera habitual de vestir. Seguí pasando por el mismo sitio. Al final se aburren, porque su mentalidad es esa. Además, el que mucho ladra… tú sabes.

-Se ha sabido de varios casos de agresiones y violaciones en la industria del porno. ¿Usted nunca tuvo estos problemas?
-No. Cuando llegamos a grabar la escena siempre (los actores) son muy cariñosos. Tratan de ser muy agradables. De verdad nunca lo he sufrido.

/ Luis Felipe Roa

La industria del porno y el sexo del siglo XXI

-¿El porno cambió la manera que tenemos sexo?
-En la industria vendemos fantasías. Hay cosas que, para una pareja común y corriente, experimentarlo en su intimidad habitual, es difícil. Pero, al mismo tiempo, la pornografía hace que la pareja salga de la rutina. Conozco muchas parejas que me dicen: “Esperanza, es que yo pensaba que tener sexo era en el misionero y paré de contar”. Lo que pasa es que uno al ver y conocer otras experiencias, empieza a diversificar. Hay posiciones mucho más estimulantes, que permiten una mayor penetración. Y eso puede beneficiar la relación de pareja.

-¿Pero gran parte es fantasía?
-Claro. Hay cosas que no funcionan porque uno lo hace específicamente para la cámara. Y porque estamos vendiendo la fantasía. Pero no todo lo que vendemos es ficticio o es actuado. Hay actores que realmente lo hacemos porque nos gusta.

-Parte de este síntoma se ha visto reflejado en el aumento del porno amateur. Sea con escenas o por webcam, su crecimiento ha sido explosivo.
-No es que le haya quitado público, porque el que es fanático del porno va seguir siéndolo. El porno es más explícito y más directo. Mi experiencia en webcam fue algo completamente diferente. En el computador da la sensación de intimidad y personal, pero la cosa es distinta. Porque el cliente, que está al otro lado de la pantalla, te va diciendo ciertas cosas, pero una lo va desviando a lo que tú quieres hacer.

-Pero es la sensación de amateurismo.
-Exacto. Se vende la sensación. Pero yo me siento más cómoda haciendo una producción profesional que algo amateur. Yo no soy de ver porno amateur. Me gusta ver las cosas bien explícitas. Y en el porno amateur no se puede ver una penetración bien clarita.

/ Luis Felipe Roa

Chile, el pacato del continente

-¿Qué es lo que más le llama la atención de los chilenos?
-En realidad, cuando he venido me ha tocado puro trabajo. Por lo que no me he podido relacionar mucho con la sociedad. Pero te puedo contar algo que me llamó la atención la primera vez que vine. Me acuerdo que fue por una entrevista a un canal de televisión, que quería hablar del tema de la pornografía. La persona que me trajo me advirtió que la sociedad chilena era un poco anticuada y conservadora en el tema del oficio que yo desempeño. Entonces, estaba preparada a hablar con palabras que no fueran muy grotescas ni muy fuertes.

-Entonces tu visión era más bien de “chilenos conservadores”.
-No sé. En general, en otros países, la visión que tenemos de los chilenos es que es gente más bien culta y recatada.

-¿Pero en la experiencia?
-Lo que pasa es que, en general, en Latinoamérica tratamos mostrar una cara distinta cuando estamos con otras personas. Pero cuando estamos solos, tranquilos y relajados sale esa mentalidad más abierta y se puede hablar de todo sin tapujos.

-¿Le falta Caribe a Chile?
-No creo ser la persona indicada para decirlo. La gente del caribe de Colombia es gente más rumbera, más guarachera y más amiguera. La gente del centro del país somos los que hablamos tierno, decimos cosas más bonitas a las parejas y nos gusta tener más contacto físico, íntimo y cariñoso. Teniendo eso en cuenta, creo que al chileno le hace bien un poco de Colombia en general, porque sí he notado que son más fríos y como distantes. Y es rico encontrar ese afecto, creo yo.

-¿Y no le choca a usted que una sociedad sea así de distante?
-No me choca. Son culturas distintas. Por ahí existe un dicho que al país que fuere, haz lo que vieres. Si uno llega al país, es uno que se tiene que adaptar. Pero si uno logra entrar y aportar un granito de arena para ir cambiando una sociedad. Eso cambia la forma de ser y aprenden a conocer la cultura de uno.

-En Chile existe una migración colombiana importante, quienes han aportado ese granito de arena que usted dice. Pero ya son muchos que están en contra de recibir más migrantes.
-En todos lados hay gente que es muy cerrada. Pero cuando conoce los beneficios que trae este calorcito amoroso colombiano, se dan cuenta que lo rico que es. Mi marido, por ejemplo, era un hombre muy seco. No sabía qué era dar un abrazo. Qué era dar un beso. No era cariñoso. Y pues yo le enseñé y se dio cuenta que es chévere. Entonces, por qué no se le podrá enseñar un poquito a los chilenos y chilenas, que aprendan de eso y se darán cuenta que es muy rico.