“Lo personal es político” es quizás la consigna o enunciado feminista que más se ha difundido al expresar de manera sintética una profunda crítica a las bases de nuestra sociedad, un mundo dividido en dos ámbitos diferenciados y desigualmente valorados: el espacio público y el privado doméstico, dos esferas escindidas y configuradas de acuerdo a las nociones supuestamente democráticas que nos legaron los primeros griegos: en una esfera los ciudadanos libres y en la otra -el mundo privado doméstico- los esclavos y las mujeres, el mundo de la resolución de las necesidades sin el cual el mundo público no podría existir.

El modelo de desarrollo hoy global (capitalismo mundial integrado, capitalismo cognitivo), vino a difuminar esas fronteras de lo público/privado para las mujeres que entre logros y conquistas propias como género (derecho al sufragio y a la educación superior, entre las principales), se fueron convirtiendo en parte de la fuerza de trabajo y de consumo necesaria para el sustento y reproducción del modelo. Y sin solución colectiva a los problemas de las dobles y triples jornadas para la mayoría (incluidas las llamadas trabajadoras de casa particular), ni poder elegir dónde ser.

Valgan estos párrafos introductorios para referirme a lo personal en la aldea global que premonizara McLuhan hace décadas. Hoy las redes sociales son los mundos o mundillos virtuales donde se expresan en forma masiva lxs ciudadanxs libres (x no asigna géneros que estrechan realidades). Ciudadanos y ciudadanas libres. Es la arena pública, la plaza. No participo en esas redes pero sus resonancias se expanden de otros modos.

“Reparar Reparar Reparar” sería inicialmente el título de estas reflexiones a raíz de acciones recientes en el ámbito virtual que me afectaron directamente y que dañaron a personas cercanas, exponiéndolas al escarnio público, como en un circo romano. A partir de un posteo unilateral que reflejó un gesto de doble faz del autor, numerosas opiniones y comentarios de personas que se supone pensantes, democráticas (artistas visuales, escritores, escritoras), se sumaron a la crítica y la burla. Un posteo que mostró un modo propio e interesado de moverse en los espacios afectivos de lo íntimo-privado para exponerlo con otros códigos en el espacio virtual de lo público. Confusión de lo personal es político del feminismo con la trasgresión de lo íntimo-privado que amerita otro tratamiento. Colisión ética y estética. Y sin hacerse cargo en esa arena de opiniones que negaron el más elemental rechazo a la discriminación: “fletito de derecha” fue una de las frases para el bronce con que en esos circuitos críticos y disidentes se trató a la persona cuestionada en el posteo, circuitos que se autodefinen y autoerigen como ‘críticos al sistema’, circuitos donde cada cual trata de posicionarse como sea. Desde un posteo como ese, la catarsis y el querer ser ‘parte de’ a toda costa. El nosotros y el ellos, en fin, los mundos binarios del orden patriarcal.  Nadie dijo nada, nadie dijo nada. Quien calla otorga.

No se construye una sociedad justa, democrática y libre sobre la base del escarnio consentido de quienes piensan distinto. Argumentar y debatir es otra cosa. En las redes sociales se propician y permiten los códigos de los mundos bárbaros, como si en ellos la crítica seria no tuviera cabida. Cada cual es responsable del paisaje que recrean e imponen. Mirarse recíprocamente es necesario.


Feminista, Licenciada en Antropología