Rafael Uribe tiene 38 años, es un reconocido arquitecto del sector más acaudalado de Colombia. Activo deportista, sus amigos lo describían como un tipo simpático, bueno para las fiestas, pero también para las prostitutas, el alcohol y la cocaína. Cuentan que siempre se sentía insatisfecho con su vida, pero jamás creyeron que sería el mismo hombre que el 4 de diciembre secuestró, violó y torturó hasta matar a Yuliana Samboní, de 7 años y ascendencia indígena que jugaba tranquila en el humilde barrio de Bosque Calderón, donde había llegado a vivir con su familia desde el campo, escapando de una vida plagada de violencia y precariedad, eso hasta que Uribe la tomó por la fuerza y la subió a su vehículo, un Nissan 4×4 y nunca más se supo de ella con vida.

La niña gritó e intentó defenderse del secuestro y un amigo corrió a ayudarla, pero Uribe, quien ya había sido visto en los alrededores unos días antes con la misma intención, escapó rapidamente, trasladando a Yuliana al edificio Equus, el mismo que su misma familia diseñó y construyó. En él, se estacionó en el sector más alejado de las cámaras y subió con la menor al dúplex que le pertenecía, pero que ya no habitaba tras un incidente con vecinos que lo habían descubierto forzando la entrada de otro departamento probándose ropa interior de mujer.

Alrededor de las 10 de la mañana Yuliana era intensamente buscada por la Policía Metropolitana, ya que testigos informaron la patente del vehículo en el cual se la llevaron. La investigación arrojó que le pertenecía a la cuñada de Rafael, quien al enterarse de los hechos contó que el auto había sido vendido al arquitecto, pero que aún no habían terminado el papeleo. Fue citada a la comisaría a declarar, pero en su lugar llegó Francisco, hermano de Uribe quien era abogado y socio de la reconocida firma colombiana Brigard y Urrutia, el bufete más prestigioso de ese país. Francisco, en cuanto se enteró de la gravedad de las acusaciones, llevó a los peritos a la vivienda oficial de Rafael, omitiendo que este tuviera una segunda propiedad. Al no encontrar nada regresó a su hogar y dejó de contestar las llamadas de la policía, eso hasta casi las siete de la tarde, cuando le cuenta a los funcionarios que está trasladando a su hermano a una clínica por una sobredosis de cocaína y alcohol y que la menor había muerto “a causa de un accidente”.

Solo cuando dejó a Rafael en la clínica, llevó a los policías al dúplex. Ahí encontraron el cadáver de Yuliana, en el compartimento hidráulico del jacuzzi. La niña estaba desnuda, con sus mejillas brutalmente mordidas, impregnada de aceite de cocina en el cuerpo y con graves signos de tortura, violación y estrangulamiento. La ropa y un zapato de la niña, como consigna El Mundo aparecieron escondidos en la cañería del baño. El otro zapato, en el Nissan de Uribe.

Encubrimiento y tráfico de influencias

“Han manipulado la escena del crimen”, determinó la Fiscalía colombiana, quien pidió 60 años de cárcel para Rafael. También dudaron de su sobredosis, ya que se presume que lo habría realizado después del crimen para aducir que estaba bajo los efectos de estupefacientes.

Por medio del conserje del dúplex, Fernando Merchán, se supo además que Francisco Uribe y su hermana Catalina habían ingresado a las 15.40 al lugar, cuando la niña ya estaba muerta. La hora calza con la declaración que dio una vecina, quién relató que escuchó gritos desgarradores de una mujer. Podría tratarse de Catalina, la hermana de Uribe, al descubrir el cadáver.

La presión de las redes sociales y el debate público que se instauró en torno al crimen, catalogado como un reflejo del abuso de poder y la inequidad en Colombia, los motivos, como consigna el diario El Telégrafo se deben a que Uribe estudió en el Gimnasio Moderno, colegio de élite en Bogotá al que igual asistió Humberto Martínez, hijo del fiscal general, lugar donde se conocieron y fueron compañeros. Sumado a esto, la madre de Rafael, María Isabel Noguera, está casada en segundas nupcias con el ex embajador de Colombia en Estados Unidos, el influyente abogado Luis Carlos Urrutia. Francisco, el hermano del psicópata, trabajaba precisamente en el despacho de Urrutia hace 3 años, cuando fue acusado de apropiación indebida de más de 40 mil hectáreas de terrenos colombianos de alta productividad agrícola. Esta conexión de la familia con los sectores más poderosos de la sociedad colombiana y el repudio de la sociedad ante los vínculos llevaron a que Urrutia & Brigard, la firma donde actualmente trabajaba Francisco emitiera un comunicado desligándose del hecho y señalando que no prestarían asistencia jurídica a los hermanos.

El viernes 9 y sábado 10 de diciembre se sumarían dos nuevas tragedias al caso: el conserje del edificio se habría suicidado, dejando una nota que decía “Soy inocente, no quiero volver a la cárcel”, así se descubrió que el hombre había encubierto a Rafael, y se presume también que habría sabido de otros hechos violentos perpetrados por el arquitecto, sin descartarse anteriores infanticidios. En tanto, el sábado 10 apareció muerto el policía Cristián Camilo Santiago, quien fue encontrado con un balazo en la cabeza en la comisaría que atendió el caso de Yuliana.

Repudio social

El hecho movilizó a gran parte de la sociedad colombiana y en redes sociales se discutía que si el primo de la niña no hubiese identificado el vehículo de Uribe, testimonio que se sumó a grabaciones de vídeo que muestran cuando el tipo sube por la fuerza a Yuliana en el móvil, es muy probable que su crimen quedase impune. También llamaron a boicotear cualquier intento de la familia por usar sus contactos para agilizar una supuesta fianza o intervencionismo en el juicio.

En esta ocasión ni sus hermanos Francisco y Catalina pudieron encubrirlo, registrándose manifestaciones en el exterior de la clínica donde habían internado a Rafael por sobredosis y una supuesta demencia temporal.

Cientos de personas acompañaron a la familia de Yuliana en su último adiós. El funeral se desarrolló en su tierra natal, en el Tambo, y sus padres recordaron que era una niña alegre y estudiosa.