Una de las principales preocupaciones de los detractores del uso de transgénicos y biología sintética es la supuesta influencia que la industria biotecnológica ejerce sobre la academia, la ciencia y la política pública.

Las sospechas sobre la coaptación de las investigaciones en la materia han llegado a tal punto que existen términos populares para referirse a ello. Uno de ellos es la expresión Monsanto shill, término utilizado para referirse a profesores, científicos y políticos que son pagados para empujar ciertos productos.

Un nuevo estudio publicado en la última edición de la revista científica PLOS ONE, confirma las sospechas de los grupos anti transgénicos.

En el estudio, científicos del Instituto Nacional de Investigación Agrícola de Francia determinaron que los conflictos de interés pueden encontrarse en un gran número de artículos publicados sobre cultivos transgénicos, y cuyos resultados tendieron significativamente a ser más favorable para la compañía que lo financió.

La investigación analizó cientos de artículos centrados en la eficacia o la durabilidad de cultivos modificados genéticamente y los lazos que los investigadores que realizaban el estudio tenían con la industria biotecnológica, en términos de afiliación a una determinada compañía o por el recibo de fondos o pagos de estos.

El estudio se centró en artículos científicos referentes al maíz y algodón desarrollado por Monsanto, Syngenta, Dow AgroSciences y DuPont Pioneer. En dichos cultivos se ha insertado una toxina resistente a plagas llamada Bacillus thuringiensis, o Bt.

De acuerdo a la investigación, el 40 por ciento de los artículos sobre cultivos transgénicos muestran conflictos de interés en cuanto a los lazos entre los investigadores y la industria. A su vez, en comparación a publicaciones con ausencia de conflictos de interés, la presencia de estos se asoció con un 50 por ciento más alta frecuencia de resultados favorables a los intereses de la empresa de cultivos modificados genéticamente.

Esto significa que los conflictos de intereses no sólo son omnipresentes en la investigación de organismos modificados genéticamente, sino que además podrían distorsionar las conclusiones científicas respecto, en este caso, a la eficacia y/o durabilidad de este tipo de cultivos.

Thomas Guillemaud, autor principal y director de la investigación, señaló en declaraciones a AFP que él y su equipo encontraron 579 artículos que indicaban claramente si había o no conflicto de interés financiero.

De acuerdo a Guillemaud, de los 350 artículos sin conflictos de interés, 36 por ciento fueron favorables a las empresas de cultivos transgénicos. Sin embargo, de los 229 estudios con un conflicto de interés, el 54 por ciento fueron favorables a las empresas biotecnológicas.

Para el autor del estudio otras características y consecuencias de los cultivos transgénicos, incluyendo las relacionadas con el medio ambiente y la salud de las personas merecen una análisis similar.