El profesor de Filosofía de la Usach, Jaime Retamal, escribió una incisiva columna donde ironiza sobre un nuevo tipo de cuico que ronda por las esferas de poder del país.

No es uno cualquiera, es uno con influencia y que tiene a la prensa como aliada para esparcir sus ideas. Son intelectuales y traen ideas supuestamente originales y alejadas del bullicio de la calle. El académico les llama los “cuicos calmos”.

“Es una elite que tiene el privilegio de ser liberal progresista al mismo tiempo de ser dueña de medios de producción cultural o que –si no– anda por ahí, siempre bien instalada al lado de editores claves, periodistas influyentes y empresarios de bien, esos que, según su decir, viven preocupados de temas país”, explica en su texto publicado en El Mostrador.

“A esta elite biempensante, a estos cuicos, les molesta el grito, el griterío agudo, la tesitura que escapa a la moderación de tono grave que ellos eventualmente practicarían. Son unos guturales confesos. Les molesta la protesta que se sale de madre; les da una urticaria profunda la funa que difama y pone en evidencia; oculto en los meandros de su inconsciente cuico, esconden un sentimiento de temor ante tanta revuelta jacobina que quiere cortar cabezas: se ven ellos mismos ante la escena parisina desprovista, eso sí, de todo glamour”, dispara Retamal.

Pero para el académico esta figura tiene algunos representantes icónicos. Así nombra a Patricio Fernández, director de The Clinic y a Matías Rivas, director de publicaciones de la Universidad Diego Portales.

“Es así, toda esta protesta continua, ya la encuentran rasca. De bajo pueblo. Irracional. Tanta protesta, tanto “ruido atmosférico”, y por tantas cosas además desprovistas de evidencias, de argumentos económicos y, más allá, sin fundamentos sociológico-filosóficos, que se toman las calles a cada rato, y que no lo dejan a “uno” caminar de flâneur por Santiago o tomarse un café tranquilo”, ironiza el columnista.

“Lo nuevo es que a ese malestar ahora se suma un discurso. Patricio Fernández, vocero de este cuiquerío, tuiteó: “El defecto intelectual del momento es la sobredimensión, el destemple, el desprecio por la calma”. Ya antes, Matías Rivas había dejado evidenciar su posición en una columna en la que se quejaba de los reyes de la moralina, pero que en el fondo iba en esta misma línea de malestar ante tanto griterío. Lo nuevo es el discurso laudatorio a la calma”, explica.

“El problema de los ‘cuicos calmos’ es pura basura subprime. Burbuja de metro cuadrado. Discurso para la barra brava del empresariado. Lo urgente en Chile simplemente no puede esperar. Fueron en verdad los “jacobinos de la excelencia”, los neoliberales revolucionarios de los 70 y los 80, los tecnócratas progres de los 90 y del nuevo siglo, los que crearon este caos social. Eso requiere celeridad, griterío, calle. Si no, la élite, con su cuiquerío calmo y versallesco, simplemente no escucha”, agrega.

“No es resentimiento. Es la metáfora forzada por el único género posible hoy en Chile: el libelo difamatorio. La ironía como forma de acción política”, culmina.