Sin viejo pascuero ni juguetes y con más frutas y carrete. Así era la navidad del pueblo chileno hace cien años.

A partir del siglo XIX, el epicentro de las celebraciones navideñas de Santiago era la Plaza de Abastos, donde hoy está emplazado el Mercado Central. Por el tamaño, se fue desplazando hacia la Alameda. Y la cosa se celebraba al estilo dieciochero.”Desde todos los lugares aledaños de Santiago llegaban los tenderos y venteros con sus frutas, flores, fritangas, horchatas, helados y dulces“, señala Sanfuentes en su investigación. En las fiestas había mucho alcohol y se bailaba zamacueca, que en la época era considerada un baile erótico, según relata este reportaje de El Definido.

“La celebración era pública y popular”, dice Hermosilla, agregando que tampoco se diferenciaba tanto por clases sociales. El momento peak era la Noche Buena. “Los ánimos se preparaban para pasar una noche en vela, paseando, comiendo, bailando, en buena parte en torno al consumo”, afirma la historiadora Elisa Silva,

En términos religiosos todo era muy distinto también. En vez de la misa, se celebraba la “bullanga de Navidad”, una liturgia popular con orígenes en la Colonia que captó la atención de más de un extranjero, dice Sanfuentes: “hasta las iglesias llegan las personas con gallinas y cerdos vivos que son golpeados para hacerlos cloquear y chillar. Otros tocaban pitos y cuernos o metían bulla con matracas produciendo un terrible ruido que duraba toda la noche”. Así se buscaba recordar el establo donde había nacido el niño Dios.

“Este terrible ruido continuaba hasta después de medianoche”, relataba un viajero a principios del siglo XIX, “entonces un niño vivo era presentado y el cura que oficiaba la misa, proclamaba el nacimiento de Cristo… el ruido de los fatales cuernos, pitos y matracas seguía toda la noche por todos los barrios de la ciudad”. Desde mediados del siglo XIX, la práctica se fue prohibiendo en las arquidiócesis de las grandes ciudades como forma de represión a la “religiosidad carnavalesca”.

¿Y los tradicionales regalos? Según el historiador Matías Hermosilla “lo que se regalaba eran losas de las monjas clarisas y principalmente ‘los primores’, primeras frutas de temporada que simbolizaba regalar lo mejor de nuestra tierra y de nosotros”. Sandías, duraznos, frutillas, ciruelas y brevas eran los regalos usuales en las calles de Chile, como símbolo de una cultura centrada en la agricultura. Los jueguetes empezaron a llegar a fines del siglo XIX y eran para los más acomodados.

¿Y el viejito pascuero? Antes no existía: “como símbolo navideño, empieza a insertarse con mayor fuerza durante la década de 1920, por el asentamiento del cine y las revistas de entretenimiento y espectáculos como Zig Zag o Ecran”, señala Hermosilla.