No es la primera vez que me cuestiono sobre el perdón y la necesidad de realizar este acto en muchas situaciones de mi vida. Muchas veces he reflexionado incluso sobre la necesidad de olvidar para dejar de sentir dolor, pero todas las veces vuelvo a pensar que es necesario recordar, porque si no lo hago, corro el riesgo de repetir los errores que me llevaron a sufrir y a cuestionarme sobre el perdón.

El perdón no es uno solo. El perdón tiene muchas caras, momentos y actores diferentes. Entre los muchos perdones que imagino están el pedido de perdón que le hago a otro por algo que le hice y honestamente me arrepiento por haberlo hecho.  El perdón que le concedo o que me concede alguien cuando le pido perdón por haberlo herido por acto u omisión y por último y quizás el más difícil, el acto de perdonarme.

No es fácil perdonar, cuesta bastante pedir perdón, mucho más difícil es perdonarse, pero hay algo imposible de realizar y esto es intentar exigir el perdón. El perdón se concede.

El perdón siempre será un acto individual, un acto en primera persona. Sólo yo puedo perdonar, pedir perdón y perdonarme, por lo tanto cualquier intento de pedido de otro u otra que no esté involucrado en el proceso es en vano.

El perdón no es algo que una institución, iglesia o gobierno pueda pedir por los actos cometidos por otros. El perdón sólo puede ser pedido cara-a-cara entre seres de carne y hueso.  El perdón sólo puede ser pedido por quien cometió el acto y concedido por quien se sintió afectado, herido o agredido. Un gobierno, un juez, un cura o cualquier otro pueden pedir o conceder un indulto, no el perdón.

Cuando algunas personas piden que perdonemos a criminales, torturadores y violadores de derechos humanos, lo que están haciendo es pedirnos que realicemos un acto imposible. Perdonar lo imperdonable. Imperdonable porque no tengo el derecho de perdonar por otros ya que solamente quien vivió cada una de las torturas cometidas, cada uno de los horrores sufridos puede hacerlo.

Aunque en nuestra intimidad seamos capaces de perdonar e incluso perdonarnos por todo el dolor y el sufrimiento que nos causaron, no hay excusa para que, institucionalmente, se nos exija perdonar.

El perdón, cuando es un acto verdadero es íntimo y no necesita de portavoces, misas, curas o titulares en diarios. El arrepentimiento necesario para el perdón requiere algo de vergüenza por el acto cometido y esta vergüenza no se manifiesta con fuegos artificiales, bombos y platillos anunciándola y lo que es peor, pidiendo algo a cambio.

Una vez más, terminando este difícil año 2016 me cuestiono sobre el perdón. Una vez más siento que si es necesario perdonar errores, pedir perdón por los errores que cometí y principalmente aprender a perdonarme, pero no acepto que me impongan que perdone a quienes no han sentido vergüenza por los actos que realizaron. No acepto, ni creo que sea posible, que me pidan que perdone a quienes no le han pedido perdón a cada una de las victimas de sus actos.

Como dijo Manuel Guerrero en su emocionante carta, pido para los asesinos justicia, nada más.


Psicóloga