El presbítero, quien fue un férreo defensor de los derechos humanos en dictadura, y que además fuera torturado y expulsado del país en ese tiempo, señaló que ha pagado un precio muy alto por haber confirmado su asistencia a la misa que se desarrollará hoy en Punta Peuco.

Puga conversó con La Tercera, insistiendo en la necesidad de que el país tenga gestos de reconciliación. Al ser consultado acerca de lo que espera de la ceremonia, indicó que espera que sea “un paso leal y honrado” de quienes van a tener ese gesto, pidiendo que éstos se pongan la mano en el corazón y piensen en el dolor de las víctimas y sus familias, recordando el caso de Haydée, con quien habló hace poco, madre de una mirista que fue detenida después del Golpe. “Tenía tres meses de embarazo en la Escuela Naval de Valparaíso y abrieron su vientre con un corvo y sacaron al niñito dentro de su vientre. Me dijo: “Llevo 40 años con el dolor. ¿Podemos hacer algo? Y nos fuimos a la bahía de Valparaíso a altamar, lanzamos unas palomitas y le pedimos al Señor que pudiera descansar en paz. Eso pasó hace 15 días”.

Recibo correos y para muchos soy un traidor y dicen que me he olvidado de los desaparecidos y torturados. Sé en qué me meto, porque estamos en un Chile herido. Hemos perdido la confianza entre unos y otros. Porque nadie ha sido capaz de pedir perdón y las víctimas han acumulado dolor, rabia, venganza. Y es duro, porque el principal responsable de ese gobierno murió en su casa”.

“Ellos son mi familia. No todos comprendieron mi gesto, pero igual nos respetamos. Esto tiene un precio muy duro y me ha dolido. Pago el precio de que mis propios amigos a quienes he acompañado no comprendan lo que hago”, indicó el sacerdote.