Al pensar en la figura de Alejandro Guillier, uno no puede dejar de pensar en Michelle Bachelet en su primera candidatura presidencial. Un personaje carismático, irrumpiendo en el mundo político con un aire renovador y atrayendo hacia si, a la ciudadanía ansiosa de cambios, pero sin una idea clara de cuáles o en qué medida, solo guiados por la sensación de que la dinámica de las cosas, tal cual se han dado, no los satisface. Hoy se presenta en las encuestas como el competidor con más posibilidades, frente a un Piñera que, a pesar de los conflictos legales y de intereses, que lo han perseguido siempre, se ve como el candidato seguro de la llamada derecha. Sin embargo, la gran trampa de las encuestas, y que pareciera ser lo que entienden claramente el resto de los aspirantes de la Nueva Mayoría, es que están hechas pensando en el futuro candidato, en el contexto de una elección definitoria, de ‘la’ elección, en donde los ciudadanos se movilizan por ir a elegir a ‘su’ presidente. Consultados así, vemos a un Guillier incrementando su apoyo de manera exponencial y, en consiguiente, sumando portadas y cobertura de medios, lo que aumenta su exposición y sus posibilidades de generar apoyo. Pero el asunto es que, para llegar a ‘esa’ elección, deben darse una serie de situaciones, de las cuales, la primera y fundamental, considerando la estructura de nuestro sistema político, es la elección primaria, para elegir al candidato único del bloque, y he aquí que está el gran problema, y la encrucijada.

Si bien Guillier no es militante del Partido Radical, ha reconocido su cercanía, obtuvo su escaño por cupo radical, y, en general, se le identifica de manera directa con ese partido. Es más, él fue rostro de la última campaña municipal, en dónde los radicales obtuvieron un aumento significativo de su representación electoral, por ende, han tomado como propia la expectativa de un abanderado presidencial, al punto de que es segura ya su proclamación para inicios del 2017. Pero sucede, que por más exitoso que haya sido el resultado electoral en los últimos comicios, los radicales siguen siendo un partido del 7%, muy por debajo de sus socios de coalición, con una presencia en el ‘poder’ a nivel nacional, más bien marginal. Esto hace que sus pretensiones de abanderado, necesariamente deban enmarcarse dentro de la Nueva Mayoría, por la imposibilidad de generar un aparato electoral eficiente, por si mismos, que les permita pensar en competir en una eventual primera vuelta. Siendo así, Alejandro Guillier deberá medirse en una primaria, con uno, dos o más candidatos, para luchar por el cupo único disponible.

Hoy podemos ver a un Lagos disminuido, a un Insulza inexistente, y a varios otros que, o están o ansían estar. Las encuestan no los favorecen y, a un ojo inexperto, cuesta creer que sigan en carrera, cuando están 10 o 15 puntos debajo del más cercano. Pero el asunto es que, en una elección primaria, no sucede ni por cerca lo que uno podría ver en una elección regular. En este contexto, las maquinas partidarias tienen un peso definitorio. La cantidad de alcaldes, concejales, personeros de gobierno, militantes, y, por qué no decirlo, la capacidad económica, determinarán las posibilidades que cada uno de los competidores tenga de alzarse con el triunfo. Aquí, las encuestas valen de poco, porque la gente que ha participado en ellas, es poco probable se movilice para hacerse parte de primarias, que por más abiertas que sean, se circunscriben a un universo muy específico de electores, acotado, en donde la preferencia está definida por elementos que tienen que ver menos con el discurso, las propuestas o el programa, que con la afiliación o tendencia política. Sabiendo esto, las posibilidades de un Lagos, por ejemplo, en el mundo militante, aumentan con la misma fuerza con la que Guillier concita apoyos en la ciudadanía extra partidaria.

El apoyo del PS y el PPD a la opción Lagos, que a estas alturas es casi un hecho, resulta en endosarle cerca de la mitad de la ‘representación’ que posee la Nueva Mayoría. Así, hoy Guillier cuenta con el apoyo expreso del PR, un 7%. El PC no se ha decidido, pero manifiesta cada vez más distancia con la coalición. Queda la DC, y aquí vemos como, una vez más, ha logrado tener, podríamos decir, el sartén por el mango.

A pesar de que han ido disminuyendo de manera sostenida su votación, los democratacristianos siguen siendo el partido principal de la Nueva Mayoría. Como ha sido su tónica, y no solo de ellos, pues es un fenómeno cada vez más presente en todas las colectividades, coexisten dentro de sí, una serie de tendencias, muchas veces contrapuestas, algunas de las cuales bogan por una opción presidencial propia. Con dos presidentes en la historia post dictadura, y con una presencia fuerte y permanente en todos los gobiernos, desde la vuelta a la democracia, resulta comprensible su aspiración, sin embargo, no han logrado posicionar ninguna carta, que resulte mínimamente competitiva, en ningún contexto. Las sucesivas directivas han debido lidiar con esta carencia y lo han hecho de muchas formas, la mayoría, que han terminado por fragmentar aún más al partido. La catastrófica candidatura de Frei, podría ser el corolario de estos intentos.  Hoy se debaten entre presentar nuevamente una opción propia, condenada al fracaso, o sumarse a una candidatura con mayor futuro, pero de un hombre fuera de sus filas, y las opciones son solo dos, Lagos o Guillier.

Lagos representa el antiguo espíritu concertacionista, la política cupular, eficiente y efectiva, pero fuertemente rechazada por la ciudadanía, o por la nueva generación de ciudadanos, post 90. Guillier representa la política ‘nueva’, más cercana a la gente, nuevamente, post 90, con un fuerte acento publicitario, con una mezcla de retórica clásicamente socialdemócrata, pero con toques post modernos. El tema está, en que la única forma que tiene Guillier de ganar una primaria al interior de la Nueva Mayoría, es concitando el apoyo democratacristiano, y, para hacer eso, deberá negociar con el partido en su conjunto y generar un programa de trabajo, o de gobierno, como se quiera, que considere las diversas, y poderosas, posturas, que se debaten en su interior, y que, innegablemente, muchas de ellas, no generan en absoluto el apoyo ‘popular’.

Si la DC opta por un candidato propio, perderá en todas las instancias, sin duda. Mantendrá su orgullo, quizás potencie la cohesión interna, pero al final, perderán gobierno. Si la DC se inclina por apoyar a Lagos, se suma a un proyecto conocido, doloroso, pero que le resulta cómodo. Este apoyo, ciertamente, aseguraría su victoria en la primaria y la lucha en la elección general, pero Lagos es el candidato débil, que seguramente perdería ante Piñera. Si deciden apoyar a Guillier, estarían optando por un candidato más a la izquierda de lo que acostumbran, lo que causaría una enorme crisis interna, como ya lo ha adelantado Mariana Aylwin, pero aseguraría su nominación y con buenas posibilidades de un nuevo gobierno. La cuestión aquí es, quién está más interesado en este apoyo, ellos o Guillier.

La imposible de obviar negociación que se dé – que se está dando – pondrá a prueba al candidato. La DC no va a transar, saben que la única opción de Guillier de lograr la nominación depende de su apoyo y, por lo mismo, saben que pueden cobrar caro. Esto va más allá de la cantidad de ministerios, cargos y etcéteras, en lo que está muy interesado el PR, que se puedan lograr, una vez se obtenga el gobierno, sino que tiene relación directa con el programa que se propondrá a la ciudadanía. Guillier ha manifestado su intención de continuidad de las políticas de la presidenta Bachelet, pero estas políticas tienen un amplio rechazo dentro de la DC, especialmente las referidas a temas tributarios y gratuidad educacional. ¿Estará dispuesto Guillier a asumir una postura más neoliberal y conservadora, por lograr este apoyo? ¿Hasta qué punto, un acuerdo político, que asegure su candidatura, podría afectar su ascendencia sobre la ciudadanía? ¿Estará dispuesto a transar con la política ‘tradicional’, con tal de llegar al poder? ¿Cuál será el costo que deberá pagar el Partido Radical, por obtener este apoyo? ¿Sucederá que al final ´su´ candidato, termine por optar por acercarse a un conglomerado más organizado, mas desplegado y con más capacidad, electoral y económica, que ellos?

Estamos viviendo cambios profundos en nuestro país. La generación que vivió, sufrió o, incluso, conoció, la dictadura y el Chile de ese tiempo, ya está muriendo. La modernidad nos está exigiendo adaptaciones, que, a nuestra cultura, tan marcada por una historia de segregaciones y clases no reconocidas, le cuesta asimilar, pero siente que son necesarias. Guillier ciertamente surge como una figura fresca, con altura profesional y moral, que tan necesaria resulta en estos días, pero se enfrenta a estructuras tan complejas, a un sistema político tan anquilosado en formas del pasado, que resulta difícil visualizar, que transforme en hechos, y gobierno, todo ese potencial. El escenario que se viene, será muy interesante.


Asistente Social @arieltoledo