«Cuando se admite la opresión, se necesita saber y experimentar el hecho de que una puede constituirse en sujeto,
que una puede convertirse en alguien a pesar de la opresión, que una tiene su propia identidad.
No hay lucha posible para alguien privado de una identidad, carece de una motivación interna para luchar,
porque, aunque yo sola puedo luchar con otro, primero lucho para mí misma»
Monique Wittig (1992)

El último año ha sido ingrato desde muchos puntos de vista. Y decir ingrato, si queremos poner el foco en temas de género, específicamente de violencia contra la mujer, es quedarnos cortos. Basta recordar con que hace un par de meses atrás, la palabra femicidio empezó a estar en boca de todo el mundo, el hashtag #NiUnaMenos a viralizarse rápidamente y temas como vivir en una sociedad patriarcal empezaron a priorizar nuestras conversaciones. Y eso no fue azaroso. La lucha constante de un montón de agrupaciones feministas llegó a un clímax bastardo con el caso del femicidio de Lucía Pérez en Mar del Plata, Argentina. Su macabro caso conmocionó tanto a la opinión pública que, por fin, comenzó a adoptarse una postura de tolerancia cero ante los hechos de violencia contra la mujer, y hacer eco de las consignas que desde hace mucho tiempo el movimiento feminista viene gritando, y que burdamente habían sido invisibilizados y denostadas tanto por la prensa mercurial como por nuestros cotidianos actos republicanos (al punto de banalizar el movimiento y su lucha). Gracias a que el movimiento tomó fuerza, tanto a nivel de convocatoria como de reacción a través de redes sociales, comenzaron hacerse públicas las alarmantes y desgarradoras cifras de denuncias por maltratos y de femicidios, llevando la conversación de cómo queremos seguir construyendo nuestra sociedad a todas las instancias.

Históricamente, la música popular no ha estado ajena a la temática de la violencia contra la mujer, y ha aportado con canciones al debate de esta problemática, para tratar de que el tema esté en primera plana de manera transversal, y no sea –como algunos han querido- una lucha caricaturizada de sólo grupos de mujeres feministas -a pesar que a ellas les debemos mucho- sino una consigna que debemos enfrentar en conjunto como pueblo.

Estilos como el rock, el jazz, el pop y el rap, a pesar de ser considerados históricamente como portavoces de la condición patriarcal de la sociedad, y criticados incontables veces por algunas de sus performances y mensajes ligados al machismo más espantoso, son estilos que han aportado con excelentes canciones a la causa contra la violencia de género. Femicidios, condenas vergonzosas, empoderamiento feminista, violencia física, sicológica y social, son algunas de las temáticas tomadas por diversos artistas para perpetuar, a través del arte musical, la lucha de nuestras mujeres, para llegar a entender de una vez por todas, lo nefasto de seguir siendo cómplices pasivos de la violencia machista. Ni sumisa ni obediente, mujer fuerte, insurgente, independiente y valiente.

Acá les dejamos 10 canciones paridas para ser parte de la banda sonora de la lucha contra la violencia contra la mujer. 10 canciones con ovarios.

1. ‘Nunca Más A Mi Lado’ (No Te Va Gustar, 2010)

Esta es una canción que narra la historia de una mujer que es golpeada por su pareja, “por amor” (“La golpeó, puso un fierro en su pecho”), pero que finalmente puede escapar de ese infame calvario (“El valor y el amor, los dos juntos pudieron ganar / Chau adiós agresor”). Los uruguayos NTVG no sólo la compusieron, sino que fueron más allá. En 2011, crearon una campaña de denuncia y prevención de la violencia doméstica contra la mujer, como línea directa de acción para sensibilizar y visualizar esta problemática, logrando muy buenos resultados en la sociedad charrúa. Incluso, hicieron una segunda versión de la canción, con distintos músicos invitados y una introducción brutalmente certera realizada por del escritor Eduardo Galeano: «Hay criminales que proclaman tan campantes “la maté porque era mía”, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los súpermachos tiene la valentía de confesar “la maté por miedo”, porque al fin y al cabo, el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo».

2. ‘Caroline Says (II)’ (Lou Reed, 1973)

Berlin es uno de los discos más decadentes y depresivos de la historia, que narra sobre el suicidio, la autodestrucción, la violencia y el sexo, a través de las historias de Jim y Candy, una pareja psicótica situada en la capital alemana. Él, proxeneta y maltratador. Ella, prostituta y drogadicta. Dos personajes en decadencia, en donde vamos conociendo y sintiendo su maltrato cotidiano, su desesperación y su caída social. Aún así, uno oprime al otro. La historia no cambia. Lou Reed ofrece una afligida letra que describe cómo el hombre golpea a su pareja “por diversión” (“Why is it that you beat me? – It isn’t any fun”), despachándose en esa intención una frase que es fotografía del momento en cuando un hombre pierde su humanidad: “Caroline says – As she gets up from the floor: / You can hit me all that you want to / But I don’t love you anymore”, mientras la mujer violentada reflexiona sobre su destino tras la agresión: “Life is meant to be more than this / And this is a bum trip / – But she’s not afraid to die”. La muerte como salida, como un final más digno que el maltrato, la humillación, la vejación.

3. ‘Delia’s Gone’ (Johnny Cash, 1994)

Esta es una canción que perturbaba a Johnny Cash desde los 60, tanto así que la grabó 4 veces en toda su carrera. La última versión fue para su disco American Recordings en 1994, y la eligió como single, cuyo video fue realizado por Anton Corbijn y protagonizado por Kate Moss. La letra, que adaptó Cash del tradicional folk (que data de comienzos del siglo XX), narra el asesinato de Delia, atada a una silla por su amante -quien la acusa de infidelidad- y que le dispara dos veces (“First time I shot her I shot her in the side / Hard to watch her suffer / But with the second shot she died”); la historia continúa con el verdugo en prisión, confesándose con el carcelero, sufre de insomnio porque escucha los pasos de Delia. Aún pese a su condena y posible arrepentimiento, el asesino no asume conciencia de sus actos, y es más, los naturaliza, teniendo la desfachatez de aconsejar: si tu pareja es una mujer “diabólica”, o la dejas ir o la matas, como él lo hizo con Delia (“So if you woman’s devilish / You can let her run / Or you can bring her down and do her / Like Delia got done”). A pesar que ya este relato es escabroso, la historia real en la que se basa la canción es aún más perturbadora. Delia Green tenía 14 años cuando fue asesinada por su primo Mose Houston, de 15, aparentemente por rechazarlo y reírse de él. Mose fue ajusticiado y pasó 15 años en prisión por ese crimen. Delia fue enterrada en una tumba sin nombre en el cementerio de Laurel Grove. ¿Cuántas veces leímos esta historia en pleno 2016?

4. ‘Four Woman’ (Nina Simone, 1966)

Tan desgarradora como tremenda. ‘Four Woman’ es más que una canción, es un manifiesto de la grandísima compositora Nina Simone, que a su vez, con el tiempo se ha convertido en un Icono del movimiento feminista. En plena tensión racial en EE.UU. en los 60, cuando ser mujer y afrodescendiente equivalía a ser una paria de la sociedad, Nina se pone en la piel de cuatro mujeres para describir, en pocas palabras, las secuelas de la violencia (“My back is strong / Strong enough to take the pain / Inflicted again and again”), de la violación (“My father was rich and White / He forced my mother late one night”), de la prostitución (“My hips invite you / My mouth like wine / Whose little girl am I? / Anyone who has money to buy”) y de la esclavitud (“I’ll kill the first mother I see / My life has to been rough / I’m awfully bitter these days / Because my parents were slaves”). Su voz agónica y su piano se mantienen bajo tensión, junto a la línea de contrabajo, que explotan al final. Todo en sintonía con el relato brutal y explícito, que se hace angustioso y acusadoramente real, porque desgraciadamente, la canción esconde un mensaje desolador: ser mujer en este mundo es una lucha constante.

5. ‘Respect’ (Aretha Franklin, 1967)

A esta altura, resulta impertinente que una de las aseveraciones de respeto sea «miedo». Por suerte, tenemos a Aretha Franklin, quien le da a la palabra una significación de verdadera equidad y libertad. Original de Otis Redding, ‘Respect’ se ha transformado en un himno por la igualdad de género gracias a la súbita interpretación que le dio Aretha desde que la grabara en 1967, de paso, haciendo suya la canción. Porque si Otis pedía igualdad desde su posición de hombre y con una connotación tradicional del estima, la reina del soul cantaba desde su sitial de mujer empoderada, afroamericana y talentosa, reclamando el fin de un orden injusto con una impresionante autoridad (“All I’m askin’ / Is for a little respect when you come home”). Un gol de media distancia para la lucha feminista. Se cuenta que la inspiración para esta interpretación vino de su problemático matrimonio, viviendo la indiferencia en casa. Es esa rabia contenida la que transmite con tanta fuerza y convicción. Sabemos que Aretha nunca habría consentido en ser una mujer despreciada ni ignorada. Su segundo nombre era «respeto». Y ese es su gran legado.

6. ‘Antipatriarca’ (Ana Tijoux, 2014)

Lo escribió en su Facebook la propia Ana Tijoux el 19 de octubre, el día de la primera gran marcha #NiUnaMenos: «Antipatriarca es un manifiesto a la injusticia que se vive a diario por el hecho de ser mujer, nos hicieron sentir toda una vida culposas y culpables de serlo, reivindicarnos cuando no debiera ser, pero es, es un tema controversial hoy en día, a diario el sistema nos violenta, a diario el patriarcado nos violenta, ‘Antipatriarca’ que sea gritado fuerte en todos los rincones nos hace sentir vivxs, sentir que aún existimos seres pensantes, la violencia de género está tan instaurada en este mundo que con estos pequeños himnos o como quieran llamarlos, reivindicamos nuestro cotidiano». La verdad, no hay mucho más que agregar. La canción es enorme, preciosa, subversiva, feminista. Es empática al dirigirse a los hombres (“Yo puedo ser tu hermana tu hija, Tamara Pamela o Valentina / Yo puedo ser tu gran amiga, incluso tu compañera de vida”), sin perder su carácter igualitario (“Pero no voy a ser la que obedece porque mi cuerpo me pertenece (…) / Yo no camino detrás de ti, yo camino de la par aquí”), ni su declaración de principios (“Tu no me vas a humillar, tu no me vas a gritar / Tu no me vas someter, tu no me vas a golpear / Tu no me vas denigrar, tu no me vas obligar / Tu no me vas a silenciar tu no me vas a callar”). Su sonoridad latinoamericana es un valor agregado más, que la hace aún más integradora y comunitaria. Un verdadero himno en tiempos que no debemos parar de gritar «¡ni una menos!».

7. ‘Corazones Rojos’ (Los Prisioneros, 1990)

Un himno en forma de crítica irónica al machismo. Quién otro que Jorge González para escribir sobre la cultura patriarcal imperante en la nación. ‘Corazones Rojos’ es más que una metáfora, incluso más que una mera sátira escrita aún en dictadura (1988), esta composición es una cruda proclama pública pro-feminista, la primera canción nacional contra la violencia de género. Y si bien se plantea el punto de vista del hombre discriminador y dominante, que jamás se ha cuestionado las desigualdades de género (“Eres ciudadana de segunda clase / Sin privilegios y sin honor”), son todas esas visiones expuestas sobre el rol de la mujer (“Búscate un trabajo, estudia algo / La mitad del sueldo y doble labor / Y si te quejas, ahí está la puerta / No estás autorizada para dar opinión”) y sobre la construcción de la sociedad heteronormativa (“Seguirá esta historia / Seguirá este orden / Porque dios así lo quiso / Porque dios también es hombre”) las que hacen de la canción un llamado al despertar femenino, a la manifestación por la lucha de los derechos de las mujeres como clase oprimida. No por nada el Diputado Gabriel Boric la citó en una sesión en el Congreso Nacional cuando se discutían las 3 causales de la Ley de Aborto.

8. ‘Woman Is The Nigger Of The World’ (John Lennon, 1972)

Es de conocimiento público que John Lennon, después de conocer a Yoko Ono, abrazó la militancia política. Lo hizo desde una vereda cuasi-anarquista, abogando principalmente por la paz, y también, tomando la posta de la lucha feminista, declarando que “no podemos hacer una revolución sin incluir a las mujeres”. Uno de sus guiños anti-patriarcales más llamativos fue usar el apellido de su esposa, pasando a llamarse John Winston Ono Lennon. Un gesto cargado de simbolismo, al ser Lennon y hacerlo en EE.UU. Para 1972, mientras componía el disco Sometime In New York City, el ex-Beatle tomaría una frase acuñada por la artista japonesa durante una entrevista en 1969: «woman is the nigger of the world», y compuso una canción que protesta contra el rol tradicional que tienen que ejercer las mujeres en la mayoría de las culturas alrededor del orbe, vista como un ser inferior, oprimido, y por eso usa el comparativo “nigger”, refiriéndose a los esclavos afrodescendientes que también han sido subyugados históricamente por la sociedad blanca, conservadora y machista. Su letra es una síntesis de la subordinación que viven cotidianamente las mujeres (“We insult her every day on TV / And wonder why she has no guts or confidence / When she’s young, we kill her will to be free / While telling her not to be so smart / We put her down for being so dumb”), que buscó crear espacios y difundir un discurso a favor de la emancipación de la mujer y la igualdad de oportunidades. Y para eso, Lennon encontró las palabras precisas, inspirándose en una famosa frase del revolucionario irlandés James Connolly, «the female worker is the slave of that slave».

9. ‘Woman In Chains’ (Tears For Fears, 1989)

Esta es una canción acerca de una mujer que se encuentra atrapada en una relación, intimidada por su pareja, un hombre de perfil posesivo. La letra desnuda el maltrato sicológico presente en la relación (“You better love loving and you better behave / Woman in chains”), en donde se naturaliza la sumisión de la mujer, cargando con el peso de su amorío, afrontando las mentiras, las debilidades y los fracasos de un hombre, a cambio del sueño idílico del romance perfecto (“Calls her man the great white hope / Says she’s fine, she’ll always cope”). Pero la canción tiene un vuelco esperanzador: el relato continúa con la mujer empoderada, decidida a no seguir encadenada, ahogada con las heridas de una relación tormentosa, donde es el hombre quien tiene problemas (“Well, I feel deep in your heart there are wounds time can’t heal / And I feel somebody somewhere is trying to breathe / Well, you know what I mean…”). Es entonces momento de ser libre y decir –gritar- que no tolerará más la nefasta cultura opresora de un mundo enfermo (“I will not accept the greatness of man / It’s a world gone crazy keeps woman in chains”). Esta última frase emancipadora se la debemos a Roland Orzabal, cantante de Tears For Fears, y autor de la canción, que escribió estos versos luego de revisar literatura feminista, donde descubrió la existencia de sociedades matriarcales, cuyas característica central es que son colectividades menos violentas. Con la mujer al centro, con los mismos deberes y derechos que un hombre.

10. ‘Every Breath You Take’ (The Police, 1983)

No son pocos los que consideran esta canción una romántica balada pop. Nada más lejos de la realidad. La séptima canción del sobresaliente disco Synchronicity de The Police es un single oscuro, que narra la manía de un hombre por su amante. Sting, su compositor, ha contado que la letra trata del amor no correspondido, y que la escribió en el tiempo en donde él y su entonces esposa se estaban divorciando. La temática gira en torno a un hombre perdido y desalentado, que cuenta cómo extraña a su pareja (“Since you´ve gone I´ve been lost without a trace / I dream at night I can only see your face / I look around but it´s you I can´t replace / I keep crying baby, baby please”), pero aquel sentimiento no es de amor, sino que obsesión por su ex-pareja. Sus celos enfermizos develan su verdadera personalidad, controladora y acosadora, al extremo de vigilar todos sus movimientos (“Every single day/ Every word you say / Every game you play / Every night you stay / I’ll be watching you”). Este siniestro personaje, incluso, manifiesta sin culpa su carácter posesivo, al negarse a aceptar la ruptura y la independencia de la mujer a rehacer su vida, poniendo siempre sus emociones por delante (“Can´t you see / You belong to me? / How my poor heart aches / With every step you take”). Esta canción refleja estremecedoramente bien ese primer paso de violencia machista luego del quiebre en una pareja. Lo que comúnmente comienza con acosos y seguimientos, luego pasa a golpizas, y termina muchas veces en femicidios. El machismo mata.

El playlist completo en Spotify: