Este jueves 28 de diciembre, Brandon fue sometido de urgencia a una nueva operación, la novena desde que fue acribillado por la espalda por un Sargento Segundo de Carabineros hace menos de dos semanas. Si bien no está en riesgo vital, su estado sigue siendo grave.

El domingo 18 de diciembre, Brandon Hernández Huentecol, adolescente mapuche de 17 años del sector Curaco, de la comuna de Collipulli, resultó gravemente herido tras recibir un impacto de escopeta en su espalda disparada por un efectivo de Fuerzas Especiales de Carabineros, el Sargento Segundo Cristián Rivera. La situación se desenlaza cuando Brandon trató de proteger a su hermano de 13 años que había sido reducido por el funcionario policial en el marco de un control de identidad en plena ruta R-49, que une Collipulli con Curaco, en la Región de la Araucanía.

La acción policial arrojó más de 140 proyectiles de perdigones en el cuerpo de Brandon, desparramados en diversos órganos de su cuerpo, con riesgo vital y sendas intervenciones quirúrgicas en la Clínica Alemana de Temuco para salvar su vida donde ha venido mejorando paulatinamente.

Sin embargo, el pasado miércoles 28 de diciembre, ante nuevas complicaciones, el joven debió ser sometido a una nueva intervención quirúrgica, la novena consecutiva, esta vez con una nueva compresa ya que tenía perdida de sangre. La operación comenzó a las 16,10 horas y salió de pabellón pasado las 12 de la noche.

Si bien, Brandon, de acuerdo a última información, no estaría con riesgo vital, su estado sigue siendo grave, mientras su familia acompaña día y noche apoyando su evolución. La madre del joven ha señalado que su hijo es un luchador por la vida, que ha debido enfrentar duros y difíciles momentos, incluyendo una operación al corazón hace un año donde le incorporaron un marcapasos y hoy está a la espera de una segunda operación. Hoy enfrenta este grave hecho de violencia con un atentado a su vida.

“En estos momentos es donde debemos estar más unidos que nunca (…) No nos dejemos vencer (…) Sabemos y sé que Dios está de nuestro lado. Muchas gracias a todos a la distancia. Un tremendo y apretado abrazo”, ha señalado Ada Huentecol, madre del joven, ante las múltiples muestras de cariño, afecto y respaldo de personas desinteresadas.

El caso de Brandon ¿Hecho aislado?

Cabe señalar que ha existido un amplio repudio a este actuar policial, que no es considerado aislado. En efecto, dos comuneros fueron baleados en la madrugada del lunes 26 de diciembre por funcionarios del Gope de Carabineros en el ingreso de la comunidad Kralhue de Tranaquepe, en Tirúa. Los uniformados dispararon al menos nueve balazos con pistolas 9mm a la camioneta en la que se desplazaban cinco comuneros, quedando dos heridos de gravedad: Renato Lincopan Cona, hospitalizado en Cañete con una bala 9mm en su hombro derecho. El segundo baleado, Jorge Colil, fue derivado a Curanilahue con una bala que se alojó en su abdomen.

Por estos hechos se mantienen detenidos con arresto domiciliario por orden de Fiscalía de Cañete a: Carlos Sepúlveda, Subteniente;  y,  Leonel Faúndez, Cabo Primero. Miembros de la comunidad han señalado que se trató de un ataque cobarde y premeditado.

En febrero de este 2016, ocho comuneros de la comunidad de Choque de Tirúa fueron torturados por carabineros, luego de ser emboscados en un camino rural de Tirúa. En marzo, Hernán Paredes Puen recibió cuatro escopetazos por la espalda luego que un grupo del Gope irrumpiera en la comunidad María Colipi. En mayo, agentes dispararon a escopetazos y a quemarropa a Ruth Meñaco Paine de la comunidad Caupolicán de Lleu Lleu, en presencia de sus dos hijos y a unos 10 metros de distancia. El hecho fue registrado por los comuneros con un celular y a pesar de la evidencia, la Fiscalía aún no formaliza al uniformado que perpetró el disparo, así como los otros casos señalados anterioremente.

La Red por la Defensa de los Territorios ha señalado los abusos y brutalidad policiaca se extreman cuando  amplias zonas quedan bajo verdaderos estados de sitios. “Aquí hay una abierta responsabilidad de los sectores que llaman a militarizar zonas rurales, con miles de uniformados para tal efecto y más de una treintena de unidades para tal fin,  donde el estado en vez de buscar caminos para la solución de conflictos a través de mecanismos con justicia y paz, opta por la presión de latifundistas colonialistas y empresas forestales y derrocha miles de millones de pesos para objetivos bélicos (…) Ellos son parte de la violencia estructural en la sociedad y estado chileno. Hay un profundo racismo detrás de todo esto. La violencia y los conflictos no los ha generado el Pueblo Mapuche y lo de Brandon y varios otros casos más son consecuencia de la violenta militarización que hay a comunidades del Pueblo Mapuche”.