Antes de que Papa Gregório XIII instituyera el 1º de enero como el primer día del año muchas culturas ya celebraban el inicio de un nuevo ciclo.  Desde los calendarios babilonios (2.800 a.C.)  hasta el calendario gregoriano que utilizamos hoy, la fiesta cambió de fecha muchas veces.

En Mesopotamia el primer mes, nisannu (marzo/abril) era muy importante ya que celebraban el festival de año nuevo.  Año nuevo porque se renovaban los ciclos de la naturaleza.  Asirios, persas, egipcios y fenicios celebraban el año nuevo en septiembre, mientras que los griegos lo hacían en diciembre.

En China todavía celebran la fiesta del nuevo año a fines de enero y la comunidad judía celebra Rosh Hashaná entre los meses de septiembre y octubre.

La mayoría de los países que celebramos el 1º de enero como el primer día del año, lo hacemos porque en 1582 la iglesia católica adoptó el calendario gregoriano.

El sentido de la conmemoración también ha cambiado con el tiempo y lo que era una fiesta para celebrar un nuevo ciclo de la naturaleza se fue transformando en una celebración de fuegos artificiales, mucha comida y supersticiones. Nuestra cultura despide el año que termina deseando muchas cosas para el año que empieza.

Por mi parte, aunque no creo que cambiar una hoja en el calendario, por una suerte de magia genere grandes cambios, también tengo deseos. Deseos que me han acompañado durante el año y que por un motivo u otro no se realizaron.

Deseo que en 2017 menos mujeres sufran por violencia machista. Deseo no tener que desear nunca más por menos femicidios y si celebrar que el mundo y mi país por fin los erradicaron.

Deseo que mujeres y niñas tengan el derecho a decidir sobre sus cuerpos, derecho a una vida digna que no las obligue a ser quienes no desean ser. Deseo que el derecho a aborto sea una realidad.

Deseo que quien es diferente de mi, ya sea por su orientación sexual, por su identidad de género o color de piel tenga el derecho garantizado de continuar siendo diferente de mi orientación sexual de mi identidad de género y de mi piel con derechos iguales.

Deseo que la justicia y quienes están a cargo de hacerla cumplir sea justa, nada más ni nada menos.

Deseo que la política sea un espacio de opiniones por derechos y no para fines lucrativos propios.

Deseo que en 2017 más hombres sean feministas y más mujeres entiendan lo que es el feminismo.

Deseo que los libros sean el mejor regalo de cumpleaños y que las armas dejen de ser un juguete en manos de niños.

Deseo continuar sintiendo vergüenza cada vez que un niño o una niña me pide limosna o limpia mi parabrisas.

Deseo que el verbo compartir se use más que el verbo competir.

Deseo, aunque sepa que mis deseos en esta época del año se deben solo a que un Papa decidió que lo hiciéramos en esta fecha, que desear se transforme en un acto concreto para poder realizarlos.

Deseo que quienes instauraron esta fecha como inicio de un nuevo año sepan que mujeres, hombres, niñas y niños deseamos durante todo el año.

Deseo que al final de 2017 pueda celebrar más y desear menos.

¡Les deseo un buen 2017!


Psicóloga