Este año 2017 comienza con toda la fuerza constituyente y emergente de la nueva política.  Cada uno de los partidos y movimientos políticos del Frente Amplio están en un proceso de introspección, pensando en las estrategias y bases ideológicas de cara a disputar el poder a los viejos partidos de la transición. En este momento decisivo de la vida política y social chilena las fuerzas progresistas tienen que enfrentar el desafío de romper las inercias heredadas por las viejas nociones de los partidos tradicionales, y una de ellas ha sido la valoración de lo público. Lo que siempre constituyó un punto de encuentro entre las fuerzas de izquierdas (el valor de lo público), hoy se constituye como una cuerda tensada, una controversia que marca las fronteras entre la vieja izquierda socialdemócrata y las fuerzas emergentes con un fuerte componente innovador.

Lo público siempre ha permanecido en tensión. Por una parte, la hemos asociado a la provisión “pública” (universal, en oposición a lo privado) de servicios sociales, y, por otra parte, como la deliberación “pública” (abierto, ciudadano, en un espacio “común”) que se suele ilustrar con el ágora griega, o los cafés ilustrados del siglo XVII.  Esta controversia en torno a lo público puede encontrar su punto crítico en el extravío de su sentido originario, que se debilitó a lo largo de los decenios del Estado del Bienestar, y que definitivamente se fundió en un solo sentido restrictivo y tutelado en los fatídicos años del neoliberalismo. Fueron precisamente los partidos socialdemócratas y neoliberales (con pequeños matices) quienes han desplazado lo público al espacio de la representación, dejando en el olvido su carácter comunitario y autónomo del poder.

La autonomía de lo público reivindica el juicio de los demás, y el valor de las comunidades locales en la definición y resolución de los problemas sociales. Lo público se ha confundido, y es nuestra tarea recobrar un nuevo sentido común entorno a esto. La incesante búsqueda del Frente Amplio del nuevo sujeto político-  que es imposible de representar (ya no hay que buscar representación, hay que buscar participación, implicación y compromiso)- que está definido en esa multitud de movimientos sociales con demandas relacionadas a temas concretos: feminismo, racismo, xenofobia, LGTBQI, migraciones, prostitución, drogas, estudiantes, tercera edad, economía del bien común, ecologismo, derechos de los animales, etc., constituye el espacio emergente de lo público, y que el Estado neoliberal ha marginado y reprimido. Las socialdemocracias encarnadas en los viejos partidos de la transición ya no constituyen una alternativa, un actor capaz de articular a una mayoría social heterogénea. Este nuevo sujeto político desborda las capacidades de representación política tradicional. Y precisamente esta incapacidad representativa está fundamentada en la crisis de la noción de lo público.

Que lo público recupere su autonomía tiene profundas consecuencias en la sociedad neoliberal: disputa el individualismo, incentiva la mentalidad cooperativa, y resulta fundamental en la construcción social realmente solidaria y resistente al ethos neoliberal. Así, la noción común de lo público no debe ser construido desde las instituciones, sino que debe emerger de la base social que conforma la dimensión de este nuevo sujeto político plural.

Lo público implica dar la palabra, dar el tiempo, dar la oportunidad de la experiencia. La nueva política tiene enorme desafío de proponer una nueva forma de construir lo público. Hay iniciativas que prometen en la edificación de una sociedad más solidaria y participativa, como el caso de los laboratorios ciudadanos (para saber más, véase http://medialab-prado.es/article/espacios-experimentacion-ciudadana) . Esta innovación está vinculado al concepto del procomún que emerge del empoderamiento de los afectados que reclaman derechos amenazados o destruidos. Con estas infraestructuras basadas en la idea de que lo público debe, también, pensarse y realizarse por fuera de las mallas del poder.

Lo público debe volver a recobrar su sentido autónomo, participado y comunitario. La izquierda debe pensar el modo en que valora lo público en tiempos donde hay una profunda crisis de la representación que ha viciado el vínculo entre la gente y sus instituciones.


Sociólogo (UCM)