Existente desde 1975, cuando fue fundada por el cardenal Raúl Silva Henríquez como centro de estudios plural en medio de la dictadura, la Universidad Academia de Humanismo Cristiano se adscribió al sistema de educación superior en 1988. Su rector desde 2015, el psicólogo Pablo Venegas, ha sido una voz disonante en el debate por la reforma a la educación superior entre los rectores de universidades no estatales.

“El escenario actual es de mucha incertidumbre porque el gobierno no ha logrado plasmar en un proyecto la reforma que se requiere”, explica el rector Venegas desde su oficina en el campus Condell de Providencia. “El proyecto presentado no logra el apoyo de ninguno de los actores y no incorpora a la pluralidad de actores que hoy participan del sistema universitarios, tampoco privilegia la opción de la educación pública. Todo lo contrario, permite que sigan existiendo instituciones universitarias que se basan en el negocio, que son grandes consorcios que logran hacer del proyecto universitario una empresa”, explica.

Con plena autonomía desde 1999, la UAHC se prepara hoy para un nuevo proceso de acreditación. Dentro de las etapas de ese proceso, este año deben presentar el informe de autoevaluación para aumentar los años de acreditación a fines de 2017. “Pensamos que la educación tiene que ser gratuita, y el gobierno lo planteó en un proceso a largo plazo. Es un buen primer paso, y si bien no estamos de acuerdo con todos los criterios de acreditación, aceptamos las reglas”, señala el rector, añadiendo que el objetivo institucional es “que nuestros estudiantes tengan gratuidad y estamos haciendo todos los esfuerzos para lograrlo para el 2018”.

-Estos días ha estado en discusión la reforma educativa por los resultados PSU. ¿Cómo ve el proceso de este año?
-Siempre se ha señalado que la PSU se remite mostrar cómo se segmentan los resultados por estrato socioeconómico, igual que el Simce, obteniendo los mejores resultados los estudiantes que han tenido las mejores oportunidades de aprendizaje. Entonces la PSU muestra de manera descarnada un problema que es de todo el país: la segregación social. No podemos pedirle a la PSU que muestre otra cosa si es uno de los grandes problemas que tenemos en Chile. Por eso un planteamiento a favor de la educación pública, como decimos nosotros, es un planteamiento a favor de quienes han tenido menos oportunidades de aprendizaje. Sin embargo, aquí se ha hecho todo al revés y sólo opera la lógica de mercado, donde la política estatal favorece el interés de cada uno.

“Las universidades altamente acreditadas perpetúan muchas veces la desigualdad”

-¿Qué diferencias ha tenido con el Ministerio de Educación sobre la definición de la vocación pública?
-Estuve en la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, junto a otros rectores, para señalar que el proyecto de reforma a la educación superior mantiene el modelo. Si bien busca favorecer a las universidades del Estado bajo algunas formas, en realidad no pretende terminar con la lógica de mercado que regula el sistema universitario en general. En algún momento se proyectó poner algunas condiciones para las universidades que reciben fondos del Estado, en particular la gratuidad: no lucro, calidad y participación o democracia interna. Finalmente de estos criterios dos quedaron fuera. Una universidad que lucra puede tener gratuidad y una universidad autoritaria puede tener gratuidad. Lo único que se mantuvo fue la calidad, pero una calidad entendida sólo como cuatro años de acreditación.

-¿Cómo entiende usted la calidad?
-Pensamos que hay que abrir la discusión. Hay un discurso único sobre gratuidad, que se traduce en que la calidad tiene que ver exclusivamente con los criterios de acreditación. Entonces se ha naturalizado un modelo tecnocrático. No hay que desechar esos criterios, pero hay que discutir sobre el hecho de que la calidad es algo bastante más profundo que los criterios tecnocráticos de la acreditación hoy.

-¿Qué niveles de la calidad no se están tomando en cuenta hoy?
-Una universidad es un proyecto académico, cultural y político que busca incidir en el país a través de la formación de profesionales. Obviamente, si quieres evaluar la calidad debes ver su sentido, y creemos que una universidad tiene que ser parte del desarrollo del país, tiene que fortalecer la democracia y tiene que ayudar a resolver los grandes problemas sociales de ese país. Por ejemplo, la desigualdad de género y la exclusión. Cuando se evalúa la calidad de una universidad tiene que existir la pregunta respecto a cuánto ayuda a solucionar la desigualdad o en qué medida la mantiene o reproduce. ¿Favorece la inclusión de los estudiantes que han tenido menos oportunidades? Porque con los parámetros actuales, un estudiante de un municipal puede demorarse más en terminar su carrera y eso la acreditación lo castiga, señala que la universidad donde estudia es de mala calidad. Pero resulta que estás dándole la oportunidad a quien no entra a la universidad altamente selectiva.

-¿Se repite entonces el fenómeno de los resultados de la PSU y el Simce, donde los colegios selectivos tienen mejores puntajes?
-En gran parte, las universidades con alta acreditación lo logran porque seleccionan según PSU a aquellos estudiantes que han tenido mejores herramientas por su historia cultural, contexto socioeconómico y colegio del que provienen. El sistema de acreditación perpetúa esta desigualdad. Por eso decimos que es necesario desnaturalizar ese concepto de calidad. Aquellas universidades que están altamente acreditadas perpetúan muchas veces la desigualdad.

Universidad inclusiva, triestamental y de excelencia

-¿Cómo se hace cargo la Academia de Humanismo Cristiano de esa diversidad de estudiantes que existe?
-Tenemos políticas de apoyo a los estudiantes desde que ingresan, estrategias de trabajo para atender a aquellos estudiantes que necesitan apoyo tutorial. Hay mecanismos de apoyo psicosocial desde bienestar estudiantil y todo un sistema de apoyo económico donde buscamos apoyar a los que estén en una situación de necesidad. Nuestro perfil de estudiante son jóvenes que, en su mayoría, trabajan además de estudiar, y muchos son padres o madres. Un joven que necesita trabajar para estudiar o una madre joven requieren otro tipo de apoyo, un entorno que comprenda las dificultades específicas que enfrenta y los apoye para llevar adelante su carrera. Aquí hemos ido construyendo esos apoyos.

-Esta es la única universidad que elige triestamentalmente a su rector y otras autoridades. ¿Cómo se complementó esto con la derogación del decreto de Pinochet que impedía la participación estudiantil y funcionaria?
-Tenemos elección triestamental de autoridades desde mucho antes que el DFL 2 fuera derogado. Eso lo consagramos en nuestros estatutos y el Ministerio de Educación lo rechazó en su momento porque la ley lo prohibía. Recién el 2015, con la derogación del decreto, se insta a la participación democrática. Ahora nuestros estatutos están de acuerdo con la ley, pero nosotros lo tuvimos antes de eso porque es parte de la universidad.

-¿Eso tiene que ver con los orígenes de la UAHC?
-Con los orígenes y con nuestro proyecto universitario. Si buscamos incidir en la realidad del país y queremos que el país sea cada vez más democrático tenemos que dar el ejemplo. Nuestros estudiantes se forman no sólo en clases, sino que viven un ejercicio democrático durante los años que pasan acá. Eso forma a un profesional que tiene una perspectiva participativa. La cultura institucional expresa muy bien lo que es una universidad y la nuestra es democrática, porque queremos que el país sea democrático. Ahora, las elecciones triestamentales son un proceso. Son puestas en tensión por los estudiantes, siempre dicen que se puede más y quieren subir su porcentaje de participación, pero esos son procesos que avanzan en tanto la comunidad universitaria siempre debe estar cuestionando sus formas para mejorarlas.

-En ese sentido, ¿cómo busca incidir la UAHC en la producción del conocimiento?
-Cuando digo que buscamos incidir en la cultura y política del país, el primer nivel es a través de nuestros profesionales. Buscamos que tengan un perfil y una mirada sobre lo social. No queremos una fábrica de profesionales a los que sólo les interese tener un cartón, sino que se inserten en su quehacer teniendo una mirada concreta del país en el que ejercen, cuáles son sus problemas y cómo pueden contribuir a solucionarlos. Ahora, nuestra producción académica se expresa en libros, artículos, seminarios, un conocimiento que tiene posiciones frente a la sociedad y los cambios que necesita. Buscamos que ese conocimiento no quede aislado y para eso desarrollamos proyectos de vinculación en las distintas escuelas. Centros de atención psicológica, clínica jurídica, escuelas artísticas, son expresiones de una universidad abierta a la sociedad, que no está ensimismada. Estamos afinando el plan de desarrollo estratégico a 10 años, de aquí al 2021. Nos proyectamos como una institución de excelencia, que participe del desarrollo del país, el fortalecimiento de los derechos humanos y la democracia.