Dicen que Charles Romuald Gardès nació tres veces. Dijo Borges una vez que la primera fue en Toulouse y en 1890, y Simon Collier precisó que fue un 11 de diciembre y a las 2 de la madrugada. Carlos Arezo Posada, funcionario oriental, aseguró al mundo que la primera fue un 11 de diciembre, pero en 1887 y en Tacuarembó, ya hacia el norte de Uruguay pero aún lejos de Rivera y la frontera con Rio Grande do Sul. Documento en mano ya avanzado el año 2013. Pero claro, no era la primera vez que se dijera o pensara. El tiempo sin embargo, y eso sí que lo sabía Borges, es cualquier cosa menos lineal. Era el año 2012 y Juan Carlos Esteban, Geroges Galopa y Monique Ruffié precisaron que Charles Romuald Gardès nació en Uruguay, y en Tacuarembó, pero en 1920. Era 1914 cuando estalló la guerra, cuando estalló el imperialismo, y cuando Gardès decidió no concurrir al consulado francés y evitar la posibilidad de una muerte absurda, anónima, en alguna llanura olvidada de la Europa meridional.  Terminó la guerra pero no imperialismo y Gardès, invitado por Rosas para presentarse en España decidió que sería uruguayo, al menos por un tiempo, y que se llamaría Carlos Gardel de hecho y de derecho. Indocumentado, acaso apátrida por un breve tiempo, apócrifo ilegal. Algunos quedarán, claro, que insistan en discutirlo. Eso hasta el 1 de marzo de 1923 cuando Charles Romuald Gardès, y para nacer ya definitivamente y por primera y tercera vez, solicitó formalmente la ciudadanía argentina que poco tenía que ver con la Francia y el Uruguay del fin de sciècle.

Fue más de una década antes, en 1911, cuando Gardel conoció a José Razzano. El Oriental sí nació en Uruguay, en Montevideo, y de seguro que fue en 1887. Es sensato pensar que cuando Gardel nació por segunda vez decidió nacer junto a Razzano. La relación no fue fácil, eso cierto, pero Gardel y Razzano no se separarían más, ni en 1933 cuando Pepe Razzano perdiera la voz, ni en junio del 35’ cuando Gardel se estrellara, ni en abril del 60’ cuando José lo acompañara. Dicen algunos que el tango murió a comienzos del siglo y que lo enterró el Negro Gabino Ezeiza de cara a Gardel, y que Gardel y Razzano cultivaron la gloria sembrando sobre cenizas. Dicen los entendidos que lo de Gardel y Razzano no es tango; dicen los entendidos que el tango fue breve y que fue porteño; dicen, de bandidos y de putas, de fugitivos y puñales; dicen los entendidos que el tango fue de quienes para recordar –o acaso para olvidar– tuvieron que reinventarse. El tango, se le escucho decir a Borges recién el 2013 en una reflexión grabada el 65’, es de los de las orillas.

Si algo se reinventa es porque viene de alguna parte. Espontáneo no es. La palabra, insistía el Borges del 65’ en 2013, palabra y documentación certificada (firma Kodama), “me suena a africana, como milonga. Lugones propone como etimología la palabra latina tangere. Me parece muy inverosímil que la gente que frecuentaba las casas malas de la época fueran humanistas y tomaran palabras del latín. No creo en la erudición de los compadritos de la calle Chile”. Y vaya, algo tiene que ver Chile con los orígenes del tango, aunque sea por puro alcance onomástico entre los barrios de San Telmo y Monserrat. Claro, dice Borges, el tango, el tango de Ernesto Ponzio; no esa variación de Gardel y Razzano que hizo del tango un canto “quejoso y llorón”.

Canto, quejoso y llorón quizás, pero canto quejoso y llorón que popularizaría el tango en Latinoamérica y Europa. Canto que haría de Charles Romuald Gardès a Carlos Gardel. Un Gardel, que sin Razzano, en Recoleta, y como todo caballero que se respete a sí mismo en un siglo pasado, se las arregló –como Marx– para sobrevivir a un disparo directo. Era 1911 y en Rusia el primer ministro Piotr Stolypin disolvía las obschinas, la propiedad comunal de la tierra, para abrir el paso a las parcelas personales; era 1911 y Dimitri Bogrov disparaba en Kiev a Stolypin. A diferencia de Marx y Gardel, Stolypin no sobreviviría. La reforma sobreviviría, a pesar de Stolypin, hasta octubre del 17’. Dice Hobsbawm que ese año comenzó el siglo. Ese mismo año, el primer año del siglo, Carlos Gardel y José Razzano llegaron a Chile.

A diferencia de Hobsbawm, los estados nacionales gustan de los siglos de cien años. Cerrados. Los archivos dicen que el trazado se pensó en 1872 y que los primeros rieles se pusieron en Argentina en 1887 y los segundos en Chile en 1889. En 1910 los gobiernos celebraron su centenario, de ellos y no se nosotros insistió Recabarren, y el Trasandino comenzaba sus recorridos desde la Estación Mendoza hacia la Estación Santa Rosa de Los Andes. Con los años y la estupidez –ésta última tuvo un recorrido propio– el Trasandino dejó de traer y llevar pasajeros en septiembre del 79’ y dejó de traer y llevar cargas en junio del 84’. Entre las estaciones Puente del Inca y Las Cuevas, más de mil metros sobre Cacheuta y Uspallata , en el desvío Las Leñas, quedó tirado Manuel Rojas cuando decidió que “a un obrero le da lo mismo ganarse la vida en Argentina o en Chile”. Cruzó a pie en dirección a la estación Los Caracoles. Lo acompañó el Laguna, santiaguino. En la estación Las Cuevas, contó Manuel, el Laguna durmió su último sueño. Era 1912.

Dicen que el mismo recorrido hizo Gardel y Razzano, de Mendoza a Los Andes en dirección a Santiago, pero en 1917 y como pasajeros del Trasandino. Otros dicen que fue en septiembre del 17’, pero que fue en barco desde Buenos Aires y que llegaron primero a Valparaíso. Y es que con Gardel siempre dicen que dicen, dijo un tango famoso. Lo cierto, verdad trascendental esta sí, es que cantó junto a Razzano y que vino con el negro Ricardo; que cantó en Valparaíso, Viña del Mar y Santiago; y que por astucia ajena hasta bailó. Dicen que dicen.

Miguel Ángel Morena dice que Gardel, Razzano y Ricardo debutaron en Santiago,  en el Teatro Comedia. Esther Edwards y Jorge Aravena dicen estar de acuerdo. Luego empalmaron hacia la costa, hacia Valparaíso, cuando todavía se salía de Santiago por la avenida San Pablo. Llegaron al puerto el 27 de septiembre y cantaron el 29. Repitieron el espectáculo más de una vez por día por casi una semana. Desde el 5 de octubre agotaron el Olimpo de Viña del Mar, también más de una vez por día y no se irían hasta el 12. De vuelta en Santiago Gardel, Razzano y Ricardo agotaron el Royal, ahí en Huérfanos 1044 donde una placa recuerda que un día en 1917 se erigía un teatro de nombre Royal y que por algunas semanas entre octubre y noviembre por ahí pasaron Gardel, Razzano y Ricardo.

Dicen que Gardel, Razzano y Ricardo pasaron por Chile el año y los meses y días precisos en que comenzaba el siglo XX. Dicen sin embargo que no vinieron para celebrarlo. Para eso habrá que esperar los años de Osvaldo Pugliese, pero esa es otra historia.

 


Académico UAH