Zigmunt Bauman publicó su ‘Modernidad Líquida’ (Fondo de Cultura Económica, 2000) a los 75 años. El libro es un gran fresco sobre las sociedades contemporáneas, escrito con la erudición de los sabios europeos y con la amenidad de los escritores iconoclastas.

El epílogo del libro se titula “…acerca de escribir sociología”; un ejercicio de consciencia literaria en la sociología. Bauman toma en cuenta que la arquitectura de su ciencia está dada por el lenguaje. En él habitan sus conceptos, sus capacidades descriptivas y sus posibilidades de apertura a otros mundos posibles.  A través del lenguaje se hacen existir realidades sociales que, de otro modo o con otro manejo del idioma, permanecen veladas y adjetivas. Es esa consciencia de narrador la que le permite abrir la sociología a nuevas metáforas que, aprovechando la analogía de los estados de la materia, dibujan líneas panorámicas a la vez familiares e innovadoras para el mundo actual.

Bauman no es el primer cientista social en hablar de volatilidad, incertidumbre y fluidez. Pero es el primero en darle una formulación de síntesis, capaz de abrir los fenómenos de la globalización y sus desgarros a una comprensión equilibrada y creativa. La modernidad líquida no es solo el hallazgo de un título afortunado, es la presentación de un conjunto de imágenes e instrumentos teóricos puestos al alcance de cualquier lector honestamente inquieto. Bauman recupera la calidad de pensador para el sociólogo y lo hace gracias a su sensibilidad literaria.

La pregunta que preside la reflexión literaria de la sociedad líquida dice: “¿Qué tiene que ver la vocación del poeta con la tarea del sociólogo? Debemos aproximarnos tanto como los poetas a las posibilidades humanas ocultas”. Y tenemos que hacerlo sin quemar las alas de la sociología en la gratuidad inverificable del poema y sin sacrificar el aliento poético a ninguna lógica demostrativa. Creación y descubrimiento son dos aspectos inseparables de la tarea de autocreación que Bauman propone, tanto para la sociología como para el arte de vivir.

Bauman rechaza con fuerza una ciencia social que sea una vocería de lo obvio. En su recorrido conceptual por la escritura sociológica, cita a Ulrich Beck: “La sociología es la respuesta. Pero ¿cuál era la pregunta?… en una época en que la autoridad de hablar y de decidir está reservada a expertos, que tienen el derecho exclusivo a establecer la diferencia entre realidad y fantasía y entre lo posible y lo imposible… la tarea de los sociólogos es devolver visibilidad al eslabón perdido entre la tribulación objetiva y la experiencia subjetiva”.

En la modernidad líquida los riesgos han aumentado y la inseguridad se ha hecho permanente. La sociología tendría la misión de evitar los acomodos que vuelven intrascendentes y banales los hechos sociales conflictivos. Cerrar los ojos ante el peligro es equivalente a responder con alimentos ante el llamado del hambre. Lo que propone Bauman es una disciplina de la valentía en el conocimiento; un arte de mirar el peligro a la cara, no para descargarlo de su amenaza, ni para superarlo en el consumo sino para enfrentarlo. Todos vivimos hoy como exiliados de la lengua -diría Bauman-, y la transgresión de las convenciones no es el resultado de una elección sino un imperativo ético y literario insoslayable.


Director Fundación Chile Ciudadano