“Los temas de Formación Ciudadana que se introducirán a partir del año 2017 en las escuelas y liceos de Chile, ¿impactarán realmente en la calidad de la democracia que tenemos como país?”. Es una pregunta que se hacen los especialistas, como uno de los recursos a implementar, para salir de la crisis en la cual nos encontramos como sociedad, a causa de la descomposición de las estructuras que sustentan a la política tradicional y su forma de relación con el mundo social. Tenemos pues, que la abstención es uno de los fenómenos más notorios de esta disgregación, en donde la ciudadanía tomó distancia definitivamente, de los mecanismos generados para la participación, en el marco de la democracia, en los últimos 25 años en Chile.

Es interesante preguntarse también por qué surge este fenómeno. Después de los escándalos generados a partir de los financiamientos ilegales, la clase política asume, como una de sus explicaciones, que la Formación Ciudadana de nuestros niños, niñas y jóvenes es deficiente y por tanto, es necesario incluir en nuestros establecimientos educacionales aprendizajes para promover que los estudiantes se involucren en iniciativas constructivas de aporte al establecimiento, al entorno y a la sociedad en general. A través del Ministerio de Educación, los establecimientos de educación básica y media y sus sostenedores contarán con un conjunto de referentes de un marco orientador, denominados Estándares Indicativos de Desempeño, entre los cuales se incluye Formación Ciudadana, para la evaluación de los procesos de gestión educacional en el tema. Estos se inscriben dentro de los requerimientos estipulados por el Sistema Nacional de Aseguramiento de la Calidad de la Educación, y fueron elaborados con el propósito de apoyar y orientar a los establecimientos en un amplio proceso de mejora continua. Surge esto también, en el contexto de las medidas pro transparencia que fueron propuestas por la Comisión Engels.

El supuesto es que, al no existir, en el ámbito educativo, estas experiencias, o encontrarse en baja frecuencia o mala calidad, se produce un desinterés y una desafección, de parte de los estudiantes, hacia los procesos que involucran la participación y de esta forma, se dificulta el desarrollo de actitudes hacia la comunidad, en donde los estudiantes sean capaces de situarse en ella, como sujetos de derechos y obligaciones. El conocimiento y adhesión a los derechos humanos como criterios éticos fundamentales que orientan la conducta personal y social, seria por cierto, otro ámbito de escaso desarrollo.

No obstante lo anterior, la asignatura de Orientación históricamente ha contemplado de alguna manera los temas formativos y existen además, los objetivos transversales que han estado presentes durante décadas en el curriculum formal. Los objetivos que se plantean en esta dimensión, sitúan a la persona como un ciudadano en un escenario democrático, comprometido con su entorno, y con sentido de responsabilidad social.

Junto con lo anterior se ha promovido, en escuelas y liceos de Chile, desde hace ya unos diez años, las políticas de convivencia escolar, basadas en el respeto por el otro/a, en la resolución pacífica de conflictos; así como el conocimiento y valoración del entorno social, las instituciones, de los grupos, del medio ambiente y acerca de la cual, existe una valoración positiva por parte de todos los actores educativos. Sin embargo, la asignaturas de Orientación y Filosofía, por ejemplo, hoy están consideradas como un contenido mínimo, es decir, pueden ser trabajadas en escuelas y liceos, pero con un mínimo de horas lectivas, o sea 1 ó 2 horas semanales, incluso durante solo un semestre del año, en algunos establecimientos educaciones, derechamente las asignaturas no existen, (existen solo en papel) desapareciendo instancias fundamentales como son los consejos de curso y el trabajo de reflexión personal y colectiva, que anima estas importantes actividades de organización estudiantil.

Si prevalece esta tendencia a jibarizar el currículum de manera tan drástica, en cuanto a no entender la importancia de la Filosofía y las Humanidades, en especial las Ciencias Sociales, como ámbitos de comprensión y formación para la participación y vida en interrelación, no se podrá desarrollar en los estudiantes las actitudes y habilidades necesarias para intervenir constructiva y democráticamente en nuestro país.

Si no existe un entendimiento como sociedad acerca de la importancia del sentido de pertenencia a la comunidad, así como también de la generación espacios para que los distintos grupos compartan, se informen y puedan contribuir responsablemente con sus ideas y acciones, poca trascendencia tendrá la incorporación de estos temas a la escuela, ya que formalmente, lo que se está planteando no será una asignatura propiamente tal, de lo que estamos hablando es de actividades en torno a la problemática que se expresarán en un Plan Anual de Formación Ciudadana, que cada establecimiento educacional deberá elaborar y desarrollar, como parte de las acciones de mejoramiento educativo que la institución emprenda.

Queremos ser claros en este punto: el movimiento social por la Educación en Chile está por la actualización y modernización del currículum, y de su efectiva relación con los procesos sociales que vive nuestro país. No compartimos los reduccionismos instrumentales.

Tal y como se presentan dos candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, la nación más poderosa de la tierra, insultándose mutuamente, recriminándose uno al otro y de este espectáculo; la conveniencia de algunos que no quieren escuchar hablar de temas como el  empleo, la educación, la salud, inmigración, etc. La abstención de los ciudadanos frente a los procesos eleccionarios es la respuesta de la gente frente al sinsentido de la política, ante el vacío de un sistema inhumano. Comencemos por fortalecer los aspectos específicos de la formación afectiva, social y académica de los estudiantes. Solo después de eso vendrá la buena democracia.


Psicólogo, Director ONG Rueda Andinda