El atentado explosivo perpetrado este viernes 13 de enero contra el presidente de la minera estatal Codelco, Óscar Landerretche, trae nuevamente a la arena política una vieja táctica del sistema neoliberal: el miedo como arma de control social.

Este mecanismo busca que el bombazo genere un clima de inseguridad para reforzar los mecanismos de represión e inteligencia, así como también frene y desmovilice a quienes puedan poner en riesgo el orden social y económico.

La periodista, escritora y activista canadiense, Naomi Klein, en su libro “The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism”, publicado el 4 de septiembre de 2007, explica como funciona la llamada doctrina del shock: “El  desastre original —llámese  golpe,  ataque  terrorista,  colapso  del  mercado, guerra, tsunami o huracán— lleva a la población de un país a un estado de shock colectivo. Las bombas, los estallidos de  terror, los vientos ululantes  preparan  el  terreno para quebrar la voluntad de las sociedades… como el aterrorizado preso que confiesa los nombres de sus camaradas y reniega de su fe, las sociedades en estado de shock a menudo renuncian a valores que de otro modo defenderían con entereza”.

Hasta ahora, no sabemos a ciencia cierta quiénes fueron los que hicieron llegar el paquete explosivo a la casa de Oscar Landerretche, el que fue presentado como un regalo de un profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile.

Sin embargo, la hipótesis de que este bombazo haya sido diseñado y ejecutado por la ultra derecha para justificar la violencia institucional cobra fuerza, sobre todo, considerando que se da a solo 48 horas de que la Sociedad de Fomento Febril (Sofofa) publicara un inserto en el diario La Tercera señalando que en Chile “se ha violentado el Estado de Derecho”, en un claro llamado a las fuerzas de orden a intervenir en el conflicto mapuche.

Si bien un supuesto grupo ecologista se ha reivindicado el ataque, en lo que ha sido calificado por los medios como “eco-terrorismo”, esto perfectamente puede ser parte del diseño de quienes están interesados en que hubiese este tipo de actividades en Chile, en quienes quieren resguardar su interés.

Ya hemos visto como hechos de este tipo, son rápidamente aprovechados por la derecha política, económica y comunicacional para sacar provecho del estado de shock y desorientación en que queda la gente.

Un pequeño ejemplo de cómo funciona operativamente este mecanismo fue el tratamiento que dio Canal 13 al bombazo ocurrido el año 2014 en Escuela Militar que dejó 14 heridos, entre ellos a una mujer de 64 años que hacía aseo en un local de comida rápida. Ese canal, perteneciente al grupo Luksic, difundió un reportaje que llevó por título “Los efectos económicos que deja el ataque terrorista”, aludiendo a que “los inversionistas se irán de Chile por la inseguridad” que provoca este nuevo atentado.

Esta vieja táctica ha sido utilizada en Chile desde los años ’70, época en la que Milton Friedman, padre del neoliberalismo, fue asesor del dictador general Augusto Pinochet, donde aprendió lo importante que era aprovechar una crisis o estado de shock a gran  escala.

Así lo describe Naomi Kein en su libro, donde señala que “los ciudadanos  chilenos no sólo estaban conmocionados después del violento golpe de Estado de Pinochet, sino que el país también  vivía traumatizado por un proceso de hiperinflación muy agudo. Friedman le aconsejó a Pinochet que impusiera un paquete de medidas rápidas para la transformación económica del país:  reducciones  de  impuestos, libre mercado, privatización de los servicios, recortes en el gasto social y una liberalización y desregulación  generales”.

Ante este escenario Naomi Klein hace un llamado a estar alerta: “Lo que nos mantiene orientados, alertas y a salvo del shock es nuestra historia”. Por eso la invitación es a no perder de vista ningún antecedente de este hecho, y hacer un juicio con estos a la vista, en lo que puede configurarse como la primera doctrina del shock aplicada el año 2017.


Licenciado en Trabajo Social, asesor legislativo