A los 63 años, Edward Rojas ha recibido numerosas distinciones por su desempeño profesional, académico y cultural, participando en distintas instituciones ligadas a estas actividades tanto en Chiloé como en el ámbito nacional e internacional.

Casado hace 43 años con Luz María Vivar, este arquitecto inquieto y visionario tiene dos hijos -Pablo y Valentina- más cuatro nietos: Olivia, Pedro Aitor, Manuel y José Tomás, a los cuales ama y consiente con especial entusiasmo.

-Edward es un señero aporte a la belleza construida –publicó su amigo Pedro Villagra en una creativa y extensa biografía en Facebook-. Su cuerpo oscuro ha ido dejando una estela de colores vivientes. Su alma archipiélaga ha tejido, en la trama del collage, una sola historia urdida con retazos de identidades que dialogan de mareas y lumillas. Su pequeño cuerpo ha sostenido la creación de catedrales ciudadanas. Su lectura, su palabra y su obra repartidas por el mundo ya no saben de límites locales. Y él sigue siendo, solemne y cotidianamente, él mismo. Qué alegría y riqueza conocerlo y amarlo como un amigo.

Una creativa puerta azul

La labor de Edward Rojas ha sido objeto de numerosas publicaciones, entrevistas, videos y exposiciones en Chile, así como en una docena de países europeos y otros tantos latinoamericanos, además de Corea. Y fuera de sus muchas obras arquitectónicas, entre sus más exquisitas creaciones están sus hermosos collages, donde aparece en distintos lugares de Chiloé –misteriosa y sugerente- la inolvidable Marilyn Monroe, con su figura sensual y seductora.

-Desde hace 30 años usted ha creado numerosas obras a través de la técnica de collage, la que ha sido expuesta en Chile y en el extranjero, en muchas de las cuales hemos visto la figura fascinante de Marilyn Monroe. ¿Qué significa ella para usted?
-Para mi Marilyn es un ícono de lo universal, de lo ajeno, de lo moderno que dialoga con el mundo insular. En mi obra ella representa los cambios, las transformaciones a la que Chiloé se ve enfrentado y la necesidad de encontrar un equilibrio entre el pasado y el presente, y producir estéticamente un encuentro feliz entre lo tradicional y lo contemporáneo, entre lo propio y lo ajeno, que en el fondo es lo mismo que realizo en mi arquitectura, que busca ser del lugar, como la Marilyn busca ser de Chiloé, para algún día llegar a ser chilota.

-Edward, usted vive en Chiloé desde hace 36 años y con la fundación del Taller de Arquitectura Puertazul, junto al arquitecto Renato Vivaldi en 1977, comenzó una fértil producción arquitectónica y teórica acerca de la condición de la cultura insular. ¿Qué ha logrado a través de esta actividad?
-Hacer arquitectura en el Archipiélago de Chiloé nos ha permitido traspasar la frontera de lo meramente profesional, porque la obra de arquitectura está íntimamente ligada a la cultura insular, lo que implica que la obra se soporta y se nutre de la realidad territorial, cultural y de una tradición centenaria, de la cual ella es parte.

-Con el Taller Puertazul usted encabezó en 1979 la campaña de “defensa de los barrios de palafitos de Castro”, ante el decreto alcaldicio de erradicación de estos barrios. ¿Qué logró a través de esta campaña?
-Junto con los habitantes de los palafitos, algunos intelectuales, los poetas del Taller Aumen y el apoyo del Colegio de Arquitectos, logramos impedir la erradicación de la totalidad de los barrios, y convencer a la autoridades de la época que estos barrios, hijos de la marginalidad y de la cultura de bordemar, más que un problema estético eran un problema ético, que lo que correspondía no era erradicarlos, sino mejorarlos, dotarlos de infraestructura, repararlos, pintarlos, que fue el conjunto de operaciones que se hicieron en los ’80 y ’90, lo que permitió que los palafitos se mantuvieran y se convirtieran en un ícono de Castro, Chiloé y el país.

rojas edward

Una arquitectura con identidad

-En 1885 usted creó la Empresa Constructora “Diseños Arquitectónicos Chiloé Ltda.”, con la cual construyó e hizo reciclajes y restauraciones en madera de edificios patrimoniales construidos en la primera mitad del Siglo XX tanto en Chiloé como en la provincia de Llanquihue. Tales como el Hotel Unicornio Azul en Castro, el Hotel Vientosur en Puerto Montt y la Casa Principal y los galpones del fundo Playa Venado en camino a Ensenada. ¿Qué lo impulsó a crear esta empresa y cuan satisfecho se siente de su accionar?
-La posibilidad de tener una empresa dedicada a construir nuestros proyectos nos permitía un diálogo mucho más libre con los carpinteros, que son quienes materializan nuestros planos, que hacen cantar la madera del bosque nativo, entregándonos la posibilidad de que durante la obra el proyecto pueda seguir evolucionando, seguir adaptándose a la realidad del sitio, a su geografía y su paisaje. Este es un proyecto que se convierte en obra abierta, que se completa durante su construcción.

-Usted ha sido autor y coautor de un número significativo de investigaciones y ediciones nacionales e internacionales. Ha sido permanentemente invitado a exponer su obra y reflexión en distintas universidades y centros de estudios, como también en bienales de Arquitectura, cursos, seminarios, congresos y ciclos de conferencias de distintos países de Latinoamérica y Europa. ¿Qué han significado para usted estos encuentros?
-La participación en estos encuentros, principalmente en lo latinoamericano, nos ha permitido retroalimentar nuestra reflexión y acción, y demostrar que en vez de actuar como una caja de resonancia de las modas arquitectónicas que vienen de Europa o Estados Unidos, es posible mirar al interior de nuestros territorios latinoamericanos y extraer de ahí las energía para desarrollar una obra contemporánea que sea del lugar, que nazca del territorio, que se sustente en las tipologías tradicionales, en los materiales y las artesanías constructivas de cada lugar. Ahí radica la fuerza y la pertinencia de la arquitectura, que busca ser apropiada para los habitantes y su cultura, apropiada en cuanto es capaz de ser adecuada, que se apropia de los valores de la modernidad para construir una obra propia: una arquitectura con identidad.

-Junto a Eduardo Feuerhake usted es responsable de la fundación del Museo de Arte Moderno (MAM) de Chiloé, que este verano 2017 realizará su XXIX Muestra Anual, lo que demuestra un trabajo cultural sostenido que lo convierte en un referente local, regional, nacional e internacional del Arte Contemporáneo. ¿Cómo vislumbra el futuro del MAM?
-Después de 29 años, el MAM rompió la inercia que significó ser catalogado por algunos como un proyecto elitista. Hoy la comunidad tiene clara conciencia de que es un proyecto educativo y una ventana a la creación artística nacional e internacional, que alimenta culturalmente a los niños, artistas y visitantes. Y lo más importante, que desde este año el museo tendrá financiamiento del Estado a través del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y por los mismo podrá seguir realizando una programación durante todo el año, que se pone al servicio de los colegios de Chiloé y que además rompa la estacionalidad, cuestión fundamental para el desarrollo de un turismo cultural durante todo el año.