Desde el inicio de lo que en su momento se llamó “transición a la democracia” y hasta las últimas elecciones presidenciales, las alternativas políticas al cogobierno entre la derecha, la Concertación -hoy disfrazada de Nueva Mayoría- y el ala más poderosa del empresariado nacional, fueron siempre de un enorme contenido emocional y testimonial.

Cualquier figura política que se levantara para competir en las presidenciales era siempre un acto de fe y, en general, no respondía a procesos políticos de largo alcance y con capacidades reales de gobernar. Sin embargo, 26 años después la historia no solo parece ser otra. Es definitivamente otra. Nunca antes en ese cuarto de siglo de gobierno para las minorías, estuvimos a las puertas de una convergencia social y política como la que se viene anunciando en eso que ya se instaló como  “Frente Amplio”. La tarea de la unidad, convertida en urgencia política, es además una necesidad histórica y todo indica que esta vez se entiende de esa manera.

El Frente Amplio supone la suma de fuerzas políticas y sociales que bajo ningún punto podrían prometerle a Chile que con un triunfo institucional del tipo presidencial se puede revertir el enorme daño que estos 26 años han significado para los pueblos de este país. Las fuerzas del Frente Amplio ya vienen transformando el país, enormes liderazgos políticos y sociales reconocidos y queridos por la gente se dan cita en esta convergencia. Liderazgos que se ponen al servicio de la unidad más amplia y sin maquillajes y que desde el mundo de las y los trabajadores, desde el mundo estudiantil, poblacional, desde concejalías y municipios vienen anunciando que las condiciones para disputarle al duopolio requieren de un proceso de humildad colectiva que allane el camino a la unidad.

Es evidente que ningún proceso de esta naturaleza, en que se dan cita organizaciones políticas que en apariencia tienen enormes diferencias ideológicas, puede expresarse en una armonía política que no enfrente ruidos y obstáculos.

Ahora, para nosotros y nosotras -en tanto instrumento político de clase con un pueblo autorrepresentado  y que construye su militancia desde la honestidad de sus organizaciones de base-, el senador (Alejandro) Navarro supone una enorme interrogante que se agudiza al ser testigos de la manipulación mediática que se ejerce desde su círculo político inmediato, poniéndose en escena con pretensiones presidenciales y como piedra fundamental en la construcción del Frente Amplio. Pero la verdad dista bastante de eso.

En el Diario El Sur se publicó una manifestación de personas de la región del Bío Bío para pedirle a Navarro que sea candidato presidencial, manifestación que por supuesto él “ignoraba”. En este escenario político presidencializado básicamente cualquiera tiene derecho a postularse, pero la ambigüedad con la que se transmite el mensaje a nosotros y nosotras ya nos tiene más que intranquilos al punto de manifestar esa intranquilidad pública y abiertamente.

Lo que decimos es que no nos sirve ni nos interesa que den a entender que los esfuerzos por la legalización del nuevo partido de Navarro se haga al tiempo que “construyen Frente Amplio”, porque la verdad es que ni siquiera están participando de la mesa regional del Frente que viene articulándose hace rato, con reuniones periódicas en incluso levantando un hito político relevante hace unas semanas a través de un foro. No solo no están allá, muy poco y casi nada se les ve en las comisiones de trabajo del Frente Amplio en la Región Metropolitana.

Así las cosas, todo el profundo desprecio que sentimos por el conglomerado político que Navarro lleva en su ADN, se revive hoy bajo nuestras propias narices. No queremos ese maquineo tan propio de esa vieja política que las fuerzas del Frente Amplio pretenden –bueno, pretendemos- superar de una vez por todas.

El llamado no es a que Navarro y su intento de nuevo partido reflexionen en torno a que el Frente Amplio se construye de cara a las otras fuerzas políticas y no por la prensa, el llamado es a que las fuerzas del Frente Amplio se planteen en serio si realmente queremos construir un proyecto transformador teniendo dentro un pedazo de la Concertación.