Sentado en su oficina de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, el abogado constitucionalista y precandidato presidencial del Partido Socialista, Fernando Atria, asegura que ya no quiere que le pregunten por qué milita en ese partido. “En un futuro quiero que la razón sea obvia. Que la pregunta real sea: ‘Si usted es de izquierda, ¿por qué no milita en el Partido Socialista?’”.

Militante desde lo que llama “el momento en que había que militar”, es decir, la derrota de la Concertación en 2009, Atria recuerda como el momento más esperanzador de su militancia cuando lanzó la corriente con la que buscaría “rescatar el PS para la izquierda”: el movimiento Izquierda Socialista.

Del mismo modo, asegura que los momentos más desesperanzadores son cuando ve a algún militante salir del PS hacia la izquierda.”Evidentemente no se puede culpar a nadie. Aunque quizás un poco ya que, si nos vamos, estamos entregándoles el partido”, apunta.

Este sábado el Partido Socialista definirá el mecanismo mediante el cual se definirá su abanderado presidencial y, además del académico, están las figuras de José Miguel Insulza y el ex presidente Ricardo Lagos para disputar esa elección. A pesar de que el ex mandatario ya fue definido como el candidato del Partido Por la Democracia el pasado fin de semana, miembros de su equipo -como el ex ministro Máximo Pacheco- ya daban como un hecho que se presentaría en las primarias de la Nueva Mayoría de julio.

En conversación con El Desconcierto, Atria asegura que lo de Lagos era previsible, y ve con optimismo el panorama presidencial: “Ha sido un proceso interesante, he visto entusiasmo. Si hay primarias yo creo que nos va a ir bien”.

-¿Qué es que nos vaya bien?
-Que ganemos.

-Usted ha dicho que la suya no es una candidatura testimonial, pero está difícil.
-Pero, ¿para qué uno va a ser candidato si no es para ganar? Tengo un montón de libros de derecho que escribir en los cuales podría estar usando mi tiempo. Esta es una cuestión que la estamos haciendo para ganar. Cuando voy a los comunales, provinciales, yo veo que la idea de recuperar una posición de izquierda para el PS. Donde he ido ha salido la idea de “qué bueno que estemos hablando de política, porque en el Partido Socialista no hay oportunidades para hacerlo”.

-¿Cómo ve esa percepción que se tiene del Partido Socialista?
-Es que los problemas que lo afectan son mutatis mutandis, cambiando lo que haya que cambiar, los mismos que afectan al PPD o a la DC. Y ese problema es que la idea de partido político es una idea que hoy no se entiende. Cuando se dice que los partidos son fundamentales para un sistema democrático, lo son porque son organizaciones que ponen en acción una idea. Eso se ha perdido, porque el vínculo que hay entre su acción y alguna idea desapareció.

-¿Qué han pasado a ser entonces?
-Ya no son solo una idea puesta en acción, una tradición política y una máquina. Ahora son solo máquinas. La organización para la acción sin una idea política que la anime. Es difícil interpretar la acción del Partido Socialista como su contribución a la construcción del socialismo. El hecho de que suene tan extraño decirlo así, cuando debería ser obvio, dice algo. Y también es bien difícil interpretar la acción de la DC como la construcción del humanismo cristiano, y es bien difícil saber qué estaría construyendo el PPD. En todo caso, cuando los partidos devienen en meras máquinas se vuelven públicamente despreciables.

-¿Es bajo este diagnóstico que emergen figuras que buscan alejarse del “mundo político”, como Alejandro Guillier?
-En lo de Guillier, por quien yo tengo respeto, creo que hay una cuestión ingenuota de la época. De: “Bueno este señor era comentarista en la radio, en la tele y decía cosas sensatas, y tiene pinta de bonachón”. Yo no he escuchado a nadie que me diga: “Yo estoy con el senador Guillier porque su proyecto político me interpreta”. Lo que he escuchado es: “Yo estoy con el senador Guillier porque es el que tiene más posibilidades, con él podemos derrotar a Piñera, porque las encuestas…”. En ese sentido yo creo que refleja muy bien -esto no es una crítica a él personalmente- el tipo de crisis de la política en que estamos ahora.

-¿Y qué le parece la estrategia de “yo no vengo del mundo de la política”?
-Es el ambiente político que estamos viviendo. Una nueva demostración de que el fenómeno de Alejandro Guillier es el mejor diagnóstico del problema más que de la solución es que lo mejor que puede decir un político hoy en día de sí mismo es que no es político.

-En este escenario, diversos grupos han dirigido sus dardos a la “clase política”. ¿Qué le parece ese concepto?
-Cuando uno quiere entender una época, hay pocas pistas que sean tan buenas como la forma en que esa época habla. Es curioso que sea en esta época donde se generalizó la expresión “clase política”, al menos en el lenguaje público. Si uno se toma en serio el concepto, quiere decir que los políticos forman una clase y tienen sus propios intereses de clase y que, cuando actúan, lo hacen en defensa de esos intereses. ¿Quién habría dicho el año ’67 que Carlos Altamirano, Salvador Allende, Eduardo Frei Montalva y Francisco Bulnes pertenecían a la misma clase política? Habría sido políticamente insensato, sin ninguna lógica. Pero hoy sí. Eso tiene que ver con algo que excede a Chile, pero tiene que ver con una política vacía, que se entiende a sí misma como mera administración de los bienes comunes y su paradigma es el neoliberalismo.

Gobierno de Bachelet

Francisco Castillo / Agencia UNO

Francisco Castillo / Agencia UNO

-¿Qué le ha parecido el gobierno de Michelle Bachelet hasta ahora? Usted ha dicho que ha sido el más transformador desde 1990.
-Es difícil negar que este proyecto ha sido más transformador que el gobierno de Frei Ruiz-Tagle, Lagos, etc. Eso es un dato. La Ley de Inclusión es la más importante que se ha dictado en los últimos 27 años, ya que es la única que marca una ruptura con el modelo neoliberal. No es completa pero, en términos de lo que uno habría pensado hace ocho años, era completamente impensable. La cuestión es cómo se continúa ese proceso transformador y se corrige lo que se tiene que corregir. Ha habido problemas que tienen que ver con la incapacidad de la política chilena de transformar. Hay que hacer un diagnóstico de los errores cometidos, la insuficiencia, dónde se avanzó algo, que a pesar de que no es mucho, es rescatable.

-También hay un tema comunicacional. Por ejemplo, en la última encuesta CEP, más de un 80% de los encuestados declaró no saber que había terminado el binominal.
-Yo encuentro que esta idea de que la CEP y estas encuestas asumen que todos los encuestados son doctorados en derecho es absurda. ¿Por qué habríamos de pensar que los encuestados van a ser capaces de describir el sistema electoral? ¿Cuántos encuestados en alguna parte del mundo son capaces de decir qué es una cifra repartidora? Está bien, a lo mejor ellos no saben que el sistema binominal ha cambiado y que ahora hay un sistema proporcional, pero lo que saben es que la representación política como la conocen no les merece mayor respeto. La pregunta es: “¿Tiene que ver la crisis de la representación con un sistema diseñado no para representar, sino para tergiversar la representación, para producir un empate forzado y neutralizar?”. Yo creo que tiene todo que ver.

-¿Y cómo ve usted el que se haya cambiado el sistema? Tomando en cuenta que ha sido muy crítico del binominal.
-Es que el problema de la Constitución originalmente era que tenía reglas tramposas. Sigue teniéndolas -el que todavía rechace esa idea que se acuerde de lo que pasó con la titularidad sindical-, pero ahora el problema es mucho más grave: la institucionalidad tramposa o neutralizada creó una cultura política neutralizada. Una cultura que entiende que es impropio hacer transformaciones, que no se debe hacer eso. No solo que no se puede, sino que incluso que aunque se pueda no se debe. Yo leía unas declaraciones del senador Guillier diciendo que hay que actuar en acuerdo con la derecha, lo cual quiere decir que hay que seguir con el sistema neoliberal. Es la conclusión obvia. Eso representa mejor que nada la cultura binominal, en que todo aquello en lo cual estamos en desacuerdo no entra en la política.

-¿Es esa cultura la que está trabando una Nueva Constitución?
-Sí, esta cultura del desacuerdo político no registrado. Yo lo escuchaba de la boca de José Miguel Insulza en algún debate hace poco, donde usaba palabra por palabra el mismo lenguaje que usaba (Joaquín) Lavín el ’99. Él decía que “la política tiene que dedicarse a solucionar los problemas de la gente y tenemos que dejar los políticos de pelearnos”. Es un lenguaje infantilizador, es la manera en que uno le habla a los niños: “ya dejen de pelearse y vengan a comer”. Es de esa cultura binominal de lo que debemos deshacernos lo antes posible para mirar a una política a futuro.

-Con todo esto dicho, ¿hay espacio para desarrollar una política antineoliberal en la Nueva Mayoría en estos momentos?
-Ojalá, pos. El espacio se construye. La verdadera pregunta es: “¿Tiene sentido hoy pretender que en la Nueva Mayoría se puede construir un espacio para esto?”. Yo creo que sí. Yo creo que hoy ningún miembro del Partido Socialista puede declararse neoliberal. La idea de que el PS es un partido antineoliberal es, por lo menos a nivel discursivo, obvia. No soy ciego tampoco a los hechos, pero hoy se han abierto posibilidades que antes estaban cerradas y veo bien difícil que el PS se declare en la posición de estar a favor del modelo neoliberal. Tampoco creo que en la DC haya una enorme mayoría neoliberal, evidentemente hay algunos que escucho hablar y es como escuchar a alguien de la UDI o de RN, pero son minoría.

-¿Qué tanto afectará esa percepción el cómo se defina este panorama presidencial?
-Si el PS toma una decisión entre cuatro paredes sobre el candidato presidencial, y si elige de ese modo a un candidato que represente la política binominal, todo se hace más difícil. Yo no puedo decir ahora: “Yo voy a decidir que, en lo que a mí respecta, esto se acabó, no tiene sentido”. No, porque el esfuerzo en el que estamos es un esfuerzo que es un poco infantil pensar que va a tener éxito en seis meses. Esta es una cuestión de mediano o largo plazo. Pero evidentemente no ayudaría.

Francisco Castillo / Agencia UNO

Francisco Castillo / Agencia UNO

-Desde el Frente Amplio ya le han hecho guiños. ¿Cómo ha visto el surgimiento de esa fuerza?
-Yo lo veo con sumo interés. La rearticulación de la izquierda es algo que uno debería celebrar. El fraccionamiento de la izquierda es en parte responsabilidad del PS, que dejó de ser la casa de la izquierda y tuvo que buscarse otra casa. Ahora, yo esperaría sobre todo que hubiera una conciencia compartida de que el peor escenario para la izquierda chilena es que termine dividida en dos grupos -uno dentro de la NM y otro fuera- y que cada grupo crea que su éxito pase por la derrota del otro. Si quedamos en esa situación, la izquierda se va a hacer políticamente irrelevante por un par de décadas. Yo entiendo que muchos dirán “pero el socialismo ya no es la izquierda”, pero yo creo que en el PS sí hay recursos para corregir eso. Hoy las condiciones no están para hacer alianzas, entiendo por qué no va a pasar y no me doy por ofendido. Pero eso no debería llevarnos a ignorar a que tenemos un proyecto político que, en cuanto a su contenido, es básicamente el mismo. Eso no puede ser irrelevante.

-Ahora, luego de que Revolución Democrática intentara una “colaboración crítica” con el gobierno, terminaron saliendo.
-Habla bien de RD que hayan estado dispuestos a tomar el riesgo de hacerlo. Desde el gobierno la reforma educacional ha tenido una serie de problemas y eso supongo que llevó a la salida de RD, pero su disposición inicial a participar habla bien de ellos. Muestra que tienen conciencia de que lo que hay que hacer es evitar un escenario de confrontación.

Cambiar la cultura

Hasta ahora las propuestas de la candidatura Atria se han guiado en tres ejes: Nueva Constitución a través de una Asamblea Constituyente; nueva estrategia de desarrollo económico y; construcción y ampliación de los derechos sociales.

En este último eje, al abogado le parece fundamental -además de tocar temas educacionales, de salud y de vivienda- volver a promover la titularidad sindical y añadir el eje de igualdad de género. “Ahí está presente de nuevo el problema de que lo que importa no es cambiar las reglas, sino cambiar la cultura. Supongo que las ideas de las cuotas de 40% en las elecciones quieren cambiar la cultura, ya que el machismo es tan desatado que algunos dicen ‘pucha, ahora quedan solo el 60% de los cargos’. Como si los otros se hubiesen perdido. Además, promover igualdad de género en materia laboral, matrimonio igualitario y, por supuesto, aborto. Lo que hemos discutido es una ridiculez. Esto trata de si los cuerpos de las mujeres son de propiedad pública o no, es increíble que sigamos discutiendo eso”, finaliza.