El relato testimonial de Karen es una pieza literaria, simple por su discurso, bien construido y difícil de percibir ya que ocurren complejas autopercepciones y siendo un varón, nunca las he percibido, que es una maternidad.

Se despiertan complejas sensaciones, por momentos, se hacen dolorosas que molesta seguir leyendo. No es un libro más, es un relato personalizado directo, que no deja indiferente al que lo lee.

Se matiza el testimonio con lo que ocurre alrededor de Karen en las diferentes etapas de gestación y revela una sociedad absolutamente en desarrollo, llena de prejuicios y situaciones que revelan la pobreza en la espiritualidad, la falta de conocimientos profundos en las patologías complejas que los profesionales entienden desde las particulares perspectivas de sus respectivas ultra-especialidades, pero que nunca han discutido en equipos multidisciplinarios para ayudar al ser humano en su integralidad. Esto se detecta en el contrapunto de la experiencia de Karen en un Centro de Rehabilitación Infantil conocido como Hospitales de la Teletón. El equipo de trabajo queda al descubierto no sólo por la búsqueda de soluciones para reparar lo irreparable y recuperar lo irrecuperable. Sin niños y niñas tan dañados que no son sujetos de rehabilitación, sólo de paliativos para su corta vida. Pero el cariño y el amor que perciben Karen es claramente un alivio en su calvario.

Es notoria la existencia dura y cruel y hasta canallesca de agrupaciones en nuestra sociedad que son la antítesis del legado que Cristo dejó en la tierra.

Karen deja al desnudo los silogismos controversiales, las tesis, anti-tesis llenas de falacias filosóficas mezcladas de mitos y faltas creencias y un claro abuso de determinadas posiciones teológicas en discusión, más bien asentadas en el poder clerical que las transforman en dogmas que no existen.

Las afirmaciones y legitimaciones del derecho que desprecian en todo su esplendor la igualdad de género frente a los derechos por los cuales debemos ser protegidos en igualdad frente a la ley, se describe con absoluta claridad en el relato descarnado de Karen. Es muy triste observar que aún estamos muy subdesarrollados.

Es fácil entender, por nuestra historia, que no se ha respetados los derechos de los más desvalidos, las culturas de nuestro pueblo originarios y las libertadas básicas conculcadas en los más pobres y, recientemente, los derechos humanos básicos de todo un país pueden dar como fruto un nefasto desarrollo cultural que se colige de las situaciones vividas y transparentemente descritas por Karen. Este medio es en el cual se desarrollan nuestros hijos y nietos que como sabemos adquirirán para toda su vida lo que se aprende en sus primeros 5 años de vida.

Cuánta razón tienen las isapres para aceptar con un mayor costo al ser humano con ovarios y útero. Es donde está el gasto, pues la inversión social, real y genuina que es el embarazo, da lo mismo. En este caso, la economía social de mercado aplicada a la salud no tiene en sus cálculos la existencia del alma o del momento de su infusión mediata o inmediata. Sólo sabe que con o sin ella, es más cara.

Se sugiere que una buena estrategia, para las isapres sería hacer descuentos en sus planes, cuando el producto de la fecundación fuese un XY, ya que sería un potencial cliente más barato.

Por cierto, que su futuro o futura cliente fuese incompleto en su desarrollo, debería ser detectado precozmente para prevenir su existencia como ser sujetos de derechos, pues sería de muy alto costo. Sin embargo, esto significa legislar y esto implica necesariamente que las Clientas tendrán derecho a decidir.

Y es esperable que un volumen importante de clientas decidirían por la continuidad del desarrollo de su producto y por lo tanto serán sujetos de medidas de ACOMPAÑAMIENTO en la legislación, lo cual implica la atención integral en lo físico, psíquico y social hasta que el producto esté desarrollado en el medio externo. Eso tiene un costo muy pero muy alto y por lo tanto, para la Empresa ISAPRE es más estratégico no legislar y dejar las cosas como están. Arréglatelas como puedas, es tu problema. Y el ESTADO colabora diciendo: pero recuerda también que es tu obligación y serás castigada con cárcel si interrumpes voluntariamente el desarrollo de ese producto.

Pero si eres católica este pecado grave puede ser perdonado por cualquier sacerdote y podrás reingresar a la iglesia desde donde fuiste expulsada automáticamente, y con ese perdón, podrás ingresar al recinto carcelario.

Este ejercicio de silogismos, supuestos y hasta sarcasmos es lo que Karen nos muestra en la cruda, realizado de lo que semeja a espiritualidad, atención integral y protección de los derechos humanos básicos especialmente femeninos, en nuestro país: Chile.

Estimada, Karen: este relato seguramente refleja en parte o en su totalidad lo que 400 a 700 madres con embarazos con malformaciones incompatibles con la vida deben experimentar anualmente en Chile, de las cuales entre 66% y 76% son neuro-encefálicas.

Por último Karen, tu testimonio vertido en un libro nos muestra que es importante tener un seguimiento de los ocurre con las malformaciones congénitas en Chile.

Las publicaciones son aún de baja frecuencia. El Estudio Colaborativo Latino Americano de Malformaciones Congénitas (ECLAMC), que en Chile fue dirigido por el Prof. Julio Nazer -quien nos dejó hace dos semanas-, ha contribuido al mejor conocimiento, pero es aún insuficiente. Es indispensable tener una Red de Centros de Atención especializada como ocurre con las malformaciones congénitas cardíacas que no son incompatibles con la vida, en su mayoría.

Es una deuda que tenemos como universidades públicas y como Ministerio de Salud en Chile para dar un acompañamiento real e integral basado en evidencias.

El retraso de la edad por encima de los 35 años de la natalidad en Chile es un factor importante en el aumento de la prevalencia de las malformaciones congénitas en Chile. Lo cual demanda legislar acerca de las malformaciones congénitas incompatibles con la vida y al perfeccionamiento de los servicios especializados y su coordinación a nivel nacional.

Tu libro va más allá de una denuncia y testimonio, que ya en sí tiene un valor personal que todos los chilenos debemos agradecerte, indiferentemente cual sea nuestra posición respecto a la despenalización del aborto. El desafío va más allá de la consigna, el prejuicio o la visión filosófica personal. Debemos entender que en esta tierra vivimos personas con una amplia gama de pensamientos, pero que todas/os, sin discusión, somos sujetos de derecho desde el nacimiento y humanos desde el momento en que exista la base fundamental de la conciencia, y la vida una existencia permanente desde que apareció sobre el plante tierra y que sólo se transforma. La vida no muere, sólo se transforma. Es la base del respeto a todo que es vida en el universo.

Gracias, Karen, una vez más por tu valiente y generoso aporte en un tema del cual somos tan ignorantes.