Aires de cambio se instalan en el pequeño país africano de Gambia. El gobierno del dictador Yahya Jammeh llegó a su fin tras 22 años al frente del país. A partir de ahora será el opositor Adama Barrow, un hombre de negocios de 51 años formado en Londres, quien estará al frente del país.

Gambia abre así las puertas a muchos otros países del continente (como Camerún, Rwanda, Uganda, Chad o Zimbawe) que desde el fin de la época colonial, y como consecuencia de la misma, son gobernados por dictadores y tiranos que se perpetúan eternamente en el poder a cambio de servir a los intereses occidentales -de las potencias europeas y hoy también de China, Rusia o los países del Golfo-.

La salida de Jammeh no ha sido fácil. Este pequeño territorio ubicado al oeste del continente africano ha sido gobernado sólo por dos mandatarios desde su independencia británica, en 1965. Jammeh gobernó desde 1994, cuando tomó el poder a través de un golpe de Estado y ha sido denunciado en numerosas ocasiones por vulnerar los derechos humanos y perseguir a opositores y activistas.

El pasado 1 de diciembre, contra todo pronóstico, fue derrotado en las elecciones presidenciales. El candidato opositor obtuvo un 45,6 por ciento de los votos frente al 36,7 por ciento recogido por Jammeh. Fue la primera vez en la historia del país que los opositores lograron dejar las siglas de partido de lado para formar una coalición de siete fuerzas que consiguieron desbancar al presidente.

El resultado fue un hito histórico para el país, pero el ex mandatario se negó a entregar al poder. Un conflicto político y social se desató en el país, con las protestas de miles de ciudadanos que salieron a las calles, hasta el punto que los presidentes de Guinea y Mauritania tuvieron que mediar para resolver la disputa de poder.

Ambos desplegaron sus tropas, donde también estaba -dispuesta a intervenir la fuerza regional, la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO) -formada por 7.000 efectivos de Senegal, Nigeria, Mali, Ghana y Togo-, luego de que el Consejo de Seguridad de la ONU autorizara su entrada al país africano.

La presión de los países vecinos fue efectiva y Jammeh terminó aceptando la derrota electoral: “He decidido hoy de buena conciencia renunciar al liderazgo de esta gran nación con infinita gratitud a todos los gambianos”, anunció en la televisión gambiana este sábado. “Prometo ante Alá y toda la nación que todas las cuestiones que actualmente enfrentamos se resolverán pacíficamente (…) No es necesario que una sola gota de sangre sea derramada”, añadió.

De hecho, en las últimas semanas, el temor a un derramamiento de sangre estuvo muy presente entre los gambianos y gambianas, un miedo que provocó que unas 45.000 personas huyeran en las últimas semanas del país, la mayor parte rumbo a Senegal.

El ya ex mandatario gambiano abandonó este lunes Banjul, la capital, para partir hacia el exilio en Guinea Conakry, país que le ha ofrecido asilo para poner fin a la crisis política.

El regreso de Barrow

Por su parte, el nuevo presidente Adama Barrow juró el pasado jueves el cargo en la embajada de Dakar (Senegal), en el exilio, desde donde tiene previsto de regresar próximamente para formar Gobierno.

El jefe del estado mayor de las fuerzas armadas, el general Ousman Bargie, anunció su decisión de someterse a la autoridad del nuevo mandatario, alejando cualquier posibilidad de desestabilizar el nuevo escenario político.

Barrow condena el encarcelamiento de políticos de la oposición, la ausencia de límite de mandatos presidenciales y promueve un sistema judicial independiente, así como la libertad de prensa.