La periodista Javiera Tapia, publicó hace unas semanas una ácida columna en el sitio Es mi fiestaen la que critica a algunas feministas por su falta de solidaridad con las madres jóvenes. Tapia, asegura que al menos cuatro de sus amigas con hijos han vivido episodios de incomodidad al compartir con mujeres feministas.

El texto, llamado “El amor entre mujeres (a veces sólo entre algunas)” narra algunas anécdotas ejemplificadoras, como la tensión que provocó el llanto de una guagua, llevada por su madre, en una reunión feminista,  dándole el pie para esbozar una crítica a la falta de solidaridad con mujeres que -por decisión propia o no- mantienen otro ritmo de vida. “¿Cómo se puede creer el discurso de una organización o una mujer feminista si no están dispuestas a apoyar a las madres solteras que quieren hacerse parte de su lucha?, ¿Por qué se le debería creer a una feminista lo que dice si su actuar indica que existen mujeres que no deben ser parte de sus círculos, porque les incomoda el archivo adjunto ese que mide noventa centímetros?”, se pregunta Tapia.

La periodista esboza que considera “un acto político básico apoyar a las mujeres que no tienen una red que las ayuda a poder desarrollarse fuera de la maternidad” agregando que “esos carteles que vemos en las marchas, que hablan de amor entre mujeres, deberían incluir también a aquellas que son madres”.

Pero la columna se vuelve aún más punzante cuando cuestiona a aquellas feministas que “desacreditan a mujeres competentes y capaces por ser madres. Por no tener todo el tiempo libre que tienen ellas para ver documentales de feminismo en Netflix o tomar chela en Bellavista planeando cómo abolir el patriarcado”.

El grueso del texto plantea que no hay que poner atención a la maternidad y a la infancia sólo por el hecho de ser mujer, sino porque tanto mujer como niño “son igual de vulnerables que todas nosotras (las solteras, sin hijos, con trabajo) o incluso más, dentro del sistema actual”. Invitando, finalmente, a “abandonar categorías y trabajar juntas desde la horizontalidad” para que “el amor entre mujeres no sea sólo una frase escrita en una cartulina para el 8 de marzo”.

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