Francisco Tapia, más conocido como “Papas Fritas”, cuenta con un extenso prontuario artístico que, en sus diversas propuestas, parece buscar siempre la forma de superar los límites del arte visual. En este nuevo proyecto de Desclasificación Popular, que el autor y activista comenzó a través de un trabajo investigativo en 2014 junto a un equipo de profesionales y agrupaciones de ex presos/as políticos/as, la aspiración estética es superada con creces por la provocación política.

La Desclasificación Popular busca romper con los 50 años de silencio impuestos por Ricardo Lagos a los testimonios y archivos del Informe Valech. A través de nueva interpretación de la ley 19.992 -que decreta el secreto- el colectivo encontró en un respaldo en el artículo 15, que sostiene que las víctimas que declararon en las comisiones tienen derecho a acceder a sus propios testimonios. Sin embargo, las y los ex presos políticos aún deben recorrer un largo camino en búsqueda de verdad y justicia.

En entrevista con El Desconcierto, Papas Fritas se refirió al presente del proyecto, que este miércoles libera su sitio web, donde esperan invitar a las víctimas de la represión dictatorial a unirse al proceso de desclasificación de archivos. El artista habló también de nuestro presente en materia de derechos humanos y de la temática que inspirará su próxima apuesta.

– Hoy es el lanzamiento del sitio web de Desclasificación Popular. ¿Qué contenidos ofrecerá ese sitio y cuál es el rol que cumple en este proyecto?

A partir de este miércoles se podrá ver el mecanismo de la web, la razón de por qué estamos desclasificando, estarán todos los archivos desclasificados hasta hora y se podrán comenzar a ver los primeros cruces y procesos regulares e irregulares de la comisión Valech. Pero esto lo podremos ver claramente a medida que más personas se sumen a desclasificar, ahora ya tenemos muchas personas interesadas y organizaciones que quieren seguir el proceso, por ende tenemos más posibilidades de estudiar y de desclasificar como se debe, que no es subir archivos a la web al azar, sino que analizar lo que estamos subiendo desde un punto crítico a las políticas de Estado. La web es el proceso de obra que termina cediendo todo a un proceso colectivo y ya no más de la singularidad artista, si no que a la colectividad desclasificación popular, y a cada una de las personas que han dedicado su trabajo para la memoria verdad y justicia.

– ¿Cómo ha avanzado en estos meses el proceso de desclasificación de los archivos y documentos sobre los que pesa el secreto y qué expectativas dan los hallazgos al resto de los y las ex presos/as políticos/as, en búsqueda de justicia?

La verdad es que tuvimos un receso con el INDH, por ende no hemos enviado solicitudes. Mientras tanto, estamos acogiendo las nuevas solicitudes y viajando a regiones para mostrar cómo es esto, y cómo se realiza el proceso. Más allá de generar expectativas, cada ex preso/a político/a sabe su declaración, entonces no aparecerán por arte de magia nombres si no los dieron, pero sí se puede construir un mapa, como se está realizando con el caso del teniente Luis Alberto Medina Aldea, del regimiento 22 de Rancagua y actualmente coronel en retiro y libre, por supuesto. Más detalles de ello no puedo dar pero estamos trabajando.

– La obra que desarrollaste inspirado en la desclasificación popular, 2054, se mantiene abierta hasta este jueves. ¿Qué explicaciones o interpretaciones puede encontrar el público en ese montaje?

Lo importante es que entiendan que aunque te dicen que hay cosas que no se pueden hacer y en este caso tengan un secreto de 50 años, se pueden hacer, hay que buscar la forma. Yo llamo a esto un proceso de desobediencia civil que corre la celda de lo legal.

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“Bachelet ha sido la persona que menos políticas públicas ha creado en materia de DD.HH”

– Bachelet prometió en campaña que analizaría este asunto. Hasta ahora no ha ocurrido nada consistente, ¿hemos avanzado en las demandas por verdad, justicia y fin a la impunidad?

Bachelet ha sido la persona que menos políticas públicas ha creado en materia de derechos humanos. Ahora, si no es por la presión de la huelga de hambre de ex presos/as políticos/as el año 2015, no estarían diversas reformas en la cartera. Podemos decir que actualmente hay una subsecretaría, pero el Ejecutivo no ha redactado un proyecto de ley para que las calificaciones de prisión política y tortura estén abiertas de manera permanente. Tampoco se manifestó cuando algunos diputados de la Nueva Mayoría presentaron una ley para desclasificar el Valech, menos destituir a un ministro de Justicia que se refiere a los derechos humanos como si fueran un gran chiste.

– ¿Qué te parece Lorena Fries en la subsecretaría de Derechos Humanos?

Cuando estuvo como Directora del INDH, tuvimos que poner 15 querellas contra sus políticas para no desclasificar y nosotros lograr acceder a los archivos solicitados por los y las ex presos/as políticos/as. Querellas que pudimos ganar. Hace menos de una semana, la misma Lorena Fries, que intentó evitar que lleváramos a cabo este proceso, oportunistamente, declaró que hay que desclasificar, pero bajo la condición de que sea la información para el reinado de unos pocos, y no para la investigación, misma ley que están presentando diputados de la Nueva Mayoría con mucha ansiedad más que con un pensamiento racional: es que los archivos sean entregados para los procesos judiciales, pero que en ningún caso estarán abiertos para proceder a realizar investigaciones desde distintas perspectivas y materias para la investigaciones de la memoria y verdad que van más allá de la justicia institucional. Por eso también nos hemos manifestado formalmente en el Congreso por la liberación de los archivos del Valech 2 y Rettig que se encuentran secuestrados por la justicia.

– ¿Qué depara la próxima etapa del proyecto de desclasificación? 

Desclasificación ahora pasa a ser un colectivo que debe ver de qué manera se autogestionará, yo lo dejo para seguir realizando otras acciones. Este ha sido un proyecto bastante difícil, deja el sabor amargo de tocar el cuerpo mutilado por medio de la dictadura, rompe cierto romanticismo que se puede tener del pasado y deja un futuro nebuloso tras las fracturas de la izquierda en Chile, lejos de las nuevas izquierdas que coquetean con el neoliberalismo actual -que son las que tienen representatividad- o que buscan representatividad en el sistema institucional, transando su izquierda, por el neoliberalismo hacia un progresismo liberal. Eso quizás me deja como enseñanza desclasificación: leer y conocer gente que hasta hoy lucha sin transar.

– Has mencionado que tu próximo tema a trabajar tendrá relación con el pueblo mapuche. ¿Cómo te enfrentas a la situación que se vive desde hace años ya en el Wallmapu y por qué esta realidad, dolorosa y muchas veces naturalizada por la sociedad chilena, se transforma en un motor artístico para ti?

Es más bien una deuda espiritual que tengo con la ñaña Nicolasa. Por ahora no quiero ahondar más en el proyecto, aún falta mucho trecho, y bueno, no hay que ser visionario para darse cuenta de los abusos que comete el Estado chileno y el empresariado contra el Pueblo Mapuche. Más motor que ese no debería haber para cualquier persona, porque nos quedamos finalmente como observantes de esta realidad.