El amor vegetal es una cita que va del texto al sexo. Es una detención, un rescate analético. El cholerío. Es un carnaval latinoamericano, un pliegue. Es este tiempo donde aprendo el calendario maya desde mi culo, intentando, contradictoriamente, producir conocimiento del cielo, del universo completo. El ano solar de Bataille reescrito desde un juego textual que aspira a cambiar la ruta hacia un ciclo sagrado de 260 días. Entonces es el espacio que ocurre en la distancia que hay entre la tierra de las flores y el cielo de los pájaros, la tierra de todas las plantas, donde pongo los pies: donde los pones. El cielo de todas las aves, de cualquier organismo con alas. Mi ano también es el lugar donde ocurren eventos astronómicos, una fiesta de sensaciones y astros, el lugar de una cosmología kuir que te está diciendo: llámame indígena, negrona.

El ano solar latinoamericano es una escritura glífica, donde sobresales en el tiempo. Una escritura glífica que no es heterosexual ni de occidente, sino logogramas que te van describiendo dónde está la próstata para que la estimules: es latinoamericana, también. Como un mapa de lecturas rotas que va reconstruyendo claves performativas, porque esto es sobre todo una performance que desde su propia performatividad no hace más que contribuir a la imaginación transfeminista. Es por ello que apuesta a lo plural, a la metáfora de la apertura del espacio anal, del cuerpo.
En vez de escribirse sobre cerámicas, el ano solar latinoamericano del amor vegetal se escribe en un cuerpo logosilábico que espera a ser interpelado, cuestionado.

Aquí, tú también eres el sol, y debería de ocurrirte un frenesí amoroso, deberías de ocurrir de la misma manera que un volcán en erupción. Aquí, es otro momento: ya no circula sangre debido a que el ventrículo izquierdo del corazón te ofrece savia y un vehículo donde todo se transforma en paradoja aunque estamos más cerca de poder experimentar procesos fotosintéticos, lograr una quietud.

Ahora, las plantas no solamente se elevan al ritmo del sol, sino que salen de un ano que no es pasivo, que no es homosexual, sino un posicionamiento que resiste a una violencia epistemológica, a la historia, a la diferencia sexual. “Y su coito polimorfo está en función de la uniforme rotación terrestre”, marina.

El amor vegetal es entonces la negación de que las plantas son fálicas ya que devienen al menos en estas páginas una realidad horizontal, una siesta. Además, se constituye en la siguiente opinión: el falo es una hipótesis del pene. Pene no es sinónimo de falo.

El cuerpo del ano solar latinoamericano está de forma horizontal para dejar que todas las ideas, que toda la imaginación, que todas las palabras circulen aligerando el espesor de esta inflamación, de esta forma de hacer política desde la pordiosería. Las plantas acostadas, saliendo de un ano esperando mitosis ahí donde la escritura se te mete por la piel, también y te afecta el ánimo, las células, tu vida. La escritura de la disidencia sexual que propone el cuerpo del ano solar latinoamericano como un sistema inmunológico que en vez de funcionar como defensa, te empeora para bien, te abre la herida: dejando el dolor interior al descubierto. Plantas acostadas como aquella mujer¹, que escribe un manifiesto preguntándonos a todas cuál es el lugar del cuerpo activista cuando ella no podía levantarse de su cama. Como Onetti, claustrofóbico cambiando el mundo mientras hacía de su universo imaginativo un lugar nunca común, de esa cama donde casi no quiso o no pudo levantarse.

*Esa mujer a la que hago referencia es Johanna Hedva. Una activista norteamericana que escribe un profundo manifiesto y análisis cuestionando el lugar del cuerpo activista y como ella a pesar de estar aquejada por un problema de salud, levanta su puño, desde la cama cuando escucha las protestas relacionadas al “Black Lives Matter” (Las vidas negras importan). Llegué a ella gracias al texto que leyó Hillary Hiner el lunes 5 de diciembre para una presentación que hicimos junto a Jorge Díaz de nuestro libro “Inflamadas de retórica. Escrituras promiscuas para una tecno-decolonialidad” (Editorial Desbordes, 2016) en la biblioteca Nicanor Parra de la Universidad Diego Portales en Santiago de Chile. Puede leerse ese manifiesto en este link


Escritor y performer de la República Dominicana. Vive y trabaja en Chile