En este caso no estamos hablando de un sueño, como sinónimo de ideal o utopía de Rodrigo Valdés, en su papel de conductor del gobierno de Chile. Nos referimos simplemente a la capacidad que debe tener este ministro de Hacienda para poder conciliar el sueño y dormir tranquilamente cada noche, el cual, sin ninguna duda, debe ser similar al que tuvo Eyzaguirre, Velasco entre otros; sueño reparador que debe ser envidiado por miles de chilenos.

La tranquilidad del ministro, a pesar de los hechos recientes que incluyen ya cinco víctimas fatales y cientos de miles de hectáreas arrasadas por el fuego, está basada en su implacable cumplimiento con el deber, esta obligación entre otras tiene nombre propio, se llama Ley de Responsabilidad Fiscal, del año 2006, enviada un año antes por Lagos y Eyzaguirre. Ley que forma parte de una ideología que estos personajes se han encargado de encarnar a cualquier costo en nuestro país, amparados en una constitución que se preocupa de proteger al capital y contiene total desprecio por los habitantes comunes de este territorio.

Veamos algunos efectos concretos de esta ideología, que a pesar de estar en retirada en el resto del planeta, en Chile cuenta con fervientes defensores que en todos estos gobiernos, se han encargado de satisfacer los requerimientos de la voraz clase dominante chilena y las multinacionales presentes en nuestro territorio del siguiente modo:

Entre las regiones de O’Higgins y Bío Bío se encuentran plantadas 2,5 millones de hectáreas de pino radiata y eucaliptus, que representan el modo cómo este monocultivo es la mejor expresión de considerar todo fruto de la tierra como mercancía, estas plantaciones no solamente constituyen la forma más rápida de rentabilidad del capital, sino que además son potenciales productores de incendio por ser especies que alteran el balance hídrico, produciendo sequedad en sus suelos.

-Chile compró, para combatir el fuego en los bosques, un AirTractor (AT) 802F, un moderno avión monomotor, turbohélice, especialmente diseñado e implementado para combatir incendios forestales, con un costo aproximado por aparato de $US 2,7 millones, este es el primero de tres que se están comprando. El próximo llega en marzo y el tercero a finales de este año o principios del 2017. Con este avión, la fuerza de combate de incendios forestales aérea de Conaf se incrementa a cuatro aviones.

-Rodrigo Valdés y sus colegas que lo antecedieron han logrado -mediante presupuestos fiscales exiguos, especialmente por no existir derechos sociales para los chilenos- los siguientes “logros”: a noviembre del 2016, en el Fondo de Estabilización Económica y Social, 13.821 millones de dólares; en el Fondo de Reserva de Pensiones, 8.843 millones de dólares y Reservas Internacionales por 39.430 millones de dólares, es decir un ahorro del Fisco chileno de más de 62 mil millones de dólares. Esto significa que si Conaf contara con una flota nueva de doce aviones como los comprados se gastaría aproximadamente un 0,06% del total del ahorro del país. Sin embargo, Valdés y sus colegas siguen enseñando en las universidades chilenas que la economía es la ciencia que estudia la “asignación de recursos siempre escasos”.

-El apoyo a los grupos económicos no es discursivo. Por el contrario, se materializa en casos como el siguiente: mientras las mujeres que venden dulces con canastos en la ruta próxima a Laraquete pagan al municipio anualmente 19.200 pesos, la gran empresa forestal y de celulosa desembolsa unos 11 mil pesos. La Celulosa Arauco y Constitución pagó por el primer semestre 2012 la suma de 5.227 pesos, mientras que en 2011 se registran cifras de 5.134 y 5.464 pesos cada seis meses. Asimismo, en el segundo lapso de 2010, año del terremoto, la celulosa canceló 5.585 pesos de patente.

Es recomendable recordar que las dos empresas más importantes del sector forestal de la celulosa son Arauco (del grupo Angelini) y la CMPC (del grupo Matte), este último protagonista de los casos de colusión de pañales y papel higiénico.

Estamos seguros que los incendios son intencionales. Sin embargo, no se requiere de ver las patéticas apariciones del subsecretario del Interior ni gastar tiempo en fiscales y oficinas de “inteligencia”. El culpable es el capitalismo depredador, que opera en nuestro país con costos, como las cientos de miles de hectáreas que castigan a los pequeños productores agrícolas de las zonas incendiadas, a los que ahora se han agregado lamentables pérdidas de vidas humanas, con la complicidad de la casta burocrática que administra sus intereses.

*A la memoria de mi hijo Felipe y a las valientes víctimas de estos incendios.


Sociólogo, Fundación Sociedad y Trabajo