Son las 10.00 de la mañana de un día sábado y en el centro de mando de bomberos de la comuna de San Javier -situado en la población Luis Cruz Martínez al poniente de la ciudad- un grupo de unos veinte voluntarios aguardan los llamados de emergencia de la jornada. Los presentes en el lugar son parte del universo de 1.869 voluntarios que se han desplegado entre las regiones de Arica y Parinacota y Los Lagos para ir en ayuda de las zonas afectadas por los incendios, como es el caso de San Javier, comunidad compuesta por cerca de 50 mil habitantes distribuidos en veinte localidades; la mayoría de ellas rurales.

Mientras en las estrechas calles de la población, los carros estacionados se mantienen con las luces rojas parpadeando y listos para trasladarse a cualquier punto de la comuna, algunos voluntarios dormitan en unas colchonetas dispuestas en un patio del inmueble.

Hay cansancio en las miradas, pero todos están alerta a la trasmisión que recibe el operador radial, instalado en una pequeña oficina de la brigada.

Entre los voluntarios está Karla Jiménez. Es de Santiago, tiene 24 años y hace siete trabaja en la Cuarta Compañía de Bomberos de Conchalí-Huechuraba. Mientras bebe un poco de agua, comenta que es técnico en párvulo y que viene con varios días de combate de incendios en el cuerpo. Uno de los lugares en los que estuvo fue en Pumanque, en la Región de O’Higgins, lugar donde las llamas arrasaron con más de 50 mil hectáreas.

Señala que en estos días algunas veces ha sentido miedo y también pena por lo que le ha tocado presenciar en cada siniestro: “Es triste ver que la gente pierde todo y queda de brazos cruzados. No solo pierden sus casas, también sus fuentes de trabajo”.

Es fuerte pero hay que estar con la mente fría para poder actuar”, añade.

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Karla dice que, tal como al resto de sus compañeros de labores, le entristece pensar en los voluntarios que han muerto en estos días en la lucha contra el fuego. De los once fallecidos a nivel nacional en el marco de los incendios, dos son bomberos. Uno de ellos murió en un accidente de tránsito, mientras concurría a una emergencia en la Región del Bío Bío, y el segundo, en el pueblo de Santa Olga (Maule), en el momento del rescate de un grupo de personas.

“Aunque uno no haya conocido al bombero de Talagante (fallecido en Santa Olga) te duele, te da rabia y también impotencia de que pasen estas cosas y que el gobierno no haga nada, de que nadie se mueva”, enfatiza la joven.

Alrededor de las 13.00 horas, el sonido de las sirenas indica que es el momento de partir. Rápidamente los bomberos se colocan sus cascos y bototos y parten rumbo a la llamada de emergencia.

El grupo es liderado por el segundo comandante del Cuerpo de Bomberos de San Javier, Juan Pablo Torres, quien junto a otros dos voluntarios, sale raudo en una camioneta para ir abriendo paso por la ruta L-30-M que une esta comuna con Constitución.

El foco del fuego, en esta oportunidad, es en las cercanías del poblado de Huerta del Maule. Una nube negra de humo aflora tras un predio de plantaciones de pino. Al fondo, se logra observar como las llamas van avanzando mientras ráfagas de viento esparcen cenizas por la carretera.

Usted quédese cerca de la camioneta por si esto se complica y la tenemos que sacar-, me dice el comandante, antes de comenzar a coordinar a las unidades.

Llama por radio, se pone el casco y los guantes para dar las instrucciones antes del ingreso a terreno, pide asistencia a carabineros para interrumpir el tránsito mientras se realiza el procedimiento y también soporte aéreo. La respuesta desde el otro lado es que no pueden apoyar desde el aire por la escasa visibilidad.

Los bomberos finalmente entran a la zona con palas, mientras van regando el suelo ardiente con las mangueras.

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Esto es de nunca acabar. Todos estos días hemos estado corriendo de un lado a otro”, comenta Alan Vásquez un bombero que en esta oportunidad se encarga de conducir la camioneta que lleva al comandante y abre paso a los carros.

Casi una hora después, cuando se logra contener el fuego, otra llamada urgente hace movilizarse nuevamente a las unidades.

Héctor Espinoza, quien hace veinte años es voluntario en la Segunda Compañía de Bomberos de San Javier, señala que “en mis años como bombero no había visto un incendio de esta magnitud en la región. Nosotros estamos acostumbrados a incendios grandes acá, que se descontrolan, pero de esta magnitud no. Llevamos unos doce días trabajando y afortunadamente hemos tenido todo el apoyo de los colegas de Chile”.

Añade que las condiciones climáticas y la carga combustible (tipo de vegetación), acentúan la violencia de los incendios en esta comuna donde proliferan las plantaciones forestales. “El fuego se descontrola y crece con rapidez, por las condiciones de temperatura, con un calor extremo. También está la sequía que ha afectado a la región, el viento ha desfavorecido mucho, y sobre todo el tipo de carga combustible, de pino principalmente, y también eucaliptos”.

Mientras la camioneta avanza a gran velocidad, hacia el oriente entre los cerros, se ven dos focos de humo. También las llamas amenazan un caserío junto a la ruta, en la que se comienza a generar congestión por una fila de vehículos, que con banderas chilenas, se dirigen a hacia el sector de Constitución para entregar apoyo a los damnificados. Algunos sacan los celulares para tomar fotos de la llegada de los bomberos.

Segundo comandante del Cuerpo de Bomberos de San Javier, Juan Pablo Torres

En paralelo, por los costados del camino, un grupo de lugareños avanzan con palas y ramas para hacer cortafuegos y ayudar a los bomberos a detener el fuego que está prácticamente encima de un grupo de casas.

Los carros de emergencia no pueden pasar debido a la cantidad de vehículos, y no queda otra opción que pedir a carabineros que corte el camino y que ayuden a despejar la pista para que las unidades puedan llegar hasta al lugar del siniestro.

“Me parece muy bien que la gente quiera ayudar a las personas que lo perdieron todo. Sin embargo, hay que tener un poco sentido común, práctico y social, de que si están viendo que estamos en una emergencia, por último hagan lo que hacen en Europa y se paren en la berma para que podamos pasar”, sostiene el comandante.

Hace otro comentario. “Tuvimos dos colisiones múltiples hoy día (en la mañana), donde casi atropellan a un bombero porque una señora se venía sacando una foto con el incendio”.

Tras despejarse un poco la vía, comienza nuevamente la tarea de combatir el fuego. El agua, que es obtenida de camiones aljibe que trabajan codo a codo con los bomberos, escurre por la tierra y paulatinamente el humo se va disipando.

La calma dura solo unos minutos. Otro llamado hace que las unidades vuelvan a movilizarse nuevamente a Huertas del Maule, y luego a otro caserío. Así pasa toda la tarde en un ir y venir por la carretera, combatiendo los múltiples incendios que surgieron en la jornada.

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Cerca de las seis de la tarde, los bomberos comienzan recién a respirar con más calma. De a poco, los carros de las compañías de San Javier, Santiago, Rancagua, Linares, Codegua, Valparaíso y Viña del Mar, llegan al centro de mando.

El comandante Juan Pablo Torres, reflexiona y dice que aún falta aprender de las lecciones que han dejado las emergencias en el país, particularmente en la coordinación de los distintos estamentos “Creo que en nuestro país hemos aprendido poco de las emergencias que hemos tenido. Nos falta sentarnos a la mesa y ver en qué hemos fallado, cómo podemos mejorarlo y no repetir los errores. Los errores que se han producido en las emergencias, a todo nivel, pasa por un tema de cómo nos coordinamos para mover los recursos y que apunten a la eficiencia”, acota.

Con los rostros sudorosos y los ojos enrojecidos, los bomberos se sientan a la mesa a compartir un plato de comida. Están tranquilos por la misión cumplida, pero saben, que en cualquier momento sonarán las sirenas y tendrá que tomar los cascos para salir nuevamente a combatir el fuego.