Desde que el cantautor y multinstrumentista Nano Stern se subió al escenario de la Cumbre del Rock 2017, ya iba con el objetivo de inyectar una nueva carga de energía a una jornada que había partido temprano y en la que el sol recién empezaba a dar un poco más de tregua.

“Para mí son súper importantes los primeros cinco segundos sobre un escenario, con qué energía uno entra. Lo demás no lo podís controlar”, asegura.

Efectivamente, entró con todo. Con la canción “El vino y el destino”, de inmediato buscó generar una complicidad con el público:

-Me imagino que están cagados de calor desde las ocho de la mañana. ¡Quién tiene sed! ¿Quién dijo yo? ¡Quieren agua o quieren vino!, -preguntó Stern al público en medio de la canción.
-¡Vino!, – le respondieron a coro.
-¡Acá chiquillos!,- alcanzó a decir luego el artista antes de lanzar una botella de vino al público.

Agencia UNO

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Fuera del escenario incluso había bailes de, por ejemplo, el “Carnavalito de ciempiés”, cover de Mazapán. “Es raro porque existe un prejuicio de que mi música es muy para adentro pero, por otro lado, he tocado mucho en vivo y mis conciertos son muy para afuera. Incluso el titular de Cooperativa fue: ‘Nano Stern hizo bailar el Estadio Nacional’. Yo decía como: ‘Que loco hueón, no me lo habría imaginado’ “, asegura.

-Era además una jornada especial. ¿Cómo la viviste?
-Fue una noche de sensaciones mixtas, porque el acontecimiento central de lo que estaba sucediendo ahí era la despedida de Jorge González. No fue una despedida apoteósica ni festiva, sino súper lúgubre. Una cosa media oscura. Me pareció muy valorable que no fuera un escapismo de la realidad, sino que era muy de frente. Él estaba muy consciente, con el repertorio que eligió, el modo en que eligió tocarlo, su parada. Pero aun así fue muy emocionante y una fiesta muy bonita para verse con tanta gente querida. Además es un privilegio poder tocar ante 35 mil personas.

-Una canción que tocaste es el Festejo de Color”, que trata el tema de la inmigración. Decías que ojalá en el futuro se pudieran subir a tocar en ese mismo escenario hijos e hijas de migrantes en Chile.
-Yo estoy seguro de que eso va a pasar. Estamos recibiendo un influjo cultural muy grande de inmigrantes y van a ser muy interesantes esas nuevas fusiones. Esto me toca una fibra muy sensible porque mis abuelos llegaron como refugiados de guerra a Chile. Para mí es casi una necesidad vital hacer una vocería respecto a la defensa de los derechos de los migrantes. Hoy está el fenómeno Trump, que se cuelga de los migrantes como la razón de todos los males. El mismo Piñera, un tipo que tiene reales opciones de ser presidente, aparece diciendo cosas muy aberrantes y falsas. Maliciosas.

-¿Cómo se logra transmitir un mensaje político fuerte con una canción más alegre, que invite?
-Es algo que me importa mucho. Cito a mi amigo Joe Vasconcellos cuando dice: “La alegría es algo que me tomo muy en serio”. No siempre el tono de gravedad es el que corresponde. Tenemos muchas reivindicaciones por las cuales luchar, pero no nos vamos a tirar a morir. La música es una fuente interminable de buenas energías, incluso cuando se manifiesta a través de la rabia.

 

Viajes y contradicciones

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 A lo largo de su vida, Nano Stern ha estado en lugares donde ha sido un total extranjero: un festival de gitanos en Serbia, Marruecos, Rusia, Siberia. De todos esos lugares ha asimilado elementos para incorporar en su música.

-¿Qué cultura te ha costado más asimilar?
-Siempre me ha parecido que los lugares más lejanos que he ido con respecto a Chile son la India y Bolivia. Cuando sales un poco de La Paz no entendís nada, los códigos son de una cultura completamente diferente. Decía: “¿Cómo un pueblo tan hermano puede ser tan diferente, y a la vez tan atractivo y hermoso?”. Ahora, quizás es aun más difícil entender de dónde es uno.

-¿En qué sentido?
-Mientras más uno conoce algo, más asoman las contradicciones, las grietas. Siento que vivimos en una sociedad en la cual la contradicción es un tabú. Pero una persona sin contradicciones es una fantasía. El mismo Jorge González en algún momento estuvo en Berlín haciendo música electrónica y uno ve sus canciones y queda como “a ver, no entiendo”. Después entiendes todo: de las contradicciones también nacen cosas bacanes.

-¿En qué otras cosas las ves presentes?
-Por ejemplo, en el nivel de exitismo en Chile. La obsesión que tenemos -y me incluyo- de proyectar hacia afuera que está todo increíble, la raja y que llenamos 25 estadios olímpicos. Es casi como si la sociedad “necesitara de estos súperheroes”. La huea no es así. Para de verdad creerte rockstar aquí tenís que estar muy rancio, porque todo es más paupérrimo en realidad. En esa precariedad también hay belleza y hay que cobijarse de ella.

-Y en tu caso, ¿cuál es tu contradicción más fuerte?
-En mí, la más fuerte es haber tenido una educación de privilegio, una situación de comodidad con mi familia y, sin embargo, ser en cierto modo sensible a la desigualdad y a la necesidad de un cambio. También está en cómo lidiar con el resentimiento gigantesco que me tengo tragar constantemente por ser un hueón rucio, de apellido extranjero, de familia judía, de colegio cuico, pero que sin embargo cree en las luchas que están día a día forjándose, de las cuales participo con honestidad. Esa es una contradicción, por un lado propia y por otro con la cual soy constantemente bombardeado.

-¿Cómo lo has combatido?
-He tenido que entender las contradicciones y decir: “Recibí una buena educación, tuve oportunidades que otra gente no tuvo. Entonces, ¿qué hago con esto? Todo lo posible para igualar la cancha, porque veo que la gran mayoría de los que han tenido mis privilegios y educación los utilizan para perpetuar su estatus”. Entiendo de dónde viene la energía resentida y que la razón por la cual nuestra sociedad es tan así es porque es tan profundamente injusta y desigual.

-¿Cuándo se desarrolló en ti esa sensibilidad?
-Cuando cumplí 14 años se murió mi papá, y eso expuso a mi familia a una situación bien radical, en la cual la burbuja se reventó de una. Al mismo tiempo empecé a conocer gente, a tocar en Matorral. En seis meses de mi vida me tiraron un balde de realidad encima, justamente en la adolescencia, donde que uno cambia mucho. En Alemania conocí al Grupo Ortiga, importante en la música popular chilena y los más jóvenes en ir al exilio, y me hicieron parte del grupo por un año. Ahí también aprendí que no todo era el mundito en el que había vivido hasta los catorce. El mundo es grande y está lleno de bellezas, aventuras, así como de injusticias, corrupción y apariencias.

-La protesta ha sido un punto fundamental en tu música.
-Ahí el canon es que “canto que ha sido valiente siempre será canción nueva” (Manifiesto, Víctor Jara). No hay mucho más que decir. Ahora, soy bien enemigo de las consignas, aunque no siempre lo fui y quizás de pendejo abusé de eso, pero creo que nos hacen mal. Falta capacidad crítica, desarrollar nuevas ideas y proponer. Ahora lanzaré canciones nuevas que tienen mucho de denuncia, ya que los últimos años han sido de amargura total. Tienen una dimensión oscura, pero con la intuición de que si trabajo algo que es pura creación que sea buena onda. Estoy súper consciente de que tengo el estigma de “ah el hippie buena onda, el ‘nunca quedas mal con nadie'”. Pero eso es súper burdo, yo he reflexionado sobre este tema en un sentido mucho más profundo.

 

Violeta Parra y sus décimas

/Zig Zag

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Cuando Nano Stern tenía 16 años, solía escuchar a su hermana mayor, Claudia, tocar Silvio Rodríguez, Víctor Jara, y leer sus ejemplares de La Bicicleta. El bicho de la música popular y de sus raíces estaba presente en él, y explotó para su cumpleaños número trece.

Ahí vio en vivo, en el Teatro Baquedano, a Los Jaivas tocar completo el disco Alturas de Machu Picchu. Años después, esa sensibilidad se intensificaría en el grupo Mecánica Popular. “Ahí había una conciencia muy clara del origen, la cantautoría, de la palabra de Violeta Parra y Víctor Jara, mucho antes de que fuera la moda”, asegura.

-Ahora justamente viene el centenario de Violeta Parra.
-Honestamente, pasé varios días y horas pensando: “Bueno, qué hacemos?”. Y en verdad fue como: “Pero si en verdad hacemos tributo a Violeta Parra siempre”. Que lata que ahora sea lo institucional de que todos colgados al carro, ganando plata y tirando proyectos. ¿A la gente le importa rendirle homenaje a lo que significa, fue y nos legó, o están todos subidos en el carro porque es “el año de”? Cuando veís los ministros, la foto institucional y el logo del centenario es como “ayayai…”. 

-Violeta Parra también popularizó las décimas, que han tenido mucha presencia en tu música.
-Sí, aunque mi primer acercamiento fue en Casablanca en el festival internacional de payadores. He escrito muchas de mis canciones también en décimas que la gente no tiene por qué saber, incluso las “Décimas a la Viola”. Por lo mismo digo que ahora es “el año de Violeta Parra” y empiezan a salir las canciones, uno dice: “Por la chucha, no hace falta que sea el año para sacar la canción”. La podríamos haber hecho todos antes. Como decía ella: “La creación es un pájaro sin plan de vuelo, que jamás volará en línea recta”. Pero la industria ama las líneas rectas.

El año pasado Nano Stern lanzó el libro Cancionero (Editorial Liberalia), a modo de celebración de los 10 años del lanzamiento de su primer disco. Con ilustraciones de Sol Díaz, el texto enseña a sus lectores 38 canciones del autor, con sus propias afinaciones e incluso con el material complementario de tutoriales en Youtube. Para él, fue un modo de desapego con su obra.

Del mismo modo, si bien el artista ha escrito una serie de Décimas Desconcertadas para este medio, en esta ocasión -al igual como lo hace con su Cancionero- nos permitió a nosotros experimentar hacerle las dos últimas preguntas de esta entrevista en ese formato. Aquí va el intercambio:

Pregunta ED:

Primero que todo o nada
gracias por la entrevista
que a este medio y periodista
fue con simpatía dada.
Pero de algo me olvidaba
la entrevista se me cae
si esta pregunta no trae:
¿Cómo es subir a escenario
con ícono legendario
de la talla de Joan Baez?

Respuesta Nano:

Joan es una leyenda
de la música y la lucha
pero su humildad es mucha
y eso la hace más tremenda.
Ella comparte su senda
y ofrece su corazón
y le ha dado a este chascón
una clase magistral
mejor que el mejor manual
de la vida en la canción.

Pregunta ED:

¡A los lugares que accedes!
Y esa versión no se olvida
del Gracias a la vida
de Violeta, de Mercedes.
Bueno, ¡el que puede puede!
Y que se una el canto entero.
Ahora, séame sincero
hablando de manuales
¿Cuáles son tus planes
pa’ expandir tu cancionero?

Respuesta Nano:

Pa’ expandir mi cancionero
trabajo con diligencia,
con pasión y con paciencia,
con amor y con esmero.
La canción es un sendero
sinuoso e impredecible
y en su esencia pura y libre
rehuye de todo plan,
y explota como un volcán
con su belleza intangible.