Fue una mujer, ex pareja de un militar, cincuentona y vestida con vistosas prendas de oro, la que en 1992 le dio a Martín Almada, abogado paraguayo, doctorado en Educación y ex prisionero político entre los años ‘74 y ‘77 de la dictadura de Alfredo Stroessner, la información que tanto tiempo llevaba buscando.

-Profesor, yo sé que usted sufrió mucho… los papeles de su caso están fuera de Asunción. Estos son los planos. Yo le pasé esto a un diputado del Partido Radical y no hizo nada, pero confío en usted.

Almada nunca volvió a saber de la mujer, pero en ese minuto solo tenía dos cosas en mente: Constatar si durante su presidio su esposa realmente se había suicidado –como le habían dicho los militares paraguayos- y averiguar la razón de por qué lo había torturado gente de distintas nacionalidades.

“No podía entender por qué me había torturado primero un chileno, luego un argentino y un brasileño. ¿Por qué me torturó tanta gente?”, asegura Almada en conversación con El Desconcierto, y luego agrega: “Por pinta, esos militares parecían de alto rango. La mayoría de lentes oscuros, elegantemente vestidos, como si fuesen a una fiesta”.

El 22 de diciembre de 1992 llegaron hasta un centro de la Sección Producciones de la Policía Nacional en Lambaré -cerca de Asunción-, Almada junto al juez José Agustín Fernández. Acompañados de la prensa y luego de pasar una que otra traba de los encargados del lugar, llegaron a una puerta cerrada con candado, tras la que se encontrarían los documentos del caso del abogado.

Al forzar la cerradura, inmediatamente se dieron cuenta de que había mucho más. La habitación albergaba alrededor de setecientos mil folios, entre los que había fichas de prisioneros, informes secretos, documentos de vigilancia, controles a “grupos subversivos”, cédulas de identidad y mucho más. Solo al indagar con detención lo encontrado, se cayó en cuenta de que ahí estaban los documentos que probaban la coordinación represiva de las dictaduras de Latinoamérica y Estados Unidos. Ese era el “nido del Cóndor”.

Hasta el día de hoy Almada lleva consigo una copia de las invitaciones del año ’75 del jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional de Chile (DINA), Manuel Contreras, a los jefes policiales de otras dictaduras para fundar la “Operación Cóndor”.

“Manuel Contreras Sepúlveda, Coronel Director de Inteligencia Nacional, saluda atentamente al Sr. General de División don Francisco Brites, Jefe de la Policía de la República del Paraguay, y tiene el alto honor de invitarle a una Reunión de Trabajo de Inteligencia Nacional que se realizará en Santiago de Chile, entre los días 25 de Noviembre y 01 de Diciembre de 1975. (…) se espera que esta Reunión pueda ser la base de una excelente coordinación y mejor accionar en beneficio de la Seguridad Nacional de nuestros Respectivos Países”.

La documentación fue bautizada como “Los Archivos del Terror” y sirvió como base para, por ejemplo, la detención de Augusto Pinochet en Londres por parte del juez Baltasar Garzón en 1998. Su descubrimiento le valió a Martín Almada el reconocimiento del Premio Nobel Alternativo de la Fundación Right Livelihood.

– Usted originalmente buscaba los archivos de la detención de su esposa, ¿cómo le impactó enterarse de su caso?
– Es que ahí supe que mi esposa no se suicidó, sino que la mataron. A mi esposa la hacían escuchar mis llantos y alaridos en la tortura. Un día incluso un oficial me dijo que tenía instrucciones de picarme los testículos, pero no quería hacerlo ya que sabía que yo era inocente. Me dijo que fingiera, pero yo no tenía fuerza para gritar. Esos gritos se los mostraban a mi esposa y un día fueron con una camisa ensangrentada y le dijeron: “El educador subversivo ha fallecido”. A ella le dio un infarto.

Sentencias en Roma: ” ¿Por qué se esperó a que murieran todos primero?”

Foto: Radio Villa Francia

Foto: Radio Villa Francia

La razón de esta visita de Martín Almada a Chile es la conmemoración anual de la Corporación 3 y 4 Álamos, formada por ex detenidos de ese centro de tortura de la DINA que hoy funciona como centro de reclusión para jóvenes del Sename. En el evento, realizado el pasado sábado 21 de enero, se le entregó al paraguayo la “Medalla de Honor en la lucha por la defensa de los Derechos Humanos”.

“Ayer esto fue una cárcel de Pinochet y hoy es una cárcel para las víctimas de esta democracia de fachada. Hay que poner fin a esta ignominia”, dijo en su discurso, y luego agregó: “Todo aquel que comete un crimen de lesa humanidad no puede ampararse jamás en el slogan de cumplir órdenes y mucho menos por el solo hecho de pedir perdón sin prueba de arrepentimiento en el transcurso de una misa en Punta Peuco. Tenemos que entregar a la justicia el Archivo de la Operación Cóndor, que ascendería a diez o veinte toneladas de documentos que se encuentran bien guardados en algún lugar del país o fuera de él”.

El abogado terminó su intervención pidiendo el cese del envío de tropas chilenas al Fuerte Benning y el cierre del Fuerte Aguayo, base militar de Estados Unidos en Concón. “La situación de América Latina está peor, antes se enviaba a tropas a la Escuela de las Américas, ahora ellos se instalan acá. Chile actualmente es una colonia”, asegura.

Con él lleva un ejemplar de la Revista Policial de Paraguay del ’81 en la que se habla con soltura acerca de las remodelaciones del centro donde lo torturaron, tiene los nombres de los involucrados y mensajes del general Stroessner. Además tiene una serie de documentos de Manuel Contreras, como agradecimientos por el envío de prisioneros a Chile desde Paraguay o solicitudes de fondos para contratar a agentes de otros países en la DINA.

– ¿Cómo vio la muerte de Manuel Contreras hace dos años?
– Yo vine varias veces y siempre estuve muy desilusionado porque siempre pedí una entrevista con Contreras. Todos me decían que no valía la pena, pero lamento no haber tenido esa oportunidad. Quise saber si efectivamente se llamaba Jorge Oteiza López el coronel que me torturó de la fuerza chilena.

– ¿Y qué le pasa a usted con las muertes de los protagonistas? Por ejemplo, en 2006 murió tanto Pinochet como el general Stroessner.
– La justicia latinoamericana actúa como la víbora. La víbora solo muerde a la gente que está descalza, a los pobres. Esperó veinte años a que murieran todos, ¿qué es eso? La justicia otra vez se convierte en otro aparato más. En Chile, Pinochet murió impune.

– Recién hace dos semanas se dictaron las sentencias por este caso en Roma, con ocho cadenas perpetuas de 28 imputados. ¿Qué le parecieron estas sentencias?
– Estoy muy decepcionado. La justicia tiene que ser reparadora y pronta. El fiscal (Giancarlo) Capaldo, que investigaba el caso, fue a Argentina, Chile y Brasil. Pero el nido del Cóndor estaba en Paraguay y no fue. ¿Por qué no fue a la fuente? ¿Por qué esperó a que murieran todos primero? Pasaron veinte años y ahora (en diciembre) uno de los criminales, Gregorio Álvarez, murió. ¿Por qué se esperó tanto?

– ¿Usted pudo declarar en este caso?
– Sí, fui a Roma el año pasado. Incluso el Papa me recibió el 30 de septiembre, y le entregué los documentos del Cóndor. Le dije que pidiera la revelación de los documentos del resto de los países. Para mí que Italia está viviendo una decadencia moral, económica y jurídica. Después llegué a declarar al tribunal que se había constituido. Me sentí muy mal porque la audiencia se hizo en un cuartel de Alta Seguridad, ¡y yo estoy harto de los cuarteles de Alta Seguridad! Para mí fue un choque, me sentí mal. Cuando hablé 15 minutos la presidenta de la Corte me dice que es suficiente, y yo le respondí que quince años de investigación no lo podía decir en ese tiempo.

– ¿Y la sentencia en sí qué le parece?
– Mala, porque toditos deberían haber tenido cadena perpetua. Tampoco fueron a la fuente de los archivos. Se investigaron a los hijos ítalo argentinos e ítalo paraguayos, pero al parecer la justicia italiana es complaciente con sus ladrones y verdugos, e implacable con sus soñadores.