¿Cómo alguien puede hacer tantas cosas mal, salir de una pega evaluado por la ciudadanía con una de las peores notas del curso, y aun así caer de pie, premiada, agasajada? La designación de Javiera Blanco en el Consejo de Defensa del Estado, con un sueldo de casi ocho millones asegurado hasta el 2047, es un ají en las partes más sensibles para los chilenos y chilenas que no entienden, que no terminan de entender, por qué sus condiciones de vida no mejoran luego de entregar tanta honestidad en el trabajo, tanto sacrificio para culminar sus vidas con pensiones de ciento cincuenta lucas, mientras otros suben siempre como la espuma. La designación de Blanco a una vida millonaria es un caldo de cultivo para todos los que no creen en la política, para las señoras que este año no se levantaron a votar, porque no valía la pena, porque todos los políticos son iguales, porque para qué, si lo van a hacer mal y los van a premiar igual, porque son amigos entre ellos, porque tienen santos en la corte, porque se regalonean en el poder.

¿Y cómo uno le va a decir a esa señora que no tiene razón? Si es la misma señora que en julio tomó la micro temprano, después de pintar un cartel inscribiendo su miseria de pensión, para gritar de impotencia en una marcha luego de ver por televisión que la ex Subdirectora Técnica de Gendarmería, y ex esposa del diputado Osvaldo Andrade, Myriam Olate, tenía una pensión de cinco millones, mientras ella sobrevivía con ochenta mil pesos pidiendo de regalo los medicamentos en el consultorio, con frío, frustrada. Cómo no va a ratificar su desafección, su descrédito a “los mismos de siempre”, una señora que también por televisión escuchó de las acusaciones del ex director de Gendarmería, quien dijo que la ministra Blanco y su subsecretario presionaron para la designación de cargos que luego se jubilarían con seis ceros.

Cómo no va a reaccionar huyendo de la política una ciudadana chilena que, en la misma semana en que leyó que Myriam Olate hubiera recibido una pensión de cuatrocientos mil pesos si hubiera cotizado, como ella, en una AFP –y como ordenó que debió ser la Contraloría-, se enteró que la ex ministra Javiera Blanco, a la que desaprobó cuando una encuestadora la llamó por teléfono –ayudando a ubicarla como una de las figuras más rechazadas del gobierno antes de su renuncia en octubre- fue defendida por la presidenta Bachelet, quien destacó sus pergaminos profesionales al nombrarla como una nueva defensora del Estado. No le pidan a esa señora que no se descoloque al ratificar que en Chile los que tienen redes e influencias, cuando se caen, no los recibe el suelo, porque los poderosos en el país de la desigualdad se caen de pie.

¿Perfil idóneo para defender al Estado -se preguntan los jóvenes que luego serán invitados por las autoridades del gobierno a creer en la política para que vuelvan a votar-, la ex subsecretaria de Carabineros que impulsó en 2008 una investigación contra los funcionarios que partearon al chofer de Guido Girardi, quien telefoneó a Blanco para quejarse del “trato inadecuado” de los policías? ¿Eficacia y eficiencia, la ex directora ejecutiva de Paz Ciudadana –la fundación de Agustín Edwards, en cuyo directorio lo acompañan Paola Luksic y Eugenio Tironi- que trató a los niños del Sename como stock, justo en días que en que se criticaba su tratamiento político de una entidad que en el abandono mató a una niña llamada Lissette, de sólo once años?

¿Prolijidad y preparación, la secretaria de Estado que encabezó –como responsable del Registro Civil- uno de los bochornos más impresentables en la historia de nuestro sistema electoral, con los errores -no solucionados a tiempo- en los datos para el padrón que dejaron a cientos de miles de votantes sin la posibilidad de sufragar?  El mismo Registro Civil desde el que la dirigenta de los funcionarios, Nelly Díaz, acusó amenazas por parte de la ministra, recurriendo incluso a la OIT para denunciar el actuar del Ejecutivo en el conflicto del Estado con los trabajadores.

No Presidenta, no me diga, por favor –dice la señora de la pensión de ochenta mil pesos al leer el diario-, que la designación en el CDE de Javiera Blanco, ex nuera de la senadora Carmen Frei, es por mérito de su trayectoria profesional. No después de lo que vimos estos años. Diga lo que le dijo cuando la despidió del ministerio, que le agradecía su “lealtad” y acompañamiento desde el inicio de su trabajo para retornar al poder, en el comando. Pero no diga que es por lo bien que lo ha hecho en sus trabajos. No desconozca lo que ha dicho la gente, las personas comunes que la han señalado como una de las caras responsables de los problemas mayores que tenían que ver con su cargo. No desconozca los errores en designaciones y tardanzas de remociones que colaboran a que no pueda despegar en las encuestas, Presidenta. Porque este es otro duro golpe a la credibilidad de su gobierno y del sistema político en general.

Mientras, Javiera Blanco prepara su nueva oficina, recordando el día en que la PDI incautó su computador para investigar las designaciones irregulares de pensiones en Gendarmería, institución en que se hicieron tantos mal usos de los recursos del Estado, recursos que ahora ella misma, por su “capacidad netamente profesional”, deberá proteger. No nos vengan con cuentos. 


Director Noesnalaferia