La cita fue el 21 de enero es a las diez de la mañana en el número 332 de la calle Vitor Meireles en Riachuelo. La programación del día incluye poner al fuego varios quilos de maltes como proceso inicial para obtener cincuenta litros de Red Ipa.

Hace más de dos años la cocina de esa casa del suburbio de la Zona Norte de Rio de Janeiro fue adecuada para producir cerveza, pero fue a finales de 2015 cuando la Cervecería Artesanal de la Zona Leopoldina se convirtió en un punto de encuentro feminista.

La anfitriona Leinimar Pires, convocó a través de redes sociales a otras mujeres interesadas en cerveza. Fue ella y Sabrina Araujo del estado de Ceará y Amanda Lourensen de Rio Grande do Sul, las que idealizaron un fin de semana dedicado a la cultura de su bebida favorita, el Primer Encuentro Nacional de Cerveceras Feministas.

IMG_0571Leinimar es una mujer negra, madre y profesora de Filosofía y Letras. Un año atrás comenzó a elaborar cerveza por invitación de su pareja, los dos vivían a un par de calles de la cervecería y él ya era socio. Ella aceptó pero luego decidió que quería aprovechar el espacio en Riachuelo como una actividad militante. Formó el colectivo La Cerveza de la Mujer Guerrera con amigas y vecinas. Desde entonces ha producido cerveza artesanal que vende en ferias y entre su grupo de amigos.

Unas quince mujeres atendieron la invitación de Facebook para presenciar y ayudar en la creación de la Red Ipa, algunas para iniciar de cero y otras con experiencia previa.

Sabrina del colectivo Molotov, una mujer bajita pero de brazos fuertes coloca a calentar cincuenta litros de agua purificada y luego Leinimar añade el malte, mientras explica la razón de convocar a un encuentro de cerveceras.

El objetivo es discutir el papel de la mujer en el mundo de la cerveza e integrarla de nuevo como protagonista en la producción”, dice, mientras el malte en el fuego comienza a desprender un olor dulzón parecido al que sale de las cocinas de repostería.

En un artículo que escribió para el periódico Jornal do Brasil, la profesora de filosofía ahonda en que antes de la revolución industrial, la producción de la cerveza era familiar y hecha principalmente por las mujeres que también vendían a pequeña escala, con lo que conseguían cierta libertad económica. “Cuando los hombres descubrieron el potencial económico, le robaron el papel protagónico a las mujeres”, dice Leinimar, mientras Amanda del colectivo Ceres mide la temperatura del agua que no debe pasar de los 60 grados para conseguir extraer los azúcares del malte que después se convertirá en el alcohol de una cerveza estilo Red Ipa.

Ya en la sala de la casa en la que la cervecería Leopoldina tiene un bar frecuentado por gente del barrio e invitados, Leinimar continúa. “Cuando uno piensa en la relación entre la mujer y la cerveza lo primero que viene a la mente es la publicidad de cerveza industrial en el que la mujer es sexualizada y colocada como objeto y no como consumidora”.

Por esa razón, las etiquetas de la Cerveza de La mujer Guerrera homenajean mujeres de la lucha por derechos civiles. La negra Mahin, que participó en los levantamientos por la abolición de la esclavitud en el Brasil del siglo XlX ocupó la etiqueta del primer lote de cervezas estilo Red Ale en 2015, mientras que una cantante contemporánea, fue la más recientemente homenajeada con un lote de India Pale Ale, por su carácter fuerte frente a una vida adversa. En los refrigeradores del bar unas 200 botellas de éstas y otras marcas artesanales ya heladas esperan por algún parroquiano o parroquiana con sed.

El bar tiene un ambiente familiar. Algunas mujeres del colectivo vinieron con sus hijos pequeños que gatean o juegan con sus padres. Un pequeño de unos dos años, que es el centro de atención por sus lindos ojos rasgados y grandes cachetes, come un pan hecho con miel y el malte que se usó para obtener azúcares para cerveza.

Las mujeres reivindican a la birra como alimento. “No pretendemos acabar con el consumo de cerveza industrial, pero queremos que la gente sepa que tiene otras opciones y que puede mudar la forma consumista en que se bebe. En vez de tomar varias cervezas baratas para emborracharse, las personas pueden beber dos o tres que harán el mismo efecto pero que al mismo tiempo serán nutritivas”, afirma la profesora de filosofía para la que hacer cerveza también es una ideología.

De acuerdo con Leinimar es posible vender una cerveza artesanal a un precio compatible con la realidad de la gente, “si se deja de pensar en ellas como un producto gourmet”. De lo contrario, su precio seguirá elevado en comparación con las marcas industriales.

Ya es cerca de medio día y el termómetro en Río de Janeiro debe marcar unos cuarenta grados. Algunas mujeres comienzan a degustar cerveza para refrescarse y otras regresan a la cocina para siguiente etapa con el malte.