En la producción de música popular existen figuras importantes a la hora de concretar algún álbum o canción, algún proyecto. A grandes rasgos, un productor musical, un sello discográfico, son la imagen principal de la producción musical en la industria. En un sello discográfico, el productor musical tendrá la misión de captar bandas, músicos, solistas, y “;crear un producto” que represente entre otras cosas, la posición política-estratégica del sello discográfico, que a su vez, cumplirá con las reglas de la industria en la que promueve a sus artistas o discos. Así irá dando forma a canciones producto de consumo, a estilos de música, e irá buscando la mayor cantidad de ventas.

Hay leyes que mandan y personas que responden a esas leyes. En el modelo actual, también parte de la economía neoliberal presente en Chile, si no se vende, no existe (para la industria).

Los Vásquez, son uno de los fenómenos musicales que sin duda, revolucionaron la música popular en Chile en los últimos años, dueños de una música fresca, alegre, han liderado por algunos años ya rankings radiales, premios por éxito de ventas, premios del gusto popular, y hace tiempo que están en los primeros lugares de las listas de canciones más solicitadas y tocadas en las radios nacionales.

Este dúo de hermanos sureños llegó a la capital y comenzó a trabajar en un estilo abiertamente comercial que llamaron “pop cebolla”, cuyos ingredientes son letras intensas, historias de amor, desamor y engaños, acompañadas por la guitarra acústica, eléctrica, la melancolía del acordeón, la potencia de dos trompetas resonando al mejor estilo ranchero mexicano y un sólido soporte rítmico-armónico en la batería, percusiones, bajo y piano. Como se estila decir entre músicos, son un grupo que “suena cañón”.

Sus canciones han calado profundamente en gustos populares, y es que Los Vásquez llenan de pueblo las canchas de jineteadas en la Patagonia, una cancha de fútbol amateur en Colbún y el Movistar Arena, da igual, el público es fiel con este dúo de hermanos patagones que, como muchos, llegaron a la capital en busca de un título universitario, pero además, de hacer realidad su sueño, la vida en la música.

Cuando en 2012 iban por su quinto disco de platino (más de 50 mil copias vendidas), premio soñado para los músicos chilenos, ellos pidieron “el disco de cobre”, “es un material de todos que es de todos los chilenos, mejor dicho, que debiera ser de todos los chilenos porque no ha sido renacionalizado”, declaró Ítalo a un medio nacional.

También es sabido que se han negado en varias ocasiones al sueño de todo músico y banda chilena, llegar al Festival de Viña del Mar, festival de festivales en cuanto a audiencias, festival de festivales en lo que respecta a la farándula criolla y el circo de la desinformación también. Y es que entre el piscinazo de la reina, las copuchas, la alfombra roja y el concierto de Pedro Aznar, uno se confunde.

Una vez me invitaron a tocar con ellos al Teatro Caupolicán, en 2008, y pude ver también que a la mitad de su concierto, coreado por las siete mil personas que llenaron el teatro, de pronto detuvieron la música, comenzaron unos golpes de percusión con rítmica mapuche y acompañados por imágenes (en pantalla gigante) de la represión y marchas en Chile en los últimos años, Ítalo, el frontman de la banda, hizo un llamado a la conciencia social a todos los presentes, sobre todo con las problemáticas vigentes como la educación, la Patagonia y la renacionalización de las aguas y el cobre. Luego de la canción “Basta”, siguieron animando a la gente que no paró de bailar y corear sus canciones hasta el final.

Pero la rebeldía de Los Vásquez es más sublime aún, ellos han demostrado que si, haciendo canciones de alto consumo como “Juana María” o “Miénteme una vez” pueden llegar a grandes masas, pero también aprovechar esa masividad para mostrar que no están al margen de las problemáticas que aquejan a Chile, que están involucrados con lo que le pasa a su público, a la Patagonia o al Maipo, saben de lo que afecta a quienes asisten a sus conciertos, a los que les compran sus discos y piden sin cansancio sus canciones en la radio.

Y la sublime rebeldía de Los Vásquez, podría estar en demostrar que se puede ser artista en la industria capitalista chilena y no sucumbir al pensamiento de los gobiernos de turno, a premios de la presidencia, al pensamiento o partido del director de un programa del Consejo Nacional, al deseo de un Alcalde, o al pensamiento de un productor musical mandado por un sello. Han demostrado que se puede ser artista en Chile, con éxito, “pop cebolla” y con un pensamiento propio, independiente, que no dialoga (y no dialoga), en su esencia íntima, en el fuero personal, con la esencia de la industria y artistas condescendientes con un sistema económico que está permeando todo, con un sistema político que ya se cae.

Y si, les ha ido bien, son populares, son hit de hit en las listas de canciones, es muy probable que han ganado mucho dinero, pero también han aprovechado esta masividad para compartir con el público que repleta sus redes sociales, estadios y grandes escenarios, un pensamiento crítico hacia las políticas económicas que intervienen de manera violenta la vida de ciudadanos alejados de la capital, han optado por quedarse de la mano de un país que levanta de sur a norte importantes demandas populares, independientemente de sus hits más populares, pienso, se han mantenido auténticamente fieles también al público que los sigue y las problemáticas que les afectan.


Cantautor