Si con el deleznable aprovechamiento político de la derecha ya estábamos hablando de un sector de la sociedad que en vez de ayudar, solo buscaba sacar réditos políticos. Ahora con las informaciones falsas y los infructuosos intentos de alarmar a la población en base a – entre otras cosas –  un falso terrorismo, hablamos de algo aún más preocupante, ya que a través de mentiras se ponen vidas en riesgo y se incita el odio hacia ciertos grupos de personas.

Sí es preocupante que aún cuando instituciones como Fiscalía, Carabineros y PDI tras un análisis de pruebas y antecedentes, descarten un “motor terrorista” tras los incendios que afectan la zona centro-sur del país, hayan quienes hablen de “terrorismo mapuche” (además de sumar a las FARC, ETA y cuanto otro delirio más). Además quienes hablan de “terroristas” ignoran que un factor común de cada uno de ellos, es la adjudicación de cada atentando (ya que si no, no se logra el efecto deseado: causar terror para coaccionar sociedades y/o gobiernos).

Es también alarmante que ante la sensata decisión de Fiscalía de perseguir a quienes difunden información falsa sobre la catástrofe, salgan a hablar de “que es innecesario”, “atenta contra la libertad de expresión”, “buscan ocultar verdades incómodas”, etcétera. Siendo que primero, y por definición, la libertad de expresión como todo derecho, conlleva un deber, siendo este el no pasar a llevar los derechos del otro (entre ellos, la dignidad) ni por lo tanto generar un daño a terceros en base a mentiras. Por algo existe el delito de la “calumnia”, que es cuando se le imputa públicamente a alguien un delito de manera de injusta.

Más aún se hace extrañable que se critique la decisión de Fiscalía, cuando debería ser conocimiento de todos lo dañino que puede ser una información falsa. Basta solo recordar las fotos que utilizó irresponsablemente el empresario Juan Pablo Swett y compañía para acusar a unos jóvenes brigadistas (entre ellos un menor de edad de 14 años) de provocar incendios, y rememorar las reacciones que provocó; gente que pedía organizarse para encontrar a los muchachos para lincharlos, torturarlos y alguno que otro que hasta pensaban en matarlos (expresiones de barbarie que lamentablemente son cada vez más común).

Cuando el peligroso y dañino afán de hacer “justicia” por mano propia se suma con la ignorancia y la desinformación, solo dolor y crímenes pueden salir como resultado de aquella adición. Hagamos memoria que hace no mucho un niño de 13 años murió tras ser torturado durante 12 horas por un rumor y una acusación en su contra sin existir pruebas. Lo sano, lo ético y lo civilizado es combatir la desinformación (no caer en ella) y esperar que el poder judicial sea el encargado de impartir justicia, y no nuestras manos guiadas más por el odio visceral que por la razón y la moral.

Otro efecto dañino de la información falsa y que en general se busca de manera consciente, es el incitar el odio hacia etnias, extranjeros, personas de cierta ideología, etcétera. Y es ahí donde aparece el mapuche como el favorito para las acusaciones, aún cuando ellos veneran la madre tierra (la Ñuke Mapu), sus tierras no están en el Maule (principal zona afectada por la catástrofe) y los detenidos no son mapuche ni tienen relación con su causa (entre ellos: estudiantes irresponsables, el hermano pirómano de un bombero y unos indigentes).

Y para los “amantes de la paz”, esos que piden “Estado de Sitio” o “militares a la calle” ante casi cualquier situación, es bueno aclararles que el Estado de Catástrofe basta y es suficiente. Actualmente ya están las Fuerzas Armadas en terreno trabajando en combatir los incendios y custodiar la seguridad tanto de los brigadistas como de los pueblos, por lo que pedir “Estado de Sitio” (que suspende libertades de movimiento), sería solo entorpecer la labores de voluntarios y brigadistas que ayudan ante esta trágica situación.

También es importante aclarar que el presidente (en este caso, presidenta), delega funciones. La máxima autoridad del Estado puede recibir al mandatario de un país en una reunión agendada con anterioridad (más aún si se consigue la ayuda de su país para la catástrofe) y al mismo tiempo encargar a otras autoridades del Estado que se hagan cargo de los incendios (más aún si estos son más expertos en la problemática requerida).

Y ese show inservible de las chaquetas rojas en terreno, es eso, un show inútil, ya que la presencia del presidente en catástrofes estorba más de lo que ayuda, debido a que significa un realizar operativo extra para resguardar su seguridad, además de preparar toda lo logística necesaria para su estancia y desempeño. Lo que sí, pasado cierto tiempo (y habiendo coordinado todo desde la mesa central), un presidente puede ir a reunirse con las autoridades de cada zona afectada para en persona conocer las necesidades y/o demandas de sus poblaciones.

Con respecto a las funciones gubernamentales en torno a las donaciones y apoyos desde el extranjero, se vio otra desinformación e ignorancia en muchos comentarios en las redes sociales. Ni el presidente ni su canciller tienen por qué recibir el avión que se consiguió un privado, porque no es un asunto de Estado. Diferente es cuando ese avión lo facilita un país (como pasó con Rusia), ya que ahí sí hablamos de un asunto de Estado, donde se requiere todo ese rito republicano y diplomático.

Y así, ejemplos de desinformación e informaciones falsas abundan, y ayudan a que ese tan peligroso odio y/o temor se propague como una plaga. Y para peor, cuando instituciones serias se comprometen y llaman a detener y combatir dicho flagelo, se convierten también en blancos de la ignorancia colectiva y la hoy lamentablemente popular posverdad.

Nuestra misión y propósito entonces debe ser vencerlo, ¿cómo? informándonos. Es ahora cuando se debe recordar los pasos más importantes para informarse, que son: verificar que las fuentes sean serias y comprobables; informarse por dos o más fuentes diferentes (y contraponerlas); revisar que las pruebas sean probables; no creer a la primera lo que diga una foto (y menos un meme); y en general, no sacar conclusiones sin recibir la versión de cada parte (tanto del acusador como del acusado); y si hablamos de datos policiales, penales, gubernamentales y en resumidas cuentas, estatales, exigir (y/o revisar) que dicha información sea la oficial (y no un mero cahuín). Hay una ley y un Consejo para la Transparencia, usenlos.

Sin olvidar que las ignorancias sobre el funcionamiento de lo legislativo (como cuando difamaron torpemente a diputados jóvenes que ni siquiera son de los distritos afectados), lo gubernamental, lo estatal y lo político en general (además de lo jurídico), nos hablan de una necesidad: se requiere un ramo de educación cívica y derechos humanos, y que esté implementado pronto.

“Con una hábil manipulación de la prensa, pueden hacer que la víctima parezca un criminal y el criminal, la víctima”, Malcolm X. La emancipación ante la ignorancia y la desinformación parte por uno. Recuérdenlo