El pasado viernes 3 de febrero el Juzgado de Letras del Trabajo en la ciudad penquista fue categórico. “Se condena a la ex empleadora Corporación Cultural de la Universidad de Concepción (Corcudec) a pagarle a cada uno de los querellantes la suma de $3.653.859”, señaló un fallo del juez Fernando Stehr. Afuera, los miembros del coro de la misma corporación repartían volantes donde acusaban a la institución de “matar la cultura en Concepción”.

La intención inicial de los músicos de la Orquesta Sinfónica de Concepción no era llegar a lo judicial. Gracias a gestiones del sindicato el 6 de junio de 2016 ocurrió una reunión inédita. El rector de la Universidad de Concepción, Sergio Lavanchy, accedió a encontrarse con la planta estable de músicos de la orquesta sinfónica de su institución, fuera del teatro y sin el equipo directivo. Según los asistentes, fue una catarsis para la orquesta, compuesta por más de 40 personas.

“Por primera vez muchos músicos pudieron conversar sobre los malos tratos, acoso laboral y amenazas que se venían dando hace años en la orquesta”, señala Javier Bustos, quien además de tocar el oboe asumió la dirigencia del sindicato de artistas.

La respuesta del rector Lavanchy calmó los ánimos. Según los músicos, les comunicó que su deseo era que la orquesta estuviera tranquila en sus tareas, que pese a los cambios presupuestarios no pensaba deshacerse de ella y que se oponía al uso de su nombre como forma de amedrentamiento.

“Nadie puede despedir a un colaborador sin la autorización del Rector” fue la afirmación de Lavanchy. Cinco meses después fueron despedidos el violinista Leandro Botto Schumacher, la chelista Cecilia Barrantes y el violinista Freddy Varela, los mismos que hace una semana obtuvieron su primera victoria judicial.

Muchos derechos y pocos deberes

Pese a lo que indican las declaraciones de su directora en medios locales, la Orquesta Sinfónica de Concepción está en crisis. Fundada en 1952 bajo el nombre el Conjunto de Música de Cámara seis años después pasó a depender de la Universidad de Concepción en la rectoría de David Stichkin.

La década del ‘60 no fue sólo de efervescencia política en la ciudad penquista, cuna de buena parte del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. El Teatro Universitario y la bohemia fueron bruscamente calladas en 1973. En 1989, en tanto, la Orquesta Sinfónica pasó a depender de una corporación, cuya responsable en los hechos es la Universidad de Concepción.

Desde 2005 la gerente de la Corporación Cultural de la Udec es Lilian Quezada. Lleva en ese cargo dos periodos, el primero hasta 2009 y luego desde 2011 a la actualidad. Bajo su mandato han pasado los directores de orquesta Luis Gorelik, Javier Logioia, Julián Kuerti y Mika Eichenholz. Todos se han retirado acusando profundas diferencias artísticas y problemas de trato con ella.

“Soy súper buena pa’ reírme, bromeo mucho con la gente. También creo que enseño bastante. Trato de ir guiándolos en cómo deben hacer su trabajo. Lo otro que tengo que me lo dicen siempre es que soy como oaaah”, dice Quezada en una entrevista de la TV universitaria de Concepción mientras gesticula como enojada, “y a los cinco segundos se me pasó y se me olvidó. No me quedo con sensación de enojo o rencor ahí metido. Eso no lo hago”, agrega.

“Creo que la cultura actual es muy personalista e irrespetuosa. Tiene muchos derechos y muy pocos deberes” cierra en la entrevista. Nacida en Concepción, Lilian Quezada abandonó la carrera de Geología en segundo año para estudiar Licenciatura en educación con mención en música en la Universidad de Concepción. Paralelamente trabajó como pianista del coro universitario por doce años. Luego, ya como funcionaria universitaria, sacó las carreras de auditoría e ingeniería comercial.

En 2009 obtuvo un permiso para ir a trabajar al recientemente creado Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) en Santiago, del que despedida a fines del 2010 por reestructuraciones en el equipo de la institución. Volvió a la Corporación Cultural de la Udec en marzo de 2011. Según el sindicato de la orquesta, algo cambió.

“Por alguna razón su carácter y temperamento eran muy distintos a la existente antes de su viaje a Santiago. Comenzó a menoscabar y directamente maltratar a sus colaboradores, tanto músicos como personal administrativo”, explican.

Lo artístico por asalto

Mika Eicheinholz dirigiendo en octubre 2016. Foto: Corcudec

Mika Eicheinholz dirigiendo en octubre 2016. Foto: Corcudec

De los malos tratos había antecedentes. El argentino Javier Logioia decidió renunciar a pocos meses de su cargo de Director Titular de la orquesta en el año 2008 por “irreconciliables conflictos” con Lilian Quezada, acusando un desprecio por el oficio de músico e intromisión en los aspectos artísticos, siendo su cargo uno administrativo. Hoy dirige en Buenos Aires Lírica.

Para el 50º aniversario de la orquesta el canadiense Julian Kuerti fue nombrado Director Principal de esta el año 2013. Ejerció hasta el 2015. Según relatan los músicos, el final de su período estuvo enmarcado en “grandes discusiones con Lilian Quezada, quien insistía en manejar todos los hilos de la orquesta interfiriendo en lo artístico una vez más y boicoteando toda iniciativa”.

El poco respeto al oficio musical que alegan los trabajadores de la orquesta quedó de manifiesto cuando, en el quinto concierto sinfónico del 2015, se le impidió a Kuerti volver al escenario para recibir los aplausos del público. La mala relación llegó al límite cuando no se pudo llevar a cabo una grabación profesional con el destacado productor Carl Talbot.  

Se alcanzó tal nivel de enfrentamiento que las quejas de la orquesta llegaron a oídos del rector de la Universidad de Concepción, Sergio Lavanchy. Antes de irse de la orquesta, Kuerti dejó instalada la necesidad de un director titular a largo plazo.

A fines de 2015 una comisión técnico artística votó, a partir de una terna, por el maestro sueco Mika Eichenholz. Una larga negociación llevó al director nórdico, con más de 20 discos grabados para firmas como EMI y las especializadas Marco Polo y Naxos, a aceptar el cargo de director titular desde el 2017 al 2020. La primera irregularidad se dio cuando no recibió la copia de su propio contrato de parte del director de elencos estables, Alberto Larraín, el funcionario más cercano a la gerente Lilian Quezada.

Pese a no tener el contrato en sus manos, Mika Eichenholz empezó a ser promocionado como el nuevo director de la Orquesta Sinfónica de Concepción en los medios locales y nacionales. Según declaró Eichenholz a El Desconcierto, Lilian Quezada y Alberto Larraín muestran un “conocimiento del funcionamiento de una orquesta que es sorprendentemente bajo”.

La relación entre el maestro sueco, de extensa trayectoria en Europa, Latinoamérica y Oceanía, y el director de elencos estables se volvió cada vez peor. Los intercambios de correos electrónicos fueron subiendo de tono hasta que Alberto Larraín le prohibió mantener contacto con los músicos o el sindicato de la orquesta. ”Con este mail en Suecia iría directo a la policía para denunciar a mi empleador por acoso y amenaza”, señaló Eichenholz. “La atmósfera es muy mala. Es muy difícil hacer un buen trabajo artístico cuando no se cuenta con respeto y estás bajo constante amenaza de perder el trabajo”, critica.

De todas formas viajó a Chile en octubre de 2016 para dirigir el Concierto Sinfónico 8 de la temporada 2016, en el que se estrenó mundialmente la composición “Aurora de Chile” de Gabriel Brncic.

En una reunión realizada el día del primer ensayo el maestro sueco y el funcionario chileno subieron de tono, cerrando la discusión Larraín al señalarle que “podía fácilmente cancelar su contrato”. El sábado 15 de octubre Eichenholz recibió el pago por el trabajo administrativo y de programación hecho anteriormente. Ese mismo día fue el concierto, que contó con los destacados flautistas argentinos Karina Fischer y Guillermo Lavado. El concierto terminó con una ovación del público en el Teatro de la Universidad de Concepción.

Pese a los intentos de Mika Eichenholz de reunirse con el rector Sergio Lavanchy eso fue imposible. La última semana de octubre se informó a la orquesta no sólo que el proceso de búsqueda de director se declaraba desierto, sino que se despediría a dos personas por una reducción del conjunto de cuerdas: Leandro Botto, violinista y ex presidente del sindicato de la orquesta, y Cecilia Barrantes, chelista.

A ellos se sumó en noviembre Freddy Varela, concertino de la orquesta y destacado violinista, quien también es parte de la planta del Teatro Colón de Buenos Aires y la consagrada Camerata Bariloche. “Debieron haber consultado al concertino si era necesaria una reestructuración. También le envié una carta al rector preguntándole esto. A los cuatro días recibí la carta de despido”, declaró Varela.

“Obviamente están más preocupadas del poder que de la calidad artística o de un mínimo democrático en la orquesta. Además, no hay posibilidad de tener una dirección artística con personas que no escucharán su opinión. Larraín y Quezada siempre dijeron que Freddy Varela y yo debíamos tener la dirección artística y ahora estamos los dos despedidos”, señala Mika Eicheinholz.

Fue en ese momento que el sindicato inició una ofensiva judicial pero también pública intentando visibilizar el conflicto que, en su mirada, puede terminar con la orquesta.

El declive de la orquesta

Foto: Facebook Coro Udec Informa

Foto: Facebook Coro Udec Informa

Los problemas para relacionarse de Quezada no se limitaron al interior de la Corporación Cultural de la Udec. Pese a que con la dirección de Julian Kuerti obtuvieron el Premio de la Academia Chilena de Bellas Artes, el continuo cambio de directores, el mal manejo administrativo y de programación ha impedido que ese trabajo se proyectara.

A excepción de una presentación en Corpartes en marzo del 2015, la orquesta no toca desde 2012 en otras instituciones y teatros del país. La gerenta se enemistó con las direcciones de importantes escenarios, como el Teatro del Lago de Frutillar. “No nos llamaron más de ninguno”, señala Javier Bustos desde los músicos. ”Se aisló a la orquesta impidiendo ir a esos lugares, y deteniendo su crecimiento y prestigio”.

El despido de tres cuerdas, además, preocupa en tanto las orquestas nunca reducen su tamaño a partir de estas y que, normalmente, la Sinfónica de Concepción debía incluso contratar músicos aparte para poder cumplir con el número adecuado para su programación.

Desde la renuncia del sueco Mika Eichenholz la orquesta no tiene un director ni se sabe de gestiones para traer a uno estable. Hace unos días, en medio de las vacaciones, llegó hasta los músicos el programa para la temporada 2017. “No hay una mano o dirección artística. Estamos a la deriva”, critican desde el sindicato.  

“Que haya tocado el piano no quiere decir que tenga los conocimientos para dirigir una orquesta. Sus conocimientos profesionales son de gestión y administración. Un hospital tiene un gerente general, pero también un jefe médico. Y si tú sacas al jefe médico el gerente no puede tomar las decisiones médicas”, explica Bustos.

En tanto, las acusaciones de maltrato, problemas administrativos y acoso laboral han sido respaldadas por distintas entidades y personas que también dependen de la Coorporación Cultural de la Udec. El coro universitario se manifestó en tribunales el día en que la justicia falló a favor de los músicos, mientras que la ex coordinadora del teatro de la misma universidad acusó que también fue perseguida, en 2009.

Leandro Botto, ahora director de la orquesta de cámara de la Municipalidad de Concepción, ha sido más pesimista públicamente. “Mientras estén estas personas a cargo de la orquesta el futuro se ve negro. Son gente ignorante, musicalmente muy mediocres y no saben más que perseguir a los músicos. Al rector, ojalá despertar y salvarla, porque van a destruir la orquesta”, declaró en Bio Bio. Entre los músicos corre el mismo temor.