El partido Podemos de España celebrará este fin de semana su segundo congreso nacional al borde de una ruptura, producto de diferencias estratégicas sobre sus alianzas y prioridades, entre sus principales líderes, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón.

“Cuando Íñigo plantea que el problema es mi entorno, yo le digo que si tú y yo tenemos ideas distintas y documentos políticos diferentes, no busquemos caminos curvos para llegar al mismo sitio, vamos a discutirlos abiertamente, no busquemos fantasmas”, dijo Iglesias este viernes a la cadena SER, reflejando las marcadas distancias con su antiguo aliado.

Podemos, que trepó al tercer lugar de las preferencias en las elecciones de 2016, llega al congreso Vistalegre 2 dividido por el desgaste que supusieron los sucesivos comicios parlamentarios de diciembre y junio, en los que la agrupación perdió un millón de votos y con un 21% no llegó a los 25 puntos que le daban las encuestas y que le hubieron permitido situarse como segunda fuerza, superando a los socialdemócratas del PSOE.

Las discrepancias sobre la fórmula para reflotar el partido son otro punto de choque entre los líderes morados: “Lo que tenemos que hacer es afirmar un Podemos con voluntad de mayorías, que tenga la capacidad de llegar a acuerdos con otras fuerzas”, afirmó Errejón a TVE.

Tres liderazgos

Son tres los principales bloques hoy quieren liderar el diseño estructural de la formación lila. Están los pablistas, partidarios del actual secretario general del partido, Pablo Iglesias; los errejonistas, a favor del número dos, Íñigo Errejon; y finalmente los Anticapitalistas, liderados por el eurodiputado Miguel Urbán y la líder andaluza Teresa Rodríguez.

El discurso de los pablistas se sitúa a la izquierda del errejonismo. Es el estilo original de Podemos, menos moderado y con un programa más ambicioso y rupturista. Creen que hay que recuperar a las bases, desencantadas por su nula influencia en las decisiones de la colectividad.

Los errejonistas tienen una visión estratégica y política más moderada, tanto en los contenidos de los discursos como en las formas. Esto les ha llevado a ser acusados por los partidarios de Iglesias de “querer ser el nuevo PSOE”, la sigla de los socialistas socialdemócratas españoles.

Este sector cree en un partido más organizado desde la cúpula y apuesta por reforzar la comunicación política y la interacción con la gente sin que ésta necesariamente esté tan organizada. Errejón apuesta por recuperar la “iniciativa parlamentaria” y llegar a acuerdos con otras fuerzas. Es decir, lo que no ocurrió en las elecciones parlamentarias

Finalmente, los Anticapitalistas conforman el ala más a la izquierda de la formación y son el sector más crítico con la moderación ocurrida el último año. Apuestan por un cambio radical en el modelo organizativo y reclaman unas bases fuertes, influyentes y organizadas.

Reproches hasta el último momento

Estas diferencias se han hecho sentir especialmente desde marzo, cuando se abrió públicamente la crisis. Este viernes, horas antes de dar comienzo a la reunión nacional, ambos líderes se lanzaron los últimos dardos.

En una entrevista a la Cadena Ser, el secretario general defendió que el Podemos que resulte del encuentro de este fin de semana tiene que ser un partido “que diga la verdad aunque sea incómoda” y no uno “que no se atreva a decir determinadas cosas”. “Una de las claves [de la pérdida de apoyos] es que dejamos de hablar tan claro como antes” y agregó que quizás la “inexperiencia” moderó el discurso del partido. “Creo que en política es fundamental ser valiente y no señalar a compañeros”.

Junto con eso, le pidió a Errejón que fuera “más humilde”, después de que éste plantease estos días que su lista representa el “Podemos original” y que sus ideas son las mejores para ganar al conservadurismo del Partido Popular. “El planteamiento de ‘o estoy yo o Podemos no va a ganar’ no es respetuoso”, aseguró Iglesias.

Minutos más tarde apreció Errejón hablando a TVE.  El dirigente aseguró que nada beneficiaría más al PSOE que un Podemos atrapado “en un rincón del tablero”, como una formación exclusivamente “de protesta y de resistencia para los ya convencidos”. Asimismo, acusó al secretario general de tratar aplicar una “lógica del todo o nada” que “no es buena para resolver los conflictos”.

¿Qué hay en juego?

Las 456.725 personas convocadas a la votación de este fin de semana decidirán varios aspectos claves para Podemos: el nuevo secretario general, los 62 miembros de la nueva dirección (Consejo Ciudadano), el rumbo político y el modelo organizativo del partido. Las bases participan en seis votaciones simultáneas online.

Hay cinco candidaturas que plantean los lineamientos orgánicos para definir lo anterior: Podemos para todas, la candidatura de Pablo Iglesias; Recuperar la ilusión, la de Íñigo Errejón; Podemos en movimiento, de Miguel Urbán; Lista blanca y Podemos en equipo. Estas últimas, menos relevantes.

Las listas son abiertas, es decir, se podrá votar a candidatos de más de una lista. Sin embargo, sólo un candidato compite con Iglesias por la secretaría general: el diputado andaluz de Podemos Juan Ignacio Moreno Yagüe, con quien no ha querido debatir.

Hay otra decisión clave que se derivará de la consulta a las bases: el futuro político de Iglesias y Errejón. El secretario general se comprometió a renunciar si obtiene un sólo consejero menos que la lista de su número dos, algo que él supone que no va a pasar.

También dijo que dimitiría si bajara del 50 por ciento de los votos o si sus documentos políticos y organizativos no son refrendados. Errejón pide el voto para Iglesias como secretario general y aclaró que no asumirá el liderazgo del partido, sino que él también pondrá su cargo a disposición de la dirección.

En ese contexto, el partido agudizaría su crisis ya que los estatutos de Podemos no aclaran cómo proceder en caso de dimisión del líder. Según los análisis de la prensa española, la opción pasaría por poner en marcha una nueva consulta a las bases.

Del desenlace de Vistalegre 2 depende la recomposición de la formación morada, que hoy queda lejos de ser aquel partido fuerte, nuevo y distinto que tenía todas las herramientas para disputarle el poder al bipartidismo español.