– Quítatelos.
– ¿Aquí?
– Aquí.

Ella se gira para mirar a su alrededor, y segura de que nadie está pendiente del clímax que se respira en la mesa del restaurant, desliza sus calzones por sus piernas. En ese minuto, él pide la cuenta y ambos se levantan y se dirigen hacia el ascensor, donde entran junto a cuatro personas más. De repente, él se agacha para abrocharse los zapatos. Al subir, resigue las piernas de ella hasta que sus manos desaparecen debajo de su vestido. La escena acaba con la expresión de placer contenido en el rostro de ella y las manos apretando el bolso que sujeta.

Es una de las secuencias de “Cincuenta sombras más oscuras”. La nueva trama sobre Anastasia Steele y Christian Grey (Dakota Johnson y Jamie Dornan) en la que ella, algo más empoderada que en la entrega anterior, se enfrenta a los fantasmas del pasado del exitoso empresario.

Esta segunda parte, estrenada el 9 de febrero en los cines del país aprovechando el oportunismo marketiniano de las fechas alrededor de San Valentín, reabre el debate sobre los roles en la sexualidad, las relaciones y el juego de poder, y la falta de productos erotizantes para el público femenino. Todas ellas polémicas en las que el movimiento feminista no tiene una posición unánime.

¿Es contradictorio que una historia protagonizada por una mujer sometida a las órdenes y deseos de un hombre multimillonario que le entrega todo tipo de comodidades y lujos sea tan masivamente aclamada por el público femenino? ¿Permite ampliar el imaginario sexual de muchas y abrir nuevas puertas al goce? ¿Cuáles son las voces de las mujeres que han emitido un juicio al respecto de los efectos de esta historia?

50 sombras más oscuras

Sumisa “por amor”

Una de las críticas más reiteradas de la saga es que el rol de dominador del protagonista no finaliza tras la relación sexual. En el BDSM (bondage, dominación y sadomasoquismo) todas las relaciones entre el amo o ama y el sumiso o la sumisa se dan en un profundo contexto de respeto y confianza previos. Ambos juegan con sus identidades, fantasean con la dominación y el control, explorando en conjunto sus límites.

Sin embargo, especialmente en la primera parte, Christian Grey traslada a la realidad la dominación en una dinámica de roles que debería de permanecer dentro de la relación íntima. Rastrea el celular de Ana, aparece inesperadamente dónde ella está, le prohíbe y le autoriza determinadas cosas, entre otras prácticas.

En la película no son prácticas sexuales acordadas lo que hay, sino tipos de relaciones de poder que incluso llegan a las prácticas sexuales. No es una pareja que acuerda algo. Él es un tipo poderoso, el típico macho, blanco, exitoso, adinerado; ella es la sumisa, la torpe que necesita alguien que la proteja y la cuide. Eso tiene que ver con como se pone el estereotipo de lo que significa ser hombre y ser mujer”, explica la vocera de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, Lorena Astudillo, a El Desconcierto.

Un sometimiento que la protagonista hace “por amor”, así lo expresa ella misma al final de la primera entrega. “No es nada más que otro producto disfrazado para confundir y dar a entender a las mujeres que tienen que someterse y que eso son las relaciones románticas o de amor”, dice Astudillo. Y agrega: “Este tipo de películas emulan a las de Walt Disney pero para adultas, muy al estilo de La Bella y la Bestia: te quiero pero te maltrato”.

Menos taxativa se muestra la periodista feminista Alejandra Valle, autora de la columna de opinión “Por qué soy feminista y fan de las 50 Sombras: porque me gusta el sexo, y qué” publicada en El Mostrador. Para ella, que vio la primera parte pero “no le gustó”, “en el segundo episodio la protagonista no es tan sumisa porque es ella quien toma las riendas y él se somete a sus reglas. Ella logra darle la vuelta”, señala.

protestas sombras grey

/ elzorrocongafas.blogspot.cl / Protestas del colectivo “50 Shades is Domestic Abuse”, en contra de la película en Gran Bretaña.

Tomar la iniciativa

En la historia de vida de Grey ocurren dos eventos que determinarán su forma de relacionarse con las mujeres en la intimidad. Y –casualidad o no- ambas con un componente negativo y protagonizadas por mujeres: el abandono de la madre adicta al crack y la iniciación a sus quince años a las prácticas BDSM con una amiga de su madre.

“Se presenta este lado de él como oscuro como si tener estos gustos fuera una cosa mala. Él tiene un problema y ella llega para ser su solución”, critica la propietaria del sexshop Japi Jane de Providencia, Jane Morgan.

Morgan asegura que “los que trabajamos en sexualidad sabemos que cualquier fetiche es sano si los dos están de acuerdo y lo pasan bien entre adultos. En la saga se victimiza al hombre y se pone al fetiche como negativo en los gustos sexuales, como si lo practicara porque tiene el alma rota y no porque le gusta no más”.

Desear ser sometida en un fantaseo –cumplido o no– no tiene por qué tener una connotación política determinada. Puede servir para encender la mecha del deseo, sin tener necesariamente su correspondencia social o política con la realidad. Pero en esta discusión también cabe preguntarse si la realidad –y sus códigos y patrones dominantes– crean y moldean nuestro imaginario sexual o el proceso es al revés.

Plantear esta cuestión es relevante porque no es común que, en el juego de poderes de la sexualidad, sea la mujer la que toma las riendas. Jane Morgan lo precisa: “Hay miedo de que la mujer sea muy agresiva, o que tome mucho la iniciativa”. La dueña de la tienda comenta que algunas de sus clientas han comprado artículos “para probar” pero que cuando llegan a la casa, las parejas “no las pescan” porque no quieren innovar en la cama.

En su opinión, esto se debe a que “ha habido muchos cambios en poco tiempo. ‘Cincuenta Sombras’ no instaló nada nuevo, pero reforzó algo que ya estaba pasando: que las mujeres están tomando la iniciativa de probar cosas nuevas, mientras los hombres todavía están adaptándose en ese nuevo balance de poder en la cama”. Y añade: “Hace una generación nadie hablaba del orgasmo femenino y ahora las mujeres experimentan y compran juguetes”.

Más allá de “calentarse”

Hablar abiertamente de sexualidad y que las mujeres logren sacarse de encima la culpa que ha marcado durante siglos su intimidad, alejándolas del sentir, el goce y el placer. Eso es lo que las tres expertas rescatan del fenómeno de masas de “Cincuenta sombras de Grey”.

La propietaria de Japi Jane recuerda el efecto que el libro tuvo entre el público chileno. “Mostró que son posibles estas otras prácticas y empezaron a acercarse al mundo más bondage; la obra se tomó como material excitante que sirve de inspiración para probar cosas nuevas y pasarlo mejor”, dice.

Jane Morgan recuerda que el verano de 2012 subieron las ventas de esposas, látigos, palmetas, antifaces, etc. en un 40 por ciento.

“La gente iba a la tienda y me decía ‘leí el libro y me tinca probar esas cosas’. Si deciden adoptarlas como prácticas más pasajera o instalarla entre sus rutinas de cama, eso da igual. Lo importante es que se dio la oportunidad de experimentar”, sostiene.

Alejandra Valle cree que “no hay que buscarle las cinco patas al gato al intentar intelectualizar algo completamente banal”. Y se explica: “La película, sin intención de transmitir un mensaje profundo, busca calentar a las mujeres: hace tiempo que no veía una película con tanto calzón abajo y tanto sexo oral, está muy pensada para ellas. ¿Por qué lo que a nosotras nos calienta tiene que ser visto como algo malo? Eso es muy poco feminista”, espeta.

Morgan comparte esta idea de no “sobreanalizar” un film que considera que “sirve para llenar el imaginario erótico de las mujeres con material novedoso y diferente” porque, a pesar de que hay algunas experiencias pensadas desde otras lógicas, la pornografía y los referentes estimulantes “están casi todos hechos y pensados por y para los hombres”.

Lorena Astudillo le da respuesta a esta realidad: “Cuando las mujeres sean conscientes de que el placer no es malo y aprendan a sentirlo sin culpa, se van a generar los cambios en las industrias culturales. Tiene que ver con cómo nos vamos descubriendo a nosotras mismas”, cierra.

La polémica no termina. El estreno de la tercera parte de la historia, ‘Cincuenta sombras liberadas’, se espera para el 2018.