Miembros de distintas comunidades científicas chilenas, plantearon la necesidad de reducir la burocracia en la operación del nuevo Ministerio de Ciencia y Tecnología, para favorecer un aumento de la inversión efectiva en el sector que se acerque a los niveles de los países desarrollados, reunidos en la OCDE.

“Me gustaría que el nuevo ministerio tuviera muy poca burocracia, tratemos de innovar aquí desde el comienzo, que sea con menos capas burocráticas, eficiente, que podamos tener personas muy bien calificadas para gestionar todo”, explicó la astrónoma y Premio Nacional de Ciencias Exactas, María Teresa Ruiz.

La discusión surgió luego de que el 16 de enero, la presidenta Michelle Bachelet firmó el proyecto de ley que creará el Ministerio de Ciencia y Tecnología, el cual se “encargará de poner el conocimiento, la innovación, las múltiples ciencias y humanidades en Chile en el centro del modelo de desarrollo”.

Una de las novedades que posee la iniciativa, es la creación de un comité interministerial como mecanismo de coordinación en que participarían los ministerios de Hacienda, Economía, Educación y el propio Ministerio de Ciencia y Tecnología.

El evento marcó un precedente nunca antes visto: Chile nunca ha tenido una institucionalidad que resguarde la creación de la ciencia y tecnología, más allá de una política de fondos concursables. Actualmente, en el país se invierte tan sólo un 0,4% del PIB en ciencia, lo que nos pone en límites bajos, comparados a los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que destinan un 2% en promedio.

No obstante, la amenaza mayor del nuevo proyecto, es la presencia de burocracia, que mermaría la eficiencia que piden con urgencia los científicos. Además de que la innovación quedó fuera del futuro ministerio y hay quienes aseguran de que esta área clave, seguirá en el Ministerio de Economía.

Diagnóstico de la Ciencia

El titánico camino que ha tenido la ciencia en Chile, ha estado marcado por diversos mecanismos que buscaban realzar su perfeccionamiento. En el año 1966 nació la Comisión Nacional Científica y Tecnológica (Conicyt) de la mano del ex presidente Eduardo Frei Montalva, quién dictó un decreto supremo para desarrollar una política integral para fomentar “la investigación en las ciencias puras y aplicadas”. Esto, porque el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas tenía esas atribuciones.

Dos años más tarde, la corporación obtuvo autonomía y personalidad jurídica, la cual se relacionaría con el gobierno a través del Ministro de Educación y el Ministerio de Desarrollo Social. La llegada de Conicyt de algún u otro modo inauguró la era de “fondos concursables” y luego de este, emergieron 13 fondos y programas.

Actualmente Conicyt, como modelo que financia a investigadores o instituciones que realizan investigación científica, no da a basto con las necesidades de los nuevos científicos chilenos. Las recientes generaciones cuestionan su funcionamiento y acusan una excesiva burocracia, fundado en lógicas de mercado que en algunos casos, agrava la situación de varios becarios, como el cobro de los fondos por ejemplo.

Durante el año 2010, un grupo de jóvenes investigadores se manifestaron en las calles exigiendo mejores condiciones de la ciencia en el país. Fruto de ese movimiento ciudadano, nació la fundación “Más Ciencia para Chile” con el objetivo de abrir el debate de que el territorio nacional “tenga más y mejor ciencia y tecnología”, según su página oficial.

Para el fundador de dicho movimiento, Pablo Astudillo, el país ha vivido medio siglo con la figura tipo “Consejo”, que más bien equivale a una agencia ejecutora sin capacidades para formular políticas, con escasa relevancia.”Es evidente que enfrentamos una crisis en materia de inversión, falta de oportunidades para investigadores jóvenes, problemas de género, precariedad laboral, y una persistente falta de políticas de desarrollo científico”, expresó el biotecnólogo.

Fotografía de Más Ciencia para Chile.

Son alrededor de cinco mil setecientos los adherentes al movimiento que busca crear conciencia a la población de que la ciencia es una disciplina fundamental para lograr el desarrollo. Por otra parte, María Teresa, señala que los científicos chilenos “son eficientes en su productividad”, pero su cantidad es menor y por supuesto que no logra compensar el déficit.

“La institucionalidad científica que tenemos es precaria y la ciencia no es parte del proyecto país que se construye. Tenemos Conicyt, que es una organización que estuvo hecha para repartir fondos, tener concursos, pero no para pensar qué ciencia hay que hacer o qué estrategias son las mejores para poder desarrollarla”, explicó la también presidenta de la Academia Chilena de Ciencias.

En esa misma línea, Nelson Sepúlveda, Doctor en Ciencias y académico de la Universidad Central señala que “en Chile se está desarrollando ciencia básica de alto nivel, aquello se puede medir en cantidad y calidad de publicaciones, y temas de las investigaciones, pero sin lugar a duda los recursos son cruciales y actualmente hay varios estudiantes de doctorado aquí y en el exterior, pero no parece haber tanta incorporación de ellos”, dijo.

¿Es la institucionalidad la solución al déficit?

Los ministerios tienen la función de elaborar políticas sectoriales. En la práctica, son los organismos que ordenan y coordinan las políticas, agencias e instrumentos. Astudillo recomienda “elevar el nivel político de la institucionalidad para la ciencia” y que no sea “solo un cambio burocrático”, sino que una transformación política que “busque poner a la ciencia, la tecnología y la innovación en una posición de mayor relevancia”.

El ministerio no puede ser simplemente Conicyt con otro nombre. Conicyt o la agencia anunciada por Bachelet debe ser solo una parte del futuro ministerio“, indicó. El venidero proyecto podría ser la posibilidad de dar a conocer las prioridades a un nivel en el cual, se discuten los demás temas en el país.

“Yo estoy contenta, hay unos que reclaman porque no es exactamente el proyecto que hubieran querido y bueno, estoy más dada a pensar que es un tremendo paso adelante, es necesario que tratemos de hacer las cosas lo mejor posible”, expresó Ruiz.

Nelson considera que si bien el ministerio es la máxima figura, debe ser “el eje conductor” hacia donde queremos avanzar como país: “es posible que no solo la ciencia baste sino que también y de manera fundamental, la voluntad política”, recalcó.

Fuera burocracia y lógica neoliberal dictatorial

El financiamiento de la ciencia se basa en paradigmas competitivos, centrados en la individualización de cada proyecto, segmentado en grupos. Es de interés privado, por lo que estrechar su lazo con lo público es un desafío que se debe adoptar para insertar en la sociedad la necesidad de su desarrollo.

Muchas veces en Chile, la gente se vanagloria porque gastan muy poco de un fondo para administrarlo y eso es lo peor que puede pasar, realmente a veces vale la pena gastar 1 o 2% más. Acá se va por lo más barato con menos gente, los pobres abrumados por cosas que simplemente no pueden hacer porque es demasiada la carga de trabajo, así se cometen errores de todo tipo“, explicó la Premio Nacional de Ciencias Exactas.

A su vez, el biotecnólogo explica que es imprescindible que se escuche a los actores relevantes para que se aborden los problemas administrativos que enfrentan investigadores e investigadoras. “La investigación científica tiene requerimientos particulares, en especial en términos de sus instrumentos y el horizonte temporal. El futuro ministerio tiene que balancear la necesidad de ser ágil y evitar que sea un ente burocrático”, apuntó.